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El mundo en 2012

¿Déjà vu de la crisis pos-1929?

16-02-2012
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(Columna de opinión de Ramiro Albrieu, economista del CEDES)

La situación de 2011 y las perspectivas para 2012 remiten en muchos sentidos a la dinámica global de la crisis del treinta. Si bien hacia fines de 2010 reinaba el optimismo en tanto se creía que se había evitado repetir lo sucedido con posterioridad al crash de 1929, a lo largo de 2011 el panorama cambió sensiblemente y aparecieron factores que suenan a déjà vu: los problemas de crecimiento que enfrenta el mundo desarrollado, la inestabilidad de las finanzas globales (con foco en Europa) y el contagio al resto del mundo en el medio de un creciente proteccionismo.

El primer hecho que obliga a la comparación es que, a más de tres años de la quiebra de Lehman, al mundo le cuesta crecer. El recrudecimiento del conflicto en Europa, las dudas sobre la reforma fiscal en Estados Unidos y, en definitiva, la incapacidad del mundo avanzado para retornar a la senda de crecimiento previa a la crisis representaron serias trabas al crecimiento global.  Luego de haberse expandido 5,2% en 2010, la actividad global lo hizo 3,8% en 2011. El mundo emergente, en tanto, creció  6,2%, muy por encima de los países ricos pero por debajo del registro de 2010 (de 7,3%). Cuando desagregamos a los emergentes por regiones, aparecen heterogeneidades. La región de más alto crecimiento fue Asia, expandiéndose  8,2% en 2011. Dentro de América Latina el desempeño más decepcionante provino de las dos economías grandes, Brasil y México, que apenas crecieron 3,8% en 2011 cuando el año anterior se habían expandido por encima del 6%.

El segundo hecho que emparenta la situación actual con la de los treinta es la duración de la inestabilidad financiera en las economías ricas. Y nuevamente aparece Europa en el centro de la escena. Allí el diseño institucional regional no pudo contener el proceso de diferenciación que operó a partir del crash global y que castigó a las economías de la región con mayores fragilidades macroeconómicas, de manera que un conjunto creciente de países deudores quedaron en la mira. Pronto los países acreedores de éstos, que en gran medida son europeos debido a la fuerte integración financiera regional, también pasaron a ser catalogados de frágiles. La cuestión es que en un año y medio buena parte de los mercados de deuda soberana en Europa pasaron a ser considerados riesgosos, lo cual fragiliza los mercados financieros globales y resta espacio fiscal para los gobiernos europeos justo cuando la economía necesita de políticas anticíclicas.

Emergentes

El tercer punto de contacto es el impacto sobre la dinámica de crecimiento de los emergentes. En 2011 el contagio se relacionó con el desorden en las finanzas y los efectos sobre el comercio de bienes. Con respecto al primer punto, la transmisión fue más generalizada y se dio a través de la reducción en el apetito global por el riesgo. El “repricing” de riesgo en los mercados emergentes implicó un salto en el spread que los gobiernos de estos países pagan por su deuda en relación a lo que paga el gobierno norteamericano: hacia finales de 2010 pagaban una sobretasa de 220 puntos básicos, en agosto de 2011 pasó a 440. Del lado comercial, los efectos de mayor impacto estuvieron asociados a un sincronizado estancamiento en el volumen del comercio internacional. Las estimaciones del Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis muestran que desde principios de 2011 las exportaciones globales se mantienen prácticamente constantes, aun cuando en buena parte del mundo no se llegó a los niveles previos a la crisis.

Por último, este mundo más agresivo y volátil también obliga a una revisión del modelo de desarrollo en el mundo emergente, así como ocurrió a principios de la década de los treinta. No sólo se trata del creciente proteccionismo.  En varios países de Asia se comienza a hablar de la agenda de crecimiento inclusivo, que en los hechos apunta a un rebalanceo de las fuentes de demanda, con un mayor acento en el mercado interno. De cumplirse esta agenda ya no se será posible repetir la dinámica del crecimiento global de 2003-2008, y un mundo más autárquico emergerá.

(De la edición impresa)

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