¡Es el trabajo, estúpido!

27-01-2017
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Guy Ryder, director general de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), acaba de reformular el famoso “¡Es la economía, estúpido!” que ideó el mítico estratega político James Carville allá por los '90. Según Ryder, no es la economía sino, más bien, el empleo. Y, más en profundidad, su calidad. Hoy, argumenta, el clivaje es empleo digno versus política indigna. Y no hace falta dar nombres sino ver los números (y entender).

“El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2030 compromete a los Estados Miembros de la ONU a 'no dejar a nadie atrás'. Uno de los componentes fundamentales de ese compromiso ?incluido en la propia agenda de la OIT? es el trabajo decente para todos. En un momento en que la frustración y la desilusión de los trabajadores se está expresando

en las elecciones en todo el mundo, el objetivo no podría ser más importante”, escribió Ryder.

Hacia abajo

Hoy en día, agrega, “la expectativa de que cada generación será mejor que la anterior, social y económicamente, ya no es automática. Para muchos, la movilidad descendente se ha convertido en la nueva normalidad”.

Eso explica la frustración, y los recientes resultados electorales aquí y allá. Sin embargo, hay un ítem que sobresale y nutre, más que cualquier otro, ese descontento, que es más práctico que ideológico. “Esta desilusión surge, al menos en parte, de la propia experiencia de trabajo de las personas, ya sea la exclusión del mercado de trabajo, las malas condiciones de trabajo o los bajos salarios”, sostiene Ryder.

En muchas partes del mundo, incluidos algunos países europeos, el desempleo ha sido persistentemente alto en los últimos años “e incluso tener un trabajo no es garantía de seguridad financiera: muchos empleados saben que sus empleos son vulnerables y ha habido un progreso inadecuado en la calidad del trabajo, incluso en países donde los indicadores económicos agregados están mejorando”. Llegar a fin de mes es una odisea por estas pampas.

A los números?

Según el informe de la OIT sobre los salarios mundiales (“Desempleo salarial en el lugar de trabajo”), publicado el mes pasado, el crecimiento de los salarios globales se ha desacelerado desde 2,5% anual en 2012 a 1,7% en 2015, su nivel más bajo en cuatro años. Si se excluye a China, que experimentó un crecimiento particularmente rápido de los salarios, el crecimiento anual de los salarios globales cayó del 1,6% a un mero 0,9%. Poco y nada.

“La desilusión de los trabajadores se profundiza por el conocimiento de que, a medida que sus salarios promedio crecen lentamente o se estancan, los muy ricos están se están haciendo significativamente más ricos. Como muestra el informe de la OIT, si bien los salarios han aumentado gradualmente en casi toda la distribución del ingreso en la mayoría de los países, han aumentado considerablemente para el 10% superior, e incluso más para el 1% superior de los

empleados”, dice Ryder.

En Europa, el 10% más remunerado de los empleados representa, en promedio, el 25,5% del total de los salarios mientras que el 50% peor pago llega a sólo el 29,1%. En algunas economías emergentes, como Brasil (35%), la India (42,7%) y Sudáfrica (49,2%), la participación de los ingresos del 10% superior es aún mayor. En Europa, el primer 1% gana alrededor de ?90 por hora (US$ 95), ocho veces más que los medianos asalariados y 22 veces el salario medio del 10% inferior.

Los desafíos

“Ahora nos enfrentamos al doble desafío de mejorar la situación de los que están en el extremo inferior de la distribución de los salarios mientras se crean suficientes nuevos empleos de alta calidad para las decenas de millones de nuevos participantes en el mercado de trabajo cada año”, dice Ryder, y agrega: “Dado que la economía mundial todavía no se ha recuperado plenamente de la crisis económica mundial que comenzó hace una década, no será tarea fácil superarlos”.

Y, de hecho, es probable que el crecimiento de la mano de obra continúe superando la creación de empleo. Es por eso que el informe “El empleo global y las perspectivas sociales - Tendencias 2017” proyecta que un poco más de 201 millones de personas en todo el mundo estarán desempleados en 2017, con otros 2,7 millones de sus filas en 2018.

El eje

“El mundo necesita un crecimiento económico más sostenible, equitativo y rico en empleo. La clave del éxito serán las instituciones de mercado laboral fuertes y relevantes, que dependen y promuevan los principios y derechos internacionalmente aceptados para los trabajadores”, sugiere Ryder.

Allí, los salarios mínimos y la negociación colectiva pueden desempeñar un papel importante. “Una tendencia notable de los últimos años ha sido la adopción o aumento de los salarios mínimos por parte de los países con la esperanza de mitigar la desigualdad, siendo México el ejemplo más reciente. Y la tendencia va a continuar: Sudáfrica, por ejemplo, también está considerando la posibilidad de adoptar un salario mínimo nacional”, reseña. Esas, dice, son buenas noticias. “La evidencia reciente, incluida la Comisión de Salarios Mínimos en Alemania, demuestra que los salarios mínimos bien diseñados ?que satisfacen las necesidades de los trabajadores y sus familias mientras que tienen en cuenta las condiciones económicas? pueden marcar una diferencia real en el extremo inferior de la distribución del ingreso sin perjudicar significativamente el empleo”, manifiesta.

También, sugiere Ryder, se pueden adoptar medidas a nivel internacional mediante la aplicación de sistemas de apoyo que ayuden a avanzar en las metas clave relacionadas con el trabajo decente y la inclusión económica. Por ello, la OIT y el Banco Mundial (BM) han puesto en marcha una Alianza Mundial para la Protección Social Universal, que tiene por objeto garantizar que las redes de seguridad social, incluidas las pensiones y los beneficios parentales, de discapacidad y de menores, se pongan a disposición de los cientos de millones de personas que actualmente están desprotegidos.

“Ampliar el acceso a oportunidades de trabajo decente es la manera más efectiva de aumentar la participación en el mercado de trabajo, sacar a la gente de la pobreza, reducir la desigualdad y fomentar el crecimiento económico, y eso debe estar en el centro de la formulación de políticas”, concluye. La alternativa es un mundo “dog-eat-dog” (un escenario en el que las personas hacen todo para ser exitosas, incluso pasar por arriba de los demás) en el que demasiados se sentirán excluidos, dice. “Uno no necesita mirar más allá de los titulares de hoy para ver la inestabilidad y la inseguridad que puede resultar ?y ha resultado?-de este enfoque”, concluye.

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