La AUH reduce 31% la pobreza extrema

Según un informe de la Unicef, los programas de transferencia directa tienen un impacto muy positivo en cierto tipo de hogares

09-06-2017
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Las transferencias monetarias como la Asignación Universal por Hijo (AUH) reducen casi el 31% de la pobreza extrema, según un ejercicio de simulación elaborado de manera conjunta por Unicef y el Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (Ielde). El informe, que analiza la pobreza por ingresos, señala que si bien el impacto de estas políticas es “muy positivo” en general, pueden observarse situaciones diferentes según la composición de los hogares que reciben la ayuda monetaria. Por ejemplo, la pobreza se reduce casi 50% entre los niños cuyos jefes o jefas de hogar son asalariados informales, pero casi no modifica la situación de los niños en hogares con jefes asalariados formales. También genera reducciones significativas en hogares con mujeres a cargo y con bajo nivel educativo, lo que da una pauta de hacia dónde es necesario direccionar las transferencias.

El ejercicio realizado fue el siguiente: a partir de los datos de la EPH, que permiten identificar los hogares que perciben algún tipo de transferencia monetaria por parte del Estado, los investigadores restaron del ingreso familiar el monto de ingresos provenientes de estas transferencias. Así, se computó una tasa de pobreza con esa ayuda, y otra sin ella, que es fundamentalmente la AUH. Se advirtió que las transferencias monetarias a los hogares reducen en un 30,8% la pobreza extrema (indigencia) y en 5,6% la pobreza general.

A partir del impacto que se calculó que tienen los programas de transferencia directa como la AUH, la representante de Unicef en Argentina, Florence Bauer, sostuvo ayer que “hay que seguir invirtiendo en políticas de ese tipo, ampliar la cobertura y aumentar el monto”. Según precisó, la AUH llega hoy a 3 millones de chicos, y el desafío es incluir a los “1,5 millones de chicos que tendrían que estar en el programa y no están”.

Impacto desigual

El informe de la Unicef y el Ielde, presentado esta semana, señala además que la pobreza no afecta a todas las poblaciones de igual manera: los adolescentes son los argentinos más pobres y la situación es aún más crítica si sus padres son jóvenes, no completaron la escuela media, están desocupados o tienen un empleo informal, o si el adulto a cargo es una mujer.

La base estadística del informe es el cuarto trimestre de 2016 de la Encuesta Permanente de Hogares, realizada por el Indec. Esta información permite inferir que en Argentina el 29,7% de las personas es pobre, situación que se agrava en 18 puntos porcentuales si se restringe la mirada a niñas, niños y adolescentes, entre los que la incidencia de la pobreza es del 47,7%. Según explicaron los autores del estudio, esta diferencia se explica por el tamaño relativo de los hogares de bajos ingresos y la elevada cantidad de chicos y chicas que residen en ellos. La pobreza extrema, por su parte, afecta al 10,8% de los niños y adolescentes del país.

Estos porcentajes se traducen en millones de personas: 5,6 millones de niñas y niños pobres, de los que 1,3 millones están en situación de extrema pobreza, es decir que residen en hogares cuyos ingresos son insuficientes para adquirir una canasta básica de alimentos.

El informe de la Unicef advierte que la tasa de pobreza infantil y adolescente aumenta al 85% cuando los chicos residen en un hogar cuyo jefe o jefa está desocupado, y al 65% cuando es un asalariado informal. La precariedad del empleo es clave: una niña o un niño que reside en un hogar cuyo jefe es un asalariado informal, tiene un nivel de pobreza monetaria 2,4 veces más elevado que uno cuyo jefe es un asalariado formal. Asimismo, la incidencia de la pobreza es mayor en hogares donde el sostén económico es una mujer (55,3%).

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