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El Gobierno deberá elegir

06-06-2016
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por Ramiro Albrieu (*)

Las primeras medidas del Gobierno de Mauricio Macri apuntaron a corregir dos desequilibrios macroeconómicos fundamentales de la gestión anterior: los atrasos cambiario y tarifario. Con respecto al tipo de cambio, en los primeros dos meses de 2016 el tipo de cambio nominal siguió la tendencia iniciada con la devaluación de diciembre de 2015. El tipo de cambio subió 18% en enero, y otro 8% en febrero. Con respecto a las tarifas, los ajustes llegaron algo más tarde, pero también fueron de magnitud: las transferencias corrientes con fines económicos totalizaron en el primer cuatrimestre del año unos $ 53.400 millones, esto es, 12% por debajo del mismo período de 2015 en términos nominales.

 Era inevitable que la inflación se acelerara con las consecuentes subas en los sectores transables (por la devaluación) y en parte de los no transables (por el ajuste tarifario). Según el IPC de la Ciudad de Buenos Aires (IPC BA) se registró en abril una inflación minorista de 6,5% en relación a marzo, con lo cual acumula una suba de 21,8% desde principios de diciembre (17,9% en lo que va de 2016). En términos interanuales la inflación minorista ronda el 40%, cuando antes de la devaluación de fines de 2015 rozaba el 25%.

El dilema que surge ahora es si primará el deseo de mantener baja a la tasa de inflación o si primará la corrección de los atrasos que mencionamos más arriba. Existe un sendero de “divina coincidencia”, donde ocurren ambas cosas, pero para eso tendrían que aparecer presiones deflacionarias en el resto del sector no transable y en algunos transables protegidos (como la tecnología o los textiles). El tema es que ese sendero sólo es transitable si en los sectores no transables aparece una recesión fuerte (medidas de defensa de la competencia, Precios Claros y demás parecen insuficientes en un contexto de ajuste macroeconómico) y en los protegidos se remueve la protección: ambas cosas son impracticables desde el punto de vista político con miras a las elecciones de medio término del año entrante.

Desestimado el sendero de la “divina coincidencia”, queda elegir entre las otras dos opciones. No tenemos certezas aún sobre este punto porque buena parte del rebote en la competitividad era esperable dado el ajuste tarifario. Pero alguna evidencia da mayor crédito a la idea de que se consigue la estabilización macro si en el corto plazo se desacelera la inflación en desmedro de la corrección de precios relativos.

La información de la evolución de los precios de los últimos dos o tres meses (mayorista por debajo de la minorista; servicios por encima de bienes en el IPC BA y la suba de la relación salarios-tipo de cambio) apunta en este sentido. El anclaje del dólar es inducido por las políticas: las altas tasas de interés y el acortamiento de plazos de las Lebac (haciéndolas cuasiliquidas) mantienen a raya al dólar en un contexto de suba en los demás pr¿Cuál es el riesgo de esta estrategia? En el corto plazo, aparecen dos riesgos. El primero, que la inflación no se desacelere y haya que recurrir al sendero de la recesión. El segundo, que algún evento de inestabilidad financiera dificulte el roll-over de las Lebac (el plazo promedio de las últimas emisiones es de cincuenta días, un cuarto de lo que era un año atrás). Más hacia delante, la procrastinación en materia cambiaria demandará una corrección, y sabemos que esas correcciones son turbulentas. Veremos qué sucede. (*) Investigador del CEDES

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