Esperando el ansiado segundo semestre

La recuperación podría adoptar la forma de una leve y lenta normalización de la actividad.

06-05-2016
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Por Pablo Mira (*)

La etapa de ajuste de precios relativos y eliminación de restricciones probó ser más traumática de lo esperado. El mantra que se repite en estos días es que el segundo semestre mostrará un despegue de la economía. ¿Pero cuán probable es esta recuperación?

Para evaluarlo, podemos hacer un paralelismo con lo ocurrido en los '90. Los primeros meses de la Presidencia de Carlos Menem fueron mucho más problemáticos que los vividos en 2016. Luego de la hiperinflación de mediados de 1989, Argentina repitió el fenómeno a fines de ese año, ya bien entrada la gestión menemista. El año 1990 tampoco fue favorable: el PIB cayó y la inflación mensual promedio fue de 28%. Todavía en febrero de 1991 la inflación del mes fue 27% y recién en abril de 1991, casi dos años después de asumir, la economía comienza una fuerte recuperación con estabilidad.

Esta dinámica sugiere dos cosas. Una es que los tiempos que requiere nuestra economía para lograr la estabilidad no son cortos. Ninguna maniobra logrará el milagro de estabilizar con rapidez, y mucho menos en un contexto de inercia y expectativas fuertemente establecidas como el actual.

Pero lo más importante es que, a diferencia de los '90, en la actualidad una estabilización de precios no necesariamente traerá apareada una recuperación inmediata del crecimiento económico. La convertibilidad logró reactivar la economía estabilizando porque las tasas de aumento de precios de la época previa (más de 1.000% interanual) impedían cualquier tipo de actividad económica: no solo la inversión sino también la productiva. La estabilidad, por ende, trajo consigo la posibilidad de retomar actividades básicas. Luego llegaron inversiones, aunque muchas relacionadas con las privatizaciones.

En 2016 esta opción no está disponible. Pese a crecer poco en los últimos cuatro años, la economía se mantuvo funcionando con una utilización de capacidad razonable. La inflación en ningún momento complicó la articulación productiva, y sólo provocó efectos indirectos al inducir distorsiones en algunos precios relativos (tipo de cambio y tarifas, básicamente). Por lo tanto, aun cuando se pudiera reducir significativamente la inflación, la respuesta productiva continuaría dependiendo más de otras variables, como la demanda interna o la situación de Brasil.

En estas circunstancias, la recuperación en el segundo semestre podría adoptar la forma de una leve y lenta normalización de la actividad, mejor justificada por la comparación anual contra bases bajas que por una lluvia de inversiones productivas.

(*) Economista

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