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“El saldo de un acuerdo con la UE va a ser muy favorable”

El Economista dialogó con Marcelo Elizondo (DNI) sobre el acuerdo entre el Mercsour y la UE

12 diciembre de 2017

Entrevista a Marcelo Elizondo Director de la consultora DNI Por A. Radonjic y J. M. Antonietta 

En diálogo con El Economista, el director de la consultora DNI, Marcelo Elizondo, ofrece su visión sobre el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, la 11º Conferencia Ministerial de la OMC y el devenir del comercio exterior criollo.

El Gobierno quiere concretar lo antes posible el acuerdo comercial con la Unión Europea (UE) y dice que ese entendimiento está muy cerca. ¿Es tan así?

Hay una vocación política de las dos partes de lograr el acuerdo. La UE se ha propuesto adherir a los postulados del libre comercio en el mundo. El Viejo Continente acaba de firmar un acuerdo con Japón la semana pasada, que es el más grande del mundo e involucra al 30% del PIB mundial. Se ha reactivado una negociación que durante mucho tiempo encontró a las dos partes con mucha resistencia. En el Mercosur se ha generado un impulso enorme, sobre todo a partir de las presidencias de Mauricio Macri y Michel Temer -que piensan muy distinto de lo que pensaban Cristina y Dilma-. Los dos bloques admiten que no es necesario un consenso total ahora y podrán continuarse las negociaciones en los planos donde no haya acuerdo, pero ya con un compromiso firmado .

Estamos poco habituados a lo que son acuerdos de libre comercio. ¿Qué cambios generaría, en concreto?

Lo primero que va a cambiar es la perspectiva. Hoy los productos de la UE ingresan al Mercosur pagando un arancel en la frontera y lo mismo ocurre en el sentido inverso. Esto paulatinamente va a ir desapareciendo y van a haber reducciones arancelarias en los dos sentidos del flujo en un plazo lento de por lo menos 10 años. Los países van a poder producir y vender casi en las mismas proporciones en las que venden en sus propios territorios. Los productos europeos van a competir dentro de 10 años entre nosotros como hoy compiten los brasileños. También para nuestros productores va a ser enormemente beneficioso poder entrar a Europa sin pagar aranceles. Un caso ejemplificador es el de los vinos argentinos que hoy entran en el Viejo Continente pagando arancel mientras que sus competidores chilenos no pagan. Un acuerdo de libre comercio tiene varios beneficios. En primer lugar, por la competencia que genera para los actores económicos mejorar la calidad de la oferta de bienes y servicios de los que vamos a gozar. En segundo lugar, mejora la calidad del empleo que generan porque las empresas sometidas a competencia internacional mejoran el empleo. En tercer lugar, alientan inversiones porque está probado que la inversión, y en particular la Inversión Extranjera Directa (IED), acude a donde hay acceso a mercados por lo que, si bien hay costos, también hay beneficios. Me parece que el saldo va a ser muy favorable.

"Hoy los productos de la UE ingresan al Mercosur pagando un arancel en la frontera y lo mismo ocurre en el sentido inverso. Esto paulatinamente va a ir desapareciendo y van a haber reducciones arancelarias en los dos sentidos del flujo en un plazo lento de por lo menos 10 años"

El Gobierno quiere una “inserción inteligente de Argentina en el mundo”. ¿Qué implica eso?

El Gobierno quiere que el país vuelva al mundo después de haber estado aislado durante mucho tiempo. Argentina hoy es uno de los diez países con menor ratio exportaciones-PIB del mundo y es uno de los tres con menor ratio comercio exterior-PIB. El Gobierno quiere que Argentina abandone ese estado de aislamiento. El país explica el 0,8% del PIB del mundo, pero es el 0,3% del comercio mundial. Es un país que infraparticipa en el comercio internacional. Lo que el Gobierno quiere es derribar barreras para el acceso de sus productos al mundo. El Gobierno llama a este proceso de inserción inteligente porque, también, hay sectores sensibles a los cuales prevé mantener cierto amparo (textiles, calzado y algún sector de línea blanca). La transformación contará con un plazo de adaptación para para que haya una gradual recuperación de competitividad. Esto es lo que explica que a esa inserción se la llame inteligente.

El contexto en el que se enmarca el acuerdo no es el mejor para la industria. ¿Es un buen momento para que las empresas logren enfrentar la apertura comercial y la competencia externa que implica?

Definitivamente sí. Un acuerdo con la UE o cualquier proceso de inserción internacional es paulatino. Claramente Argentina está haciendo un montón de esfuerzos fronteras afuera: además de esta negociación se está buscando un acuerdo con el EFTA, ha negociado la ampliación de las fronteras arancelarias con Chile, está iniciando un proceso de negociación de un acuerdo de libre comercio con México y Canadá y ha aprobado recientemente con el Mercosur un acuerdo de comercialización con Egipto. Pero fronteras adentro todavía hay mucho por hacer. El país sigue manteniendo una matriz económica propia de una economía cerrada con una alta presencia del sector público que, básicamente, genera cinco grandes efectos. Un alto déficit fiscal y un financiamiento externo grande que genera un atraso cambiario. Esto, a su vez, produce una alta tasa de interés e impide una baja de la presión tributaria, sosteniendo alta la tasa de inflación. No son compatibles estos fenómenos con una economía más abierta. El Gobierno utiliza estos procesos de inserción en el mundo como modo de obtener fuerza exógena para ir logrando más capital político de manera de ordenar los factores macroeconómicos domésticos. Esto es sumamente necesario para que el proceso de inserción no sea crítico. Pero el Gobierno está intentando alinear las dos fuerzas -la externa y la endógena- de modo de llegar al momento en el que se encuentre el punto de culminación de maduración de los dos procesos con equivalencias en los dos planos.

¿El acuerdo tiene ganadores como el agro y perdedores como la industria o esto está atado a como se manejen las condiciones macro preexistentes y la letra chica del acuerdo?

En primer lugar, Argentina ya es uno de los diez principales exportadores de bienes agrícolas del mundo sin el acuerdo de libre comercio con la UE. Da la sensación de que ese sector se beneficiaría con un acuerdo, pero no es el que más lo necesita ya que hoy hay bienes que ingresan a la UE. Argentina exporta bienes industriales al resto de América Latina, donde tiene preferencias negociadas en el marco del Mercosur o la Aladi. Los bienes industriales son los más perjudicados por las trabas arancelarias ya que su competitividad internacional es menor. No podemos decir que no se va a beneficiar el sector industrial y sí al sector agrario. La industria deberá hacer sus esfuerzos para avanzar tecnológicamente y salir a una competencia internacional dura, pero para eso habrá un plazo de puesta en vigencia del acuerdo. De todas maneras hay que considerar que la industria no es una en sí misma. Una cosa es el sector automotriz, otra el sector de industria de base tecnológica y otra cosa son las industrias más sensibles como la del textil y el calzado. No hay una respuesta uniforme para todas.

"El Gobierno quiere que Argentina abandone ese estado de aislamiento. El país explica el 0,8% del PIB del mundo, pero es el 0,3% del comercio mundial. Es un país que infraparticipa en el comercio internacional. Lo que el Gobierno quiere es derribar barreras para el acceso de sus productos al mundo"

En el marco de la 11º Conferencia Ministerial de la OMC hay muchos eventos y declaraciones. ¿Qué es lo que realmente hay que mirar para ver si es una ocasión provechosa para el multilateralismo o si pasa sin pena ni gloria?

Yo diría una positiva y otra negativa. Por la negativa hay que mirar que no haya ninguna discusión sobre el sistema. No sería bueno que alguno de los miembros de la OMC planteará en el marco de la ministerial alguna discusión dura sobre el sistema, sobre el multilateralismo y la OMC como ámbito de evolución del marco regulatorio del comercio internacional. La OMC es una entidad que necesita reformas y es una entidad del Siglo XX en pleno Siglo XXI. Pero la realidad es que desde que existe (1995) hasta acá ha contribuido a que el comercio internacional se multiplique por lo menos tres veces. Si hacemos la evaluación desde el inicio del GATT como antecesor de la OMC, mucho más. Hay que observar que no haya una discusión dura sobre la legitimidad del sistema multilateral. Las discusiones deben ser sobre los intereses, pero lo más importante es que se refuerce el consenso sobre el sistema. Y eso sería lo positivo, además de los avances que puedan lograrse en la discusión y la búsqueda de acuerdos sobre, por ejemplo, el comercio electrónico, el acceso de pymes al comercio internacional o los subsidios a la pesca.

El 2017 fue mediocre para el comercio exterior argentino, con una gran suba de las importaciones y unas exportaciones que no levantan como se espera. El resultado es un importante déficit comercial. ¿Qué se vislumbra para el 2018?

Se espera que el resultado del 2018 sea un poco mejor, pero no hay que ser inocentes. Vamos a tener la ayuda del mundo y la OMC está previendo un crecimiento del comercio de 3,5% para 2017 y una cifra similar para 2018 en todo el planeta. Nuestras exportaciones, sin embargo, están creciendo menos de 1% en 2017. La economía de Brasil va a reaccionar en 2018, pero los problemas argentinos de competitividad sistémica no se resolverán de la noche a la mañana. El gradualismo del Gobierno exige esperar soluciones graduales. La recuperación del comercio internacional será lenta en algunos rubros y poseerá mayor dinamismo en otros como, por ejemplo, los servicios, que están creciendo al 15%. La industria que va a Brasil crecerá más rápido. El mundo va a ser un escenario un poco más favorable. Vamos a tener un crecimiento de las exportaciones, pero va a ser moderado.

¿Cómo juega el atraso cambiario? Es importante, sin dudas, ¿pero cuánto?

Para la matriz cambiaria argentina es un tema importante. Los outputs argentinos no son de demasiado valor. El costo de producción medido en dólares es importante en relación al output. Si uno produce bienes de altísimo valor que puede vender caros en el mundo tiene un margen para soportar incrementos de costos en producción en dólares mayores, pero no es el caso de Argentina, que vende bienes intermedios con poca diferenciación. La verdad es que lo más probable es que Argentina siga teniendo una enorme masa de ingreso de dólares financieros con una consecuente abundancia de divisas que no permita salir rápidamente de ese atraso. En términos de costos de producción medidos en dólares, que es lo que le importa al exportador, no me imagino una reducción sustancial en 2018.

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