La IED, más cerca del M&A que de los nuevos proyectos

La inversión se centrará en las fusiones.

11-05-2016
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El Gobierno quiere que aumenta la Inversión Extranjera Directa (IED), que ha inundado la región en los últimos años pero ha eludido a estas pampas. “Parece apropiado recuperar terreno en ese ámbito: la IED en Argentina no supera 2% del PIB (según estimaciones preliminares habría rondado los US$ 10.000 millones en 2015) cuando en el mundo (según la UNCTAD) casi el 30% de la inversión es de origen extranjero (en América Latina y el Caribe, 27% y en las economías emergentes, 30%). Argentina recibió en el último lustro menos de la mitad que Chile y menos del 20% que Brasil”, contextualiza Marcelo Elizondo.

Será una herramienta clave para aumentar la alicaída tasa de inversión privada y dinamizar un nivel de actividad que coquetea con el estancamiento desde 2011. “En Argentina, la tasa de Inversión Interna Bruta Fija (IIBF) es muy inferior que en la región: apenas supera 17% del PIB, del cual poco más de un tercio es equipo durable de producción ?el resto, construcción?, mientras en América Latina y el Caribe la IIBF orilla el 22%”, añade Elizondo. “Argentina es uno de los dos países de menor tasa de IIBF en Sudamérica”, complementa.

¿Cuándo llegan?

Parece estar generándose cierta ansiedad en relación al tiempo de llegada de las inversiones. “Quizá no sea pertinente perder de vista que todo requiere un ciclo”, dice Elizondo.

¿Qué es necesario para que empiecen a llegar? “Diversos estudios han analizado las condiciones que los flujos de IED requieren para llegar a un país”, dice Elizondo. ¿Cuáles son? “Las nueve principales son tamaño de mercado (población o PIB), riesgo (respeto de los derechos subjetivos), apertura comercial (importaciones, exportaciones y marco de relacionamiento con otros mercados), costos laborales (salariales y no salariales), estabilidad macroeconómica (tasa de inflación, presión tributaria y política cambiaria), políticas comerciales (reglas de referencia para el desarrollo de la actividad), intensidad y disponibilidad de factores (recursos humanos, insumos, recursos naturales y servicios) y ventajas competitivas generales”, enumera. En Argentina, analiza Elizondo, “algunos de estos factores están en transición hacia mejoras, otros padecen rigideces difíciles de corregir y otros ofrecen ventajas reconocidas”.

M&A vs. greenfield

“Como conclusión preliminar puede anticiparse que los cambios macroeconómicos impulsados por el nuevo Gobierno deberían seducir inversiones”, aventura. “El Gobierno, a diferencia de lo que ocurría hasta el año pasado, ha decidido favorecer la llegada de inversiones”, agrega y estima que, las que lleguen, irán más por el lado de las fusiones y adquisiciones (M&A, en inglés) que por el lado de los nuevos proyectos (greenfield, en inglés). “Si se repite aquí lo que ocurre en el mundo, lo más probable es que Argentina pueda esperar inversiones en proyectos ya existentes (que se refuercen por reinversión de utilidades o por inyecciones de capital de sus accionistas) y no sea tan generosa la llegada de inversiones sobre proyectos nuevos”, advierte Elizondo.

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