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Entre el dólar y el tiempo

07-03-2017
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El programa económico del Gobierno enfrenta un dilema. Uno de sus objetivos principales, que las exportaciones se conviertan en motor del crecimiento, requiere una reducción de costos difícil de lograr en el corto y mediano plazo bajo el plan gradual escogido en materia fiscal y cambiaria, y dada la demora natural en obtener resultados en logística e infraestructura.

La falta de competitividad frente a países vecinos se manifiesta, además de en diversos indicadores, en fenómenos como el boom de compras de los argentinos en el exterior. “El turismo de shopping, especialmente de parte de argentinos, ha crecido indudablemente este año. Incluso se ha dicho que Chile es el nuevo Miami en términos de compras para ellos. Por lo tanto, en la medida que como país sigamos siendo más competitivos para el turismo de shopping, más barato y accesible, seguiremos viendo esta tendencia”, rezaba un informe de la Cámara de Comercio y Turismo de Chile publicado en octubre, pero que todavía mantiene su vigencia.

En ese sentido, un informe de la Fundación Ideal analiza el fenómeno y advierte que mientras durante el año pasado las ventas minoristas cayeron 7% a nivel país y a un ritmo similar en Mendoza (donde la cercanía hace más visible el contraste de competitividad con Chile), las compras de argentinos en el país andino aumentaron 80% en el mismo período.

El diagnóstico

¿Qué explica la diferencia? El informe identifica tres factores: la elevada presión tributaria (14 puntos porcentuales mayor en Argentina que en Chile), el grado de apertura comercial (muy superior en el país vecino con respecto al nuestro, a pesar de los cambios recientes) y el tipo de cambio (que “aún está por debajo del promedio histórico”).

Ni el primero ni el segundo de esos puntos es novedoso en el país. Por el contrario, la elevada presión tributaria ?tanto a nivel nacional como provincial? y las restricciones comerciales han sido puntos neurálgicos de las críticas al programa económico del gobierno anterior. De igual modo, la necesidad de invertir en el desarrollo de obras de infraestructura y logística, mejorar las rutas y bajar el costo de los fletes, ha sido proclamada en reiteradas oportunidades en las últimas décadas, como camino deseable para la reducción de costos.

¿Qué cambió ahora entonces? Lo explica el informe de Ideal: “El atraso cambiario exacerba las asimetrías competitivas gestadas en la cuestión impositiva y la de apertura comercial (de carácter más estructural). Por ello, cuando el tipo de cambio está en niveles competitivos, las asimetrías estructurales se disimulan, y cuando el tipo de cambio se atrasa salen a la luz crudamente los problemas de fondo”.

Por otro lado, si bien el Gobierno Nacional asegura que avanzará en ese sentido, la solución a ninguno de esos puntos es a corto plazo. En el marco del Foro de Inversiones Mendoza 2017, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aclaró que la reforma impositiva que planea el Gobierno para avanzar en esa línea se tratará recién el año que viene. En el mismo evento, Alberto Arizu, presidente de Wines of Argentina y empresario vitivinícola, sintetizó la postura de la mayoría de los expositores con respecto a la cuestión cambiaria al señalar que dada la adopción de un esquema de tipo de cambio flotante (y un dólar que perderá contra la inflación este año), “hay que buscar la competitividad en otros aspectos”. Hasta que el efecto de las obras de infraestructura sobre el esquema de costos sea palpable, por otra parte, deberá pasar cierto tiempo.

Las (posibles) soluciones

En ese contexto, Pablo Salvador, economista jefe de la Fundación Ideal, sugiere “esperar y tratar de acompañar esos cambios” con iniciativas focalizadas en los distintos complejos exportadores y articuladas entre el Gobierno Nacional, las diferentes provincias y los productores.

Con situaciones fiscales complicadas, las administraciones provinciales no tienen margen para resignar recaudación para alivianar la carga impositiva de los exportadores.

En cambio, es la Nación quien podría implementar ciertas iniciativas para mejorar la competitividad de los productores locales. “Lo que tendría que hacer es sentarse con las economías regionales y ver cuál es el potencial exportador de cada y en función de eso, barajar diferentes alternativas”, señala. “Una de las opciones es hacer reembolsos por exportación, por ejemplo. Aquél que puede exportar o se le devuelve un dinero o se le descuenta un impuesto para que su costo baje y se haga más parecido al de su competidor, de manera que pueda vender su producto. Lo mismo bajándole las cargas patronales a aquellos que están en condiciones de exportar y vienen haciéndolo”, propone.

Un caso exitoso, destaca, fue el de los limones en Tucumán, aunque luego se vio frustrado por el cambio de gobierno en Estados Unidos. “Lo mismo deberían hacer con el vino en Mendoza, con las manzanas en Río Negro e igual en las demás provincias”, señala el economista jefe de Ideal.

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