Hablemos de minería

18-11-2018
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Por Carolina Sánchez Secretaria de Política Minera del Ministerio de Producción y Trabajo

Es indiscutible el rol de la minería como motor de la economía, no sólo en volumen y facturación de exportaciones, sino como movilizador económico de las regiones donde se desarrolla.

En Argentina el sector minero se constituyó en el cuarto complejo exportador, con un total de US$ 3.696,05 millones en 2017 ?después de dos sectores relacionados con la agroindustria y el automotriz? con predominancia de cobre, oro, plata y litio además de otros minerales. Esto habla del potencial de crecimiento que tiene la actividad si lo comparamos con Perú, cuyas exportaciones mineras superaron 7,3 veces las locales o con Chile, con 10,3 veces las exportaciones argentinas.

Pero sobre todo, el desarrollo de la minería se plantea como un factor clave del impulso equilibrado de Argentina, aprovechando los recursos minerales con los que cuentan las provincias cuya geografía no presenta otras oportunidades productivas de volumen, considerando que no se plantea como competencia del desarrollo de otras producciones locales.

Como lo demuestra la experiencia internacional, la sola presencia de los recursos minerales en un territorio no permite inferir el crecimiento de la actividad minera, ni el desarrollo sustentable del misma. Este territorio es habitado por comunidades que actualmente quieren participar de las decisiones sobre el desarrollo y que están bajo un marco de organización política institucional amparado en la República bajo nuestro sistema democrático.

Y es aquí donde deberíamos preguntarnos si estamos decididos a desarrollar integralmente nuestro país incorporando a la minería.

Hablemos de los aportes que puede hacer (además de los de proveer los materiales básicos de todo lo que el lector puede ver donde se encuentre en este momento): generar oportunidades de trabajo, directo e indirecto, a las poblaciones de regiones que hoy expulsan gente hacia las ciudades con dudoso futuro; generar conocimiento en la adecuación de tecnologías para la provisión de bienes y servicios a la actividad, en tanto que innovación y tecnología para el agregado de valor argentino, sin olvidar el desarrollo de nuevas tecnologías tanto para operaciones mineras como para el control y monitoreo ambiental y la comunicación efectiva entre los proyectos mineros y las comunidades donde se asientan, eliminando barreras de información. Pero, sobre todo, incorporarnos como actores globales clave para la transición energética de la movilidad y la acumulación de energía de fuentes renovables en el mundo, dada la importante dotación de recursos como cobre, litio, cobalto y otros minerales fundamentales para estas tecnologías.

Desarrollar la actividad minera, que requiere fuertes inversiones para ser viable, necesita además que esa voluntad se exprese en instituciones sólidas, que no sólo generen un marco ético y ejerzan su rol en el marco legal vigente, sino que garanticen el cumplimiento del mismo y con las reglas claras que este tipo de actividad productiva requiere, por tratarse de una actividad de ciclo largo. La minería no sólo demanda la existencia de minerales, sino de un clima de inversión ?político, institucional y social? adecuado. Aquí hay que entender que desde que se produce un “descubrimiento”, el primer prospecto y se inscribe un pedimento minero, pueden pasar 10 a 12 años hasta que el proyecto se ponga en producción y en Argentina contamos con casos de más de 50 años sin entrar en producción. Posteriormente, el ciclo productivo puede durar 20 a 40 años, y en el mundo ya se está demostrando que hay actividad económica poscierre de una mina, cuando esto se prevé y gestiona adecuadamente desde el diseño de proyecto.

Y para que ocurra minería? todo empieza en la exploración. Si bien la exploración a nivel global está fuertemente relacionada con los precios internacionales de los commodities, las relaciones comerciales internacionales, la demanda de minerales para nuevas tecnologías, la liquidez y la confianza de los inversores es fuerte tractora de inversiones a un país o a un territorio subnacional.

En el período 2016- 2018, la evolución de inversiones a nivel global y regional en América Latina en exploración, que logra ser de signo positivo recién en 2017, acumula un crecimiento del 10% mientras que en Argentina asciende en 92%. En 2018 las empresas mineras invirtieron en exploración en nuestro país US$ 241 millones contra los US$ 125 millones registrados en 2015. Otros indicadores del interés suscitado desde 2016 en Argentina es la participación en la asignación de presupuestos exploratorios dentro de la región de América Latina, alcanzando el 9% para 2018, así como el número de empresas dedicadas a esta actividad, que resultaron ser 59 en este mismo año y el número de perforaciones que se cuadruplicó entre 2015 y 2018. Sólo para litio, el presupuesto exploratorio para proyectos y operaciones creció 918% entre estos años. No debemos olvidar el fuerte impacto local que tienen estas inversiones tempranas en la generación de empleo y demanda de servicios en zonas de difícil acceso.

No cabe duda del interés que despierta, en inversores de todo el mundo, el desarrollo de la minería en Argentina. Somos un país preparado para gobernar estas inversiones: con transparencia en el otorgamiento de concesiones y en la información de catastro y permisos mineros, con instituciones fuertes para la evaluación ambiental de los proyectos que incorporen las mejores tecnologías y prácticas disponibles en el mundo, con gestión de los fondos percibidos de los impuestos a la actividad volcada al desarrollo integral del territorio, con una comunidad interesada en conocer cómo gestiona los riesgos ambientales y sociales cada proyecto minero. Todo lo mencionado consolida un camino de crecimiento en regiones que tienen todo para transformarse en fuente de oportunidades para sus habitantes. Hablemos de minería.

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