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“El PIB crecerá 3,5-4% en 2017”

Entrevista a Nicolás Dujovne, Economista.

06-07-2016
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En diálogo con El Economista, el reconocido consultor Nicolás Dujovne ofrece una visión optimista sobre el segundo semestre y, sobre todo, el 2017. Usualmente bien informado, también deja una posible primicia. “Sospecho que el Gobierno va a vender sus participaciones accionarias en el FGS de la Anses y las centrales termoeléctricas de Campana y Timbúes”, dice, para así cumplir con su pauta fiscal en 2017.

Las estimaciones privadas muestran que la inflación rondó el 2% mensual en junio. Estimo que el debate que se avecina ahora, dando por sentado que la desinflación va a continuar, es cómo se perfora ese nivel y se llega a una inflación, como plantea el Programa Monetario (PM), de 12%-17% en 2017. ¿Coincide?

Sí, pero junio va a ser un poco más alto que eso. Aunque la inflación núcleo será 2%, la variación total será algo superior por la suba que tuvieron las prepagas. La economía está convergiendo a un nivel de 2% y ahora encuentra una novedad que es intentar bajar esa inflación con tipo de cambio flotante. En los últimos años, y durante algún periodo de 2015, la economía tuvo la inflación por abajo de 2% pero con el tipo de cambio oficial recontra fijo o en los '90, con algo más que cambio fijo, con convertibilidad. Ahora, Argentina está embarcada en un programa con mirada de largo plazo. Es un programa que junta varias cosas a la vez: modificar los precios relativos, instalar un régimen de Metas de Inflación con tipo de cambio flotante y bajar la inflación. Todo a la vez. Lo que está claro es que, si el objetivo prioritario a cualquier costo hubiese sido bajar la inflación, se hubiese relegado un poco los precios relativos o el tipo de cambio flotante. Pero ahora están los tres objetivos a la vez y es bastante ambicioso. Es más difícil bajar la inflación rápidamente con tipo de cambio flotante.

¿La clave es que los agentes dejen de mirar el dólar para formar precios?

Sí, lograr que el traspaso a precios de los movimientos del tipo de cambio sea menor que en el pasado y que miren más la expectativa de inflación para adelante. Es un proceso que va a llevar mucho tiempo. Cuando uno mira los países que están haciendo Metas de Inflación, incluso países que tuvieron un pasado de mucha inflación e, incluso, bastante dolarización, hoy han logrado converger a niveles de traspaso a precios de las devaluaciones bastante bajos. Para Argentina es un proceso que recién empieza y, en el corto plazo, el movimiento del tipo de cambio todavía es un factor muy importante.

¿Ve factible que la inflación en 2017 se mueva entre 12% y 17% o falta todavía para proyectar más finamente?

Uno tiene que mirar lo que pase con el tipo de cambio y con las paritarias. Estas últimas como indicador de lo que pasa con la inercia inflacionaria y con los precios de los bienes que no se comercian con el resto del mundo, asumiendo que el salario se mueve de maneara similar a lo que pasa con los servicios y esos bienes no comerciables en general. Si logramos tener una paritaria que mire más para adelante que para atrás, y aquí también englobo el precio de los bienes no transables, podemos lograr una meta de 17%, o incluso menor. Puede lograrse. Si seguimos mirando para formar precios la inflación para atrás, será más difícil. Ahora, yo creo que la inflación el año que viene seguramente va a estar abajo del 20%. La gran pregunta es cuán para abajo. Nos vamos a enterrar de cuán para abajo cuando se empiecen a cerrar los acuerdos salariales el año que viene. Nos va a decir cuál es la inercia y cuánto estamos mirando para atrás y cuánto para adelante. Porque el poder adquisitivo del salario del 2017 viene en buena medida condicionado por lo que ocurra después del cierre de paritarias, y no antes. Hay que ver si las paritarias se cerrarán mirando para adelante, o para atrás, y lo mismo vale para el precio de los alquileres, los servicios, etcétera. Ese es el partido que estamos jugando. Es importante que el BCRA pueda ayudar a coordinar las expectativas, que vaya convenciendo a la sociedad de que su palabra es importante.

Según el REM que acaba de publicar el BCRA, el crecimiento arrancaría en el último trimestre de 2016 y, en 2017, el PIB crecería cerca de 3%. ¿Está en línea con lo que ve usted?

Sí, yo creo que el tercer trimestre va a ser el primero en el que el PIB no cae respecto del anterior, es decir, caerá en el interanual pero no respecto del segundo. Pensamos que en el cuarto va a haber un crecimiento superior al 1% trimestral contra el tercero, esto es, 4% anualizado. Este año vamos a terminar con la demanda agregada comportándose de manera dual porque vamos a tener cifras positivas para la inversión interanual, y también para las exportaciones, pero con el consumo cayendo y eso no es tan habitual. En general, en Argentina, cuando cae, cae todo. Por ejemplo, en el 2014 cayeron el consumo, la inversión y las exportaciones. En 2016, cae el consumo y, en términos interanuales, exportaciones e inversión van a tener números moderados pero positivos. Esto sienta las bases para un crecimiento en 2017 más sólido dado que pensamos que el consumo va a crecer algo. Entonces, ya las bases de las exportaciones y la inversión empiezan a funcionar este año y el año que viene se agrega que el consumo deja de caer y crece levemente.

¿Es optimista con la inversión entonces?

Y con la inversión vamos a ver números bastante buenos a partir del cuarto trimestre y el año próximo porque, además de la relación inversa que existe entre riesgo país e inversión, que es muy marcada en la economía argentina, nunca hemos tenido en la historia contemporánea tasas de interés en dólares tan bajas como las que tenemos en este momento. Hemos tenido spreads más bajos, pero no tasas de interés tan bajas. La tasa base es muy baja y que la tasa de 10 años esté al 6% no lo vimos nunca desde los '70. Y a eso se le suma el destrabe de algunas situaciones muy específicas en muchos sectores de la economía, que van a estar alimentando la inversión. El sector energético, a lo largo de lo que es electricidad y gas, con el estímulo de precios que le empieza a dar el Gobierno. En la construcción, por tantos años de parate, más la vuelta del dólar como moneda de negociación, el plan de infraestructura y algunos proyectos de inversión que van a estar vinculados al blanqueo por quienes opten por invertir en fideicomisos para no pagar ninguna penalidad. En el agro, por la baja de las retenciones y por los precios internacionales que se están recuperando. Entonces, no es solo la relación inversa entre riesgo país e inversiones sino que, en muchos sectores, el cambio de regulación, el cambio de precios y el cambio de clima está generando un impulso que se va a ir a haciendo visible con el paso de los meses.

Vayamos a la cuestión fiscal. El Gobierno dice que se están saneando las cuentas públicas, pero algunos colegas suyos sostienen lo inverso y, sobre todo, después de los últimos números fiscales, que mostraron el gasto creciendo a un ritmo bastante elevado. ¿Cómo está viendo las cuentas públicas y su tendencia?

En 2016, el déficit primario está subiendo de 4,2% a 4,8% del PIB, que es la meta del Gobierno. Es decir que, usando los datos oficiales publicados, el déficit no está bajando sino subiendo. Eso se ve en el esquema ahorro-inversión base caja. Esa meta de 4,8% se va a cumplir porque el Gobierno tiene herramientas para ir programando el gasto de acá a fin de año para que se cumpla. Con un primer trimestre muy restrictivo, le quedó espacio para lograrlo. El problema es la meta del 2017, que será un año electoral. Allí el Gobierno quiere bajar el déficit de 4,8% a 3,3%. Esa meta, sin privatizaciones, no se va a cumplir porque Argentina está agregando 1,2 puntos del PIB de gasto previsional. Es decir, estaríamos partiendo de 6 puntos de déficit y es como si tuviéramos que hacer un esfuerzo fiscal de 2,7 puntos del PIB para llegar a ese 3,3% en una año de elecciones. Lo que sospecho es que el Gobierno va a vender sus participaciones accionarias en el FGS de la Anses y vender las centrales termoeléctricas de Campana y Timbúes y con eso generar ingresos vía privatizaciones por 2 puntos del PIB o más, imputarlos arriba de la línea y cumplir las metas fiscales con privatizaciones. O sea que el programa electoral del 2017, así como el de 2015 fue gastarse las reservas neta, será no bajar el déficit sin privatizaciones y poder darle un impulso fiscal a la economía sin que eso dañe la relación de Argentina con los mercados porque va a estar cumpliendo con la meta fiscal.

La economía que está proyectando para 2017 parece positiva, electoralmente hablando, para el Gobierno: algo de crecimiento del consumo, PIB en alza e inflación en baja. ¿Qué puede salir mal y adónde tiene que tener cuidado el Gobierno?

El gran interrogante es el empleo privado. Cuando uno mira la productividad del trabajo de la economía argentina y agarra sector por sector y lo divide por la cantidad de empleados allí, ve que las productividades son similares a las de 20 años atrás. En general, están entre 10% y 15% por debajo del pico de 2010 porque esta fue una economía sobreestimulada, muy cerrada y entonces hay bastante espacio para que la economía se recupere en base a un aumento de la productividad más que en base a un aumento del empleo en el corto plazo. No tengo dudas de que la economía va a crecer en el año próximo y nosotros estamos trabajando con una hipótesis de crecimiento entre 3,5% y 4%. Pero no me sorprendería que el empleo privado crezca muy poco y, si la oferta de trabajo sube relativamente alta, hasta pueda subir el desempleo en 2017. Y la pregunta es si los cañones fiscales que tenía para el año próximo, en vez de atacar el problema previsional, no tendrían que haberse apuntado a abaratar los impuestos al trabajo para mover el mercado laboral privado. Ese es el principal interrogante, y no si la economía va a crecer o la inflación va a bajar porque tiene una importancia irrelevante en el largo plazo. La gran pregunta es qué va a pasar con el empleo en el sector privado después de varios años de haber destruído la productividad.

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