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El invierno se siente en los números de la economía

En julio, la actividad económica cayó 4,3% en términos anuales. Así, se consolida la recesión que comenzó en el último trimestre del 2015. Los datos del tercer trimestre no muestran un cambio significativo.

26-08-2016
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por Matías Carugati (*) y Máximo Pisa (**)

El Indec volvió a publicar el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), aunque no trajo buenas noticias. De acuerdo a las estimaciones de junio, la actividad económica cayó 4,3% en términos anuales, acumulando una contracción de 1,3% en lo que va del año. De esta forma, se consolida la recesión que comenzó en el último trimestre del 2015 y se convalida la estimación adelantada por el BCRA en su último Informe de Política Monetaria (aunque en mayor magnitud a la estimada por el Nowcast de la entidad). La pérdida de poder adquisitivo y la contracción fiscal enfriaron la demanda, amortiguada apenas por el empuje de las exportaciones agropecuarias y una inversión con señales mixtas (caída de construcción y más compras de equipamiento).

La recesión no pasó inadvertida en el mercado laboral. Tras meses sin estadísticas públicas, el Indec anunció que la desocupación durante el segundo trimestre alcanzó al 9,3% de la población económicamente activa. Si bien no puede realizarse una comparación con el último dato oficial debido a la manipulación estadística de la gestión anterior (subestimación de la tasa de actividad), las cifras muestran que 1 de cada 5 personas dentro del mercado laboral hoy se encuentra desocupada o subocupada, señalando una realidad preocupante. De hecho, datos provisorios del Ministerio de Trabajo confirman que sólo en el sector privado registrado se destruyeron 107.000 puestos de trabajo en los primeros cinco meses del año.

Los pocos datos que comienzan a publicarse para el tercer trimestre no muestran un cambio significativo del cuadro económico. Según la CAME, las ventas minoristas reportaron una baja de 8,1% anual el mes pasado. Por otro lado, los elevados costos de financiación continúan limitando el crédito al consumo, que no crece (en términos reales) en ninguna de sus variantes (tarjetas, préstamos personales y prendarios). En tanto, el sector automotor muestra señales dispares. El segmento de los usados cayó (en línea con la dinámica general) mientras que los patentamientos de vehículos 0 kilómetros crecieron de la mano de promociones y bonificaciones. Por el lado positivo, la información disponible a la fecha (desaceleración en el ritmo de caída de varios indicadores) muestra que el consumo estaría tocando fondo entre julio y agosto, con lo cual el sendero hacia delante sería de recuperación.

Los demás motores económicos están lejos de traccionar con potencia. Las exportaciones se fueron desinflando a medida que pasaron los meses. En rigor, sólo las ventas externas de productos agropecuarios sostienen el empuje, a diferencia de las de productos industriales y combustibles, los cuales desde un principio no lograron repuntar. En términos de inversión, la construcción sigue retraída y muy pocos de los anuncios se han concretado hasta la fecha. Quizás un dato alentador en este sentido sea el aumento en las importaciones de bienes de capital, señal de inversión en maquinaria y equipamiento. En tanto, el gasto público también se mueve a media marcha. En efecto, el gasto primario creció 27% anual en lo que va del año, claramente por detrás de los precios aunque con una aceleración en el margen.

De cara al futuro, las perspectivas son (algo) más auspiciosas. La desaceleración inflacionaria estimularía la actividad económica a través de dos canales principales. Primero, dados los lineamientos de la política monetaria, vía una progresiva reducción de tasas. Esta semana, el BCRA volvió a reducir en la tasa de referencia apoyándose en los datos de inflación de julio y lo que va de agosto. De continuar este ciclo de recortes, el crédito privado podría reanimarse al igual que las inversiones productivas, aún demoradas. Segundo, vía una recomposición (parcial) de los ingresos reales. La moderación de precios frente a la segunda parte del incremento de salarios y jubilaciones daría más oxígeno al consumo. Además, estos efectos podrían verse reforzados por la reactivación de la obra pública y los primeros resultados del blanqueo (más cerca de diciembre por cuestiones de diseño), especialmente en sectores como construcción, energías renovables o mercado inmobiliario.

(*) Economista Jefe Management & Fit

(**)Economista Management & Fit

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