El fin del default, los bonos y la economía familiar

La salida del país del Veraz internacional implica que la mesa está servida nuevamente. Sin embargo, lo que parece ser un motivo de festejo puede convertirse en la gestación de una próxima crisis si este nuevo excedente de recursos no se utiliza adecuadamente.

10-05-2016
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por Diego Martínez Burzaco (*)

¿Cómo impactará el fin del default en la economía del ciudadano común? Este tipo de preguntas es la que muchos especialistas han tratado de responder desde el momento en que Argentina consiguió US$ 16.500 millones en la colocación de los bonos en abril. El delicado estado de la situación económica pone en el centro de la escena al fin del default como el momento bisagra para comenzar a pensar en una recuperación.

Una buena forma de contestar lo anterior es entender qué es lo que se destrabó para el país una vez pagado el acuerdo con los fondos buitres el pasado viernes. Durante los últimos quince años, Argentina tuvo vedado el acceso al crédito internacional por no haber regularizado los incumplimientos de deuda que tuvieron lugar en diciembre de 2001. El país, por decisión política, se mantuvo en el Veraz del mundo desafiando la lógica del sistema económico imperante y al que la gran mayoría de los países cumple y respeta.

La imposibilidad de acceder al crédito externo no solamente pesaba sobre el Gobierno Nacional, sino que también se extendía a las provincias y a muchas de las grandes y medianas empresas de Argentina.

Se abrió la billetera En simples palabras, trasladado la realidad cotidiana, es como si uno, tratándose de un jefe de familia, no hubiera afrontado los pagos de las tarjetas de crédito por deudas que asumió años atrás ni tampoco se molestó en refinanciar esos pasivos con el fin de llegar a un acuerdo con sus acreedores.

Por esa actitud del jefe de familia, que perduró por un lapso considerablemente largo, tampoco podían acceder al uso de las tarjetas de crédito adicionales ni los hijos (provincias) ni sus primos (empresas) por el simple hecho de que el referente había dado un mal ejemplo.

El viernes 22 de abril, con el pago a los holdouts, el Gobierno Nacional regularizó su situación crediticia. Ahora está nuevamente calificado para salir a buscar deuda a ser aplicada para múltiples usos. Lo ideal es que este endeudamiento se utilice para obras de infraestructura o actividades que generen recursos para repagar posteriormente dicha deuda, habiendo generado empleos de calidad en el mientras tanto.

También las provincias y las empresas están en condiciones de salir a buscar fondos en los mercados. El destino que se dará a esos fondos debería tener la misma condicionalidad que para con el Gobierno Nacional: utilizarlos para actividades productivas, no para gastos corrientes.

Arrancó Neuquén

El puntapié inicial y lo dio la provincia de Neuquén, la semana última, cuando colocó US$ 250 millones a doce años. La tasa de interés pagada fue de 8,6%. La aplicación de los fondos, en tanto, es algo incierta.

Volviendo a nuestro ejemplo de la economía familiar, la situación es fácil de entender: el jefe de familia llegó a un acuerdo para pagar todos los saldos pendientes de las tarjetas de crédito. Esto habilita nuevas líneas de financiamiento tanto para él como para los adicionales de tarjetas para sus hijos y sus respectivos primos.

Los errores del pasado

Si se utiliza ese crédito para comprar alimentos en el supermercado, la obra social o cualquier otro gasto corriente, sabemos que para repagar esas deudas será necesario generar recursos adicionales de otras actividades. Eso implica esfuerzos extra para poder hacer frente a estas obligaciones.

Y esas responsabilidades serán más grandes si los adicionales de las tarjetas de crédito, utilizadas por los hijos y primos, se aplican a gastos superfluos que no generan un incremento del patrimonio que refuerce las capacidades de repago futuras.

El cierre del default para el país implica que la mesa está servida nuevamente. Sin embargo, lo que parece ser un motivo de festejo puede convertirse en la gestación de una próxima crisis si este nuevo excedente de recursos no se utiliza adecuadamente.

La Historia muestra que los políticos argentinos utilizan el endeudamiento de forma poco responsable. Los desmanejos de la deuda pública llevaron a que Argentina figure en el Veraz mundial de manera muy frecuente, algo completamente insano para un proyecto de país de largo plazo.

Una administración eficiente de los recursos, que implique un control estricto del presupuesto, es una condición necesaria para desarrollar un futuro sustentable. Esto es válido tanto para la economía del país, como para la economía familiar. Si nos atenemos a esto último, es posible que la historia futura sea distinta a la que dejamos atrás.

Si incurrimos en los desequilibrios pasados, no tendremos remedio.

(*) Economista jefe de Inversor Global.

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