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Falta un modelo con más inversión y más exportaciones

En 2011-2016, el PIB se encogió 1,9%, la inversión 16,8% y las exportaciones 13,3%. Así, no sorprende que el desempleo haya subido

30-03-2017
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Durante los últimos días, el Indec publicó los indicadores del mercado de trabajo y los agregados macroeconómicos correspondientes al cuarto trimestre de 2016. Resulta interesante hacer un análisis en paralelo, dado que son variables sumamente relacionadas.

En particular, la tasa de desempleo arrojó una baja (7,6% de la Población Económicamente Activa), luego de haber anotado un pico de 9,3% en el segundo trimestre de 2016 y 8,5% en el tercero. Ese descenso, de todos modos, hay que tomarlo con pinzas, dado que hay que tener en cuenta la estacionalidad de las variables: la tasa de desempleo siempre fue menor en el cuarto trimestre que en el tercero, para los últimos cinco años, salvo en 2015 año del que no se dispone de información. Como no se dispone del último trimestre de 2015 ni el primero de 2016, no existen datos desestacionalizados. Sin embargo, se puede afirmar que los nuevos datos responden a la dinámica estacional habitual, en un contexto de muy moderada recuperación de la economía.

Otra tasa que disminuye en el cuarto trimestre es la de actividad, de 46% en el segundo y el tercer trimestres, a 45,3% en el cuarto. De esta manera, la caída en la tasa de desocupación responde a una menor cantidad de gente que busca trabajo, refugiándose en la inactividad, generando una reducción en la Población Activa (se recomienda observar el cuadro adjunto).

Ahora bien, cabe preguntarse cuánto sería la tasa de desempleo si la tasa de actividad se mantuviera constante a un nivel determinado. Con el fin de contestar la pregunta, se realiza el ejercicio de fijar la tasa de actividad en 46,1%, correspondiente al cuarto trimestre de 2011, obteniendo una tasa de desempleo corregida (limpia del “efecto desaliento”). Con esa metodología, se observa que la tasa de desempleo ha venido ascendiendo en forma sostenida desde un piso de 6,5% en 2012. Para el cuarto trimestre de 2014 había trepado a 8,7%, por lo que, el 9,1% del cuarto trimestre de 2016 debe analizarse como parte de esta tendencia, que se inicia cuando la economía entra en la etapa de los cepos al comercio exterior, a fines de 2011.

Efectivamente, si se hace base 100 en el último trimestre del 2011 y se observa el comportamiento acumulado hasta el cuarto trimestre de 2016, se tiene: un marcado contraste entre la variación del PIB, que fue negativa en 1,9%, y el aumento del consumo público en 15,3%. Lo insustentable de esta divergencia se corrobora cuando se observa que, en igual período, la inversión y las exportaciones cayeron 16,8% y 13,3% respectivamente. Por ende, no debe extrañar que, tras cuatro años de cepos y uno de medidas correctivas, nos encontremos en una situación la cual el PIB se encuentre 1,9 puntos por debajo del año base, y el desempleo corregido haya subido 2,6 puntos porcentuales.

En realidad, los cepos fueron un intento de prolongar una situación insustentable, y se observa mejor poniendo en perspectiva lo ocurrido desde 2004: en ese período la economía se volvió extremadamente cerrada ya que, la suma de las exportaciones e importaciones (en términos corrientes), pasó de 34,8% a 21,2% del PIB, y la participación de los sectores que producen bienes transables pasó de 31,2% a 26,1% del PIB (a precios constantes).

En cuanto a los agregados macroeconómicos del cuarto trimestre de 2016 publicados por el Indec, nos confirman que la recesión marcó una caída de 2,3% interanual para el año calendario. Ahora bien, podemos decir que Argentina ya ha salido de la recesión, tocando fondo en el primer semestre, dado que el PIB desestacionalizado del tercer trimestre respecto al segundo arrojó una variación de +0,1%, mientras que el del cuarto trimestre contra el tercero anota +0,5% (anualizado da 2%). Uno podría decir que, técnicamente, el “segundo semestre” llegó.

Resulta interesante comparar los últimos tres años, en particular, la recesión del 2016 contra la del 2014, dado que, la del 2014 fue más profunda (-2,5%) y hubo cuatro trimestres consecutivos en recesión, mientras que la del año pasado fue menor (-2,3%), aunque con tres trimestres en caída, para luego mostrar signos de recuperación. Por otro lado, 2016 fue un año caracterizado por una unificación cambiaria, metas de inflación y corrección de precios relativos (tarifas).

De aquí en más, el desafío es lograr un crecimiento sostenido (es decir, no solo crecer en años electorales), y parece ser que las bases están sentadas: hacia el final del 2016 el PIB mejoró, creció el empleo registrado (según el Ministerio de Trabajo) y la inflación muestra un sendero hacia la baja. Este es el comienzo de una tendencia interesante hacia un modelo económico distinto, con un mix más equilibrado entre consumo, inversión y exportaciones.

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