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Falta incorporar corto y largo plazos en el debate tarifario

El Gobierno deberá incorporar más corto plazo (internalizando que muchos de los que no califican para la tarifa social no pueden hacer frente a las subas) y la oposición, más largo plazo (entendiendo que retrotraer los cuadros tarifarios no puede ser una solución).

16-08-2016
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por Juan Pablo Paladino (*)

Ningún momento es políticamente propicio para ajustar las tarifas, pero el Gobierno asumió con una importante ventana de oportunidad para encarar las correcciones debido al amplio consenso que había en relación a la necesidad de readecuar los retrasados marcos tarifarios.

Este consenso se fundamenta en que el atraso acumulado daba señales incorrectas de precio, puso en jaque al sistema, tensionó la relación económico financiera de los oferentes participantes de los distintos segmentos y generó una abultada carga sobre las cuentas públicas que terminó debilitando los equilibrios macroeconómicos.

Lamentablemente, el derrotero tarifario llevó a que del consenso inicial nos encontremos hoy frente al quizás más importante conflicto político (y judicial) que la actual administración tiene por delante.

Y esta importancia está en que el reordenamiento tarifario corta transversalmente al programa económico oficial: constituye el más importante ajuste pendiente de precios relativos, es el insumo central para el saneamiento de un sistema energético en crisis, es el principal pilar correctivo dentro de un programa fiscal expansivo y es una necesaria “moneda de cambio” para la realización de inversiones. En este marco, se entiende la postura del Gobierno de no ceder a las presiones de la oposición.

El debate

Sin embargo, dado que lo subyacente al cuadro tarifario son servicios públicos esenciales, resulta también claro que ajustes bruscos pueden generar presiones a veces insostenibles sobre los presupuestos de los hogares, lo que fundamenta los reclamos de la oposición. Vuelve entonces la discusión del shock versus gradualismo.

El Gobierno esgrime que hubo gradualismo macro: sigue existiendo un trecho entre las tarifas y los costos de provisión, 20% de la demanda tuvo reducciones (tarifa social) y ocho de cada diez facturas fueron por montos inferiores a $ 500. La oposición retruca la falta de gradualismo micro: la segmentación de los cuadros tarifarios (con/sin ahorro), los escalonados cambios de categorías y el aumento del consumo por las bajas temperaturas llevaron a subas exorbitantes en algunos segmentos de la población. Este es el punto partida para entender qué es lo que está en juego detrás del actual conflicto.

Pero como la discusión coyuntural hoy acapara la mayor parte de la atención, resulta útil alejarse un poco para plantear los lineamientos deseables de la eventual “salida política”.

En primer lugar, y habiendo saldado la discusión sobre las audiencias, resulta claro que el cuadro tarifario debe necesariamente revisarse al alza pero evitando golpes excesivos sobre los hogares. En este sentido, sería deseable acentuar que la corrección tarifaria debería ser un a meta a alcanzar en varios años (y descomprimir la presión sobre 2016) y la importancia del gradualismo micro (subsidios focalizados en casos extremos). Congelamiento de categorías, reducción del componente impositivo y compensaciones específicas pueden ser herramientas útiles en este sentido.

En segundo lugar, el cuadro tarifario debe necesariamente reflejar que el servicio consumido es escaso, y en este sentido el costo marginal no puede ser nulo. Por esta razón, el techo de 400% sobre las facturas finales no es una solución permanente.

En tercer lugar, podría alivianarse la presión sobre las tarifas como único instrumento para la racionalización del consumo, de tal forma de ir a un cuadro tarifario único y evitar las disparidades en los saltos en el consumo. Aquí se puede poner el acento en campañas de difusión de la eficiencia energética y promover la utilización de artefactos eficientes.

Finalmente, se deben contemplar heterogeneidades regionales y en materia de intensidad de uso del gas: en el norte argentino menos del 40% de las personas tienen acceso a gas por red (frente a 70% promedio del resto del país) al tiempo que las necesidades calóricas en la patagonia son hasta 200% más elevadas que en zonas cálidas.

¿Cómo incorporar todos estos elementos de discusión en un debate que se reduce a “tarifazo sí versus tarifazo no”? Como en todo, se debe partir del acercamiento de posiciones: el Gobierno deberá incorporar un poco más de “corto plazo” en su plan tarifario, internalizando que muchos de los que no califican para la tarifa social no pueden hacer frente a las subas. La oposición deberá incorporar un poco más de “largo plazo”, entendiendo que retrotraer los cuadros tarifarios que originaron el actual problema no puede ser una solución eficiente.

En definitiva, ambas posturas deben mirar al problema de las tarifas como un camino a recorrer en los próximos años donde deben atenderse múltiples objetivos en simultáneo. Al final de cuentas, este conflicto podría traer entonces más beneficios que costos, no sólo en tema de tarifas sino en el ejercicio de elaboración de mecanismos para solucionar la gran lista de problemas que la Argentina tiene por delante.

(*) Economista

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