El Círculo Rojo global, preocupado por el populismo

12-01-2017
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“Años de acumulación de presiones en muchas partes del mundo, al menos desde la crisis financiera mundial, se cristalizaron en dramáticos resultados políticos durante el 2016 a medida que aumentaba la insatisfacción pública con el status quo”, dice el informe “Riesgos Globales 2017” que ayer presentó el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).

Y no solo fue el Brexit y Donald Trump. “También vimos variaciones de ellos en países de todo el mundo, incluyendo Brasil, Filipinas y Turquía”. Riesgos, dice el WEF para lavar culpas, que ya habían sido advertidos en años anteriores. El problema es que ahora son reales. La prédica populista y antiestablishment, dice el reporte, “hoy gana elecciones”. El riesgo no es menor: no solo aumenta la volatilidad e invita a hacer excursiones ideológicas exóticas sino que, a la larga, todos estaremos peor. Eso es lo que piensan en el WEF, y se escuchará mucho desde el martes 17, cuando arranquen las deliberaciones en los Alpes suizos.

Para detener la ola populista hay que atacar las causas que lo nutrieron en primer lugar. El reporte pide hacer eje en cinco aspectos: fomentar una mayor solidaridad y un pensamiento a largo plazo en el capitalismo de mercado; revitalizar el crecimiento económico mundial; reconocer la importancia de la identidad y la inclusión en las comunidades políticas sanas; mitigar los riesgos y explotar las oportunidades de la Cuarta Revolución Industrial y, además, fortalecer nuestros sistemas de cooperación global. Todo muy lindo, dirá alguno, ¿pero cómo hacemos todo eso si el norte es la próxima elección y prima el cortoplacismo?

El riesgo mayor, según los casi 800 expertos sondeados, es la creciente disparidad de ingresos y riquezas. Pero, aquí también, las recetas no son fáciles y menos si la economía sigue creciendo poco. En rigor, la recuperación posterior a la crisis subprime es la más amarreta y mezquina de las últimas décadas. Los ingresos del 1%, sin embargo, son cada vez mayores (proporcionalmente) desde los '80 y eso se agravó desde la salida de la crisis. Las políticas de flexibilización cuantitativa (en criollo, la maquinita) potenció eso porque reflotó el precio de los activos en poder de los más adinerados. Hoy, el 1% más rico de EE.UU. se lleva más del 20% de la torta.

También preocupa la retracción de los acuerdos de cooperación globales, con varios países de peso retirándose de la mesa o nunca sentándose a firmar. Encontrar soluciones así, en un mundo crecientemente interconectado, luce complejo. Por ejemplo, en cuanto al cambio climático (el segundo riesgo del ranking).

La polarización hacia el interior de las sociedades también es un riesgo (ocupa el tercer lugar) porque dificulta hacer políticas y tomar decisiones. Una suerte de división interna (vaya si las vimos por estas pampas) entre los más grandes y quizás menos educados con respecto a los jóvenes, modernos y urbanos. Eso se vio claramente en el Brexit y la frustración juvenil que generó la salida de la UE.

El mundo, y no sólo Argentina, serán temas para seguir de cerca en los próximos años.

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