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La economía de Cambiemos, el preocupante AFIP-gate y la misma Cristina de siempre

El Gobierno comenzó definitivamente a mostrar los números de la economía que, a diferencia de hace unos meses, son un canto de buenas noticias

01-09-2017
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Por Leandro Gabin

El Gobierno comenzó definitivamente a mostrar los números de la economía que, a diferencia de hace unos meses, son un canto de buenas noticias. El elegido para oficializarlo fue el jefe de Gabinete, Marcos Peña, que derramó ante los diputados una batería de indicadores. Lo que se dijo y cómo se dijo fue largamente trabajado (y discutido) no sólo por el mismo Peña sino por Mario Quintana, Gustavo Lopetegui, Vladimir Werning (el asesor de la Jefatura de Gabinete) y Hernán Iglesias Illa (Comunicación Estratégica de esa área). Allí se decidió que la persona de mayor confianza de Mauricio Macri despliegue todo el caudal informativo para que quede en claro que la economía está decididamente en fase expansiva (y en forma irreversible). “Las buenas noticias se empiezan a ver en todos los sectores de la economía”, lanzó Peña.

Y destacó cinco ejes.

La economía está creciendo por encima del 4% anual. Y está cruzando el pico de actividad económica anterior: el de junio de 2015.

La inversión, un motor del crecimiento, sube a un ritmo de dos dígitos.

El salario real viene mejorando todos los meses desde enero y el empleo mantiene su tendencia positiva.

El consumo tardó en arrancar, pero ya mejora a un buen ritmo.

La inflación mantiene su tendencia a la baja.

Precios y tasas

Lo que viene es también importante para las aspiraciones de Cambiemos hacia adelante (con una elección) en octubre. En agosto, por ejemplo, se estima que la inflación anduvo en torno a 1,5%. Será otro menor aumento de precios (julio había dado 1,7%) y deja un bajo arrastre estadístico para septiembre. Claro que después de las elecciones vuelven las presiones: aumentos de naftas, transporte, gas y electricidad. A partir de octubre o noviembre será otra la historia y amenaza a ser un tercer trimestre caliente en términos de precios.

“Las buenas noticias se empiezan a ver en todos los sectores de la economía”, lanzó Peña

Por eso el BCRA no afloja y mantiene las tasas de interés por las nubes: en el mercado secundario de Lebac, por ejemplo, la tasa de las letras más largas llegan al 27,30%. No es novedad porque el mismo Federico Sturzenegger avisó en una conferencia de AEA ante empresarios que harán lo que sea que haya que hacer para que los precios se acomoden al 10% el año que viene. Para lograrlo, por el rezago de los efectos de las política monetaria, es que el BCRA endurece su política. No quiere sobresaltos. Menos aún sabiendo que la meta de este año es ya inalcanzable (inflación ya es casi 14% con cuatro meses aún por jugarse, dejando tres punto de ahora a diciembre).

Empleo, también

El tema del empleo, que sigue siendo uno de los más utilizados para “pegarle” al Gobierno, también tiene datos positivos para mostrar. En junio se crearon casi 16 mil puestos registrados que se suman a las 32,4 mil incorporaciones de mayo. El dato es más positivo aún, dice LCG (la consultora fundada por Martín Lousteau) si se tiene en cuenta que los asalariados privados sumaron 10,1 mil puestos. Otros 10 mil ingresaron como monotributistas, asalariados públicos (-3,6 mil) en baja y asalariados de casas particulares (ACP) se mantuvo estable.

El tema del empleo, que sigue siendo uno de los más utilizados para “pegarle” al Gobierno, también tiene datos positivos para mostrar

En el primer semestre, ejemplifica LCG, se crearon 107.000 puestos de trabajo formales. Pero casi un cuarto del empleo lo explica el sector público (sumó 26.000 asalariados), otro 23% pertenecen al sector construcción (cuyo principal motor es la obra pública). “Si bien la foto todavía muestra saldos pendientes, la dinámica de los últimos meses es más auspiciosa. Esperamos que se sostenga en los próximos meses, aunque la suba seguirá siendo heterogénea: el mayor impulso estará asociado a la construcción, los no transables (servicios) y la recuperación del agro. En línea con reactivación de la actividad en el sector observada en los últimos meses, el empleo en la industria podría mostrar cierta mejora”, vaticina la consultora.

Un papelón

Lo que es un verdadero papelón (con una gravedad inusitada para los hombres de negocios) fue la filtración de datos del blanqueo de personas allegadas al Gobierno. El escándalo le explotó en la cara a Alberto Abad que hizo renunciar a un hombre de su confianza, el subdirector general de Sistemas y Telecomunicaciones: Jorge Linskens. Los voceros y funcionarios de segundas líneas estuvieron llamando hasta pasada la medianoche de ayer a varios periodistas para llevar tranquilidad sobre las filtraciones. El organismo, que en las últimas horas era un hervidero, quedó en el ojo de la tormenta y en el mundo empresario (donde hubo mucho “blanqueador”) crece la preocupación.

Después de las elecciones vuelven las presiones: aumentos de naftas, transporte, gas y electricidad. A partir de octubre o noviembre será otra la historia y amenaza a ser un tercer trimestre caliente en términos de precios

“El que filtró la info tiene más de cualquier otra personalidad. Esto bien podría ser sólo un primer paso. Podrían aparecer más nombre hasta incluso una lista de personalidades”, decía un gerente de una multinacional, que no tuvo la necesidad de “sincerar” patrimonios. “Es un escándalo que golpea de lleno a Abad. Si esto no se aclara y rápido, tiene las horas contadas”, argumentaba. En el ámbito empresario crece la preocupación por una secuela de las filtraciones a tal punto de que muchos están llamando a sus abogados para, incluso, llegado el caso iniciar acciones legales contra la misma AFIP. “No pueden resguardar siquiera el secreto fiscal, es un papelón terrible. Esto los deja muy mal parados”, completaba otro empresario.

Lo que es un verdadero papelón (con una gravedad inusitada para los hombres de negocios) fue la filtración de datos del blanqueo de personas allegadas al Gobierno.

Los mismos de siempre

Lo que no asombró a los hombres de negocios fue el retorno de Cristina Kirchner a la campaña. Dejó la exprimera mandataria su anterior estilo no confrontativo y retornó a la Cristina de siempre. El giro fue, dicen en el bunker K, por la mala performance en las elecciones. Ganar por 0,21 puntos ante un desconocido como Esteban Bullrich solo muestra dos cosas: que la forma de hacer campaña no rindió, y que su alta imagen negativa ya tiene un peso para nada despreciable. Criticaban los candidatos kirchneristas, tal como adelantó este columnista, la forma de comunicar en las PASO. Nadie podía opinar, y Cristina se vendía como Heidi.

“Ahora hay que volver a tomar el protagonismo y salir por todos lados, es la única forma de hacer campaña contra el aparato del Estado. No nos podemos esconder”, explicaba un ex funcionario de Cristina que hoy trabaja “en las sombras” en ese espacio político. La dificultad que tiene CFK es que no pasa una entrevista realizada por un periodista independiente. Y eso lo saben, algo que potenció la idea original de “hablarle a la gente pero sin hacer campaña ni usar a los medios”. La necesidad tiene cara de hereje, dicen. Y Cristina volvió a mostrar las garras en su última aparición pública. Le sirve al Gobierno, que la eligió para confrontar y polarizar. Creen en el oficialismo que la imagen que dejó CFK hace días es de “piantavotos” y que resta chances para que votantes del massismo o de Florencio Randazzo se vayan con ella. “Lo que sacó en agosto es su techo, no tiene más”, decía confiado un hombre de la Casa Rosada. El tiempo lo dirá.

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