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El bono demográfico

¿Otro viento de cola que empuja a la economía?

08-02-2012
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En los próximos años la economía argentina estará en condiciones de beneficiarse de dos fenómenos. Uno es el mantenimiento de los precios internacionales. Todo indica que más allá de alguna turbulencia, las commodities seguirán en niveles altos. El otro tema tiene que ver con las características de su población. La proporción de personas en edad de trabajar seguirá aumentando en relación a los menores de 15 años y los mayores de 60. Las dos noticias son positivas porque ayudarán el crecimiento económico. Al menos es así en los papeles. Los altos precios de los granos aseguran un piso de rentabilidad para uno de los sectores más dinámicos de las últimas décadas en el país. Eso hace pensar que la producción agropecuaria seguirá creciendo, los volúmenes exportados subirán y el empleo también. Por su parte, con respecto a la demografía, los especialistas aseguran que en los próximos diez años habrá más personas en el mercado de trabajo en relación a niños y jubilados. Las dos son buenas noticias para quien gobierne.

Los precios altos de las materias primas garantizan la recaudación por retenciones. Y la caída del índice de dependencia (relación entre población activa y no activa) significa más financiamiento para el sistema de seguridad social porque aumentará la recaudación por aportes y contribuciones (de no mediar una crisis grave). En los últimos años hay quienes describieron el primer fenómeno como viento de cola. El Gobierno se vio beneficiado y aprovechó. Menos renombrado resulta el asunto de la demografía. En los últimos años la economía argentina se oxigenó gracias a una población económicamente activa (PEA) que creció en relación a quienes reciben las prestaciones sociales. ¿Entonces la Argentina se beneficia de un viento de cola internacional y de uno local?

Decir que la economía argentina creció en los últimos años únicamente por el viento de cola internacional luce simplista. Y lo mismo sucede cuando se habla de la transición demográfica. Por ejemplo, en materia de cobertura social el Gobierno tomó decisiones propias más allá de cualquier ventaja en la estructura demográfica. Hoy la Argentina es el país con más cobertura en la región, pero el Gobierno deberá tomar más decisiones si quiere volver más previsible el financiamiento del sistema en el futuro. Una alternativa para ello es invertir en capital físico, capital humano y en conocimiento. ¿Porqué? Porque la transición demográfica de una población joven a una vieja aumentará la PEA, pero una PEA de alta productividad necesita de equipos, mano de obra especializada y conocimientos. De ese modo la Argentina aprovechará el bono demográfico.

Qué es el bono

La evolución de la estructura poblacional de la Argentina se parece más a la de los países emergentes que a la de los desarrollados, según muestra Carlos Grushka, profesor en la Universidad de San Andrés y especialista en demografíay sistemas de seguridad social. En las economías más avanzadas la proporción de la población entre 15 y 64 años (o sea, prácticamente en edad de trabajar) se calcula que disminuiría en los próximos cuarenta años. En las emergentes en cambio aumentará. La misma tendencia se ve para América Latina y, en particular, para la Argentina. En la región, el país se caracteriza por tasas de natalidad y mortalidad entre medias y bajas. La tasa de fecundidad, por ejemplo, en Chile, es todavía más baja que la de la Argentina. Según lo establece la demografía, la tasa global de fecundidad debe ubicarse en 2,1 hijos por mujer para que la población se mantenga constante. En 2009 esa tasa se ubicó entre 2,3 y 2,4, lo que está claramente por encima del nivel de reemplazo, pero es bastante menor a la que se observaba, porejemplo, en 1980-85, cuando el INDEC la estimaba en alrededor de 3.

Las diferencias entre las distintas regiones del país son evidentes. La tasa global de fecundidad en la ciudad de Buenos Aires, de 1,9 hijos por mujer (similar a Europa) es mucho más baja que en la región del noroeste y noreste. Provincias como Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, Misiones, Salta, SanJuan, Santiago del Estero y Tucumán mantienen tasas de natalidad muy por encima de la media. Como se trata de regiones de menores ingresos, también experimentan emigración hacia los centros urbanos más grandes, como el Gran Buenos Aires. Esto reduce la tasa de crecimiento poblacional de esas regiones, a pesar de su fecundidad. Ahora bien, ¿qué sucede con el bono demográfico? ¿En qué consiste? El Censo 2010 indica que la población de 65 años o más representa el 10,2% del total. Simultáneamente hay una gradual disminución en la participación de la población entre 0 y 14 años. En la actualidad es un cuarto de la población, pero en 2001 era 28%. Estas tendencias indican que el país está atravesando hoy la etapa de la transición demográfica del bono o dividendo demográfico durante la cual se reduce la tasa de dependencia: sube la proporción de habitantes entre 15 y 64 años en relación al resto como paso previo a un futuro envejecimiento. Según muestra el economista del CEDES José María Fanelli en un libro próximo a publicarse, la tasa de dependencia seguirá cayendo durante varios años y el aumento de la participación de la población de 65 años (y más) no será marcado.

El bono en la agenda del G-20

Las Naciones Unidas consideran que el dividendo demográfico es una buena noticia para los países porque significa que el tamaño de sus poblaciones en edad de trabajar se mantendrá por encima del resto: habrá menos niños por hogares y la proporción de ancianos bajará. También se cree que al ser menor la dependencia, la capacidad de ahorro de los hogares y la disponibilidad de trabajadores en edad activa aumentarán. Según estimaciones de las Naciones Unidas la proporción de la población que cuenta con más de sesenta años crecerá en todos los países entre el presente y 2050 y esas personas se espera que consumirán más que lo que contribuirán a producir. El mundo desarrollado es el que avanza más rápido en este proceso junto con los países asiáticos del este: Japón, China y Corea, con sus diferencias, están en la vecindad del máximo de participación de la fuerza de trabajo en edad activa y de ahora en más aumentará fuertemente el peso de los dependientes por el proceso de envejecimiento.

Fanelli calcula que la evolución de la estructura demográfica en los países impactará a través de nuevas demandas para los gobiernos y eso afectará el crecimiento económico de los próximos años. Para el economista uno de los temas centrales de negociación del G-20 (representa el 85% del PIB global) será cómo explotar las ventajas potenciales de la diversidad demográfica. Y la Argentina tiene dos ventajas, señala. Primero, puede observar con antelación los problemas que aparecerán en los países más avanzados en la transición demográfica. Segundo, los países demográficamente más jóvenes, como la India, a medida que se desarrollen demandarán productos como alimentos y granos. En el G-20 hay tres grupos bien diferenciados, los países 'viejos' en los que ya se cerró la ventana demográfica (Inglaterra, Italia, Francia, Alemania y Japón); los países en los que la ventana se cierra en esta década (Canadá, Australia, EstadosUnidos, Rusia y Corea) y los que aún tienen un largo período de dividendos (China, la Argentina, Brasil, México, Indonesia, Turquía, Arabia Saudita, India y Sudáfrica). “Este último grupo de países es el que tiene mayor potencial de crecimiento y, por ende, cuenta con los proyectos de inversión de mayor rentabilidad”, dice Fanelli.

¿Cuál es el 'verdadero' impacto?

Hay quienes, sin embargo, creen que el impacto del bono demográfico sobre la economía argentina no es tan beneficioso ni tan importante. Algunos especialistas prefieren hablar de 'ventana de oportunidades' en lugar de bono demográfico. Para Grushka “el bono demográfico tiene una connotación positiva que no siempre es así”. Por ejemplo si una economía atraviesa un ciclo recesivo y más personas se vuelcan al mercado de trabajo, las tensiones sobre éste aumentarán. “Por eso se dice que el bono demográfico es un invento de los optimistas, todo depende de cómo se acompañe a esaproporción de la población”. Rafael Rofman, un economista que trabaja para el Banco Mundial en la oficina de Buenos Aires, opina parecido. “El bono demográfico es bueno casi siempre, porque es mejor tener más población en edad activa que niños o jubilados. Ahora, es necesario tener en cuenta el ciclo para entender su impacto”. Los más escépticos se preguntan de qué sirve el aporte de la demografía a la economía si menos de la mitad de los adultos contribuyen a financiar el sistema de seguridad social. Eso ocurre hoy en la Argentina. Desde hace varias décadas que el financiamiento a la seguridad social en el país es mixto: el 50% de la ANSeS proviene de aportes y contribuciones y el resto de rentas generales.

¿De qué sirve entonces proyectar que habrá más activos en proporción a pasivos durante los próximos años? Fabio Bertranou, un especialista en mercado de trabajo y protección social que trabaja en la oficina de Buenos Aires de la Organización Internacional del Trabajo, incluso cree que eso no cambiará: “La desvinculación del financiamiento del sistema de seguridadsocial en relación al desempeño del mercado de trabajo continuará en el futuro”. Hace poco el economista de la Universidad Di Tella Pablo Gerchunoff dijo que la economía argentina no solamente se había beneficiado en estos años de los precios altos de las commodities sino también de la transición demográfica. Rofman no opina igual. “El impacto del bono demográfico es menor. Va un ejemplo: los jóvenes destinan cada vez más años al estudio y se insertan cada vez más tarde en el mercado laboral. Además, el aumento de la tasa de actividad de la mujer en estos últimos años es un fenómeno más importante para la economía que el bono demográfico”. Ahora, ¿de qué depende que la Argentina aproveche el bono demográfico en los próximos años? O, en todo caso, ¿por qué el impacto del bono demográfico no repercutió sobre la economía argentina si la aritmética señala que la proporción de activos creció y más recursos entran a financiar la seguridad social?

Los especialistas consultados por El Economista brindan tres explicaciones. Primero, el dividendo demográfico aumenta potencialmente la población económica activa y, al aumentar la proporción de gente que trabaja, incrementa el ahorro. “Para que el bono se haga efectivo ese ahorro debe convertirse en capital productivo y para que esto ocurra es vital contar con condiciones institucionales que no obstaculicen los canales de asignación del ahorro hacia su uso más productivo”, dice Fanelli. “El sistema financiero que cumple la función de asignar el ahorro a la inversión es muy pequeño en nuestro país y no hay crédito de largo plazo para la producción. La contracara del subdesarrollo financiero es la salida de capitales” . En segundo lugar, el dividendo mal invertido puede convertirse en un pasivo: en el futuro el envejecimiento presionará sobre el presupuesto público porque aumentará la proporción de trabajadores retirados y esto aumentará los gastos de salud. No es casualidad que los países que ya están envejecidos estén replanteando el funcionamiento de sus sistemas de seguridad social, desde la forma de financiarlos hasta la edad de retiro. Muchos países tratan de incentivar el ahorro previsional voluntario.

La Argentina tiene ciertas preguntas sin respuesta fácil sobre el futuro de su sistema de seguridad social. “Sin lugar a duda la coberturay el financiamiento son los principales interrogantes”, señala Oscar Cetrángolo, economista y especialista en temas de seguridad social. La presidenta Cristina Fernández dijo en la semana durante un discurso que la Argentina tiene un sistema de seguridad social con mayor cobertura que Brasil, Chile y Uruguay. Y mencionó que eso fue gracias a las medidas tomadas durante la gestión oficialista. Según datos de la ANSeS en el país hay jubiladas 6.879.000 personas, de las cuales, el 44% fueron incluidas en virtud de la moratoria previsional ?y de ese 44%, el 75 son mujeres?. Esto quiere decir que una porción grande de los jubilados en laArgentina no hicieron los aportes. Un documento de la CEPAL y la OIT que saldrá en pocas semanas (“Encrucijadas en la seguridad social argentina: reformas, cobertura y desafíos para el sistema de pensiones”, de Bertranou, Cetrángolo, Grushka y Casanova) sugiere atender a los distintos parámetros económicos, laborales y demográficos que afectan la sostenibilidad del sistema. ¿Qué quiere decir esto? Que si bien en el corto plazo la sostenibilidad del sistema de seguridad social está garantizada, en el largo plazo hay que responder preguntas.

La educación y el bono

Un tercer motivo por el cual la Argentina podría no estar aprovechandoel bono demográfico es que no invierte lo suficiente en educación en las zonas más pobres. Según el INDEC las regiones más ricas y con mejor índice de desarrollo humano, como la ciudad de Buenos Aires, son las que tienen menor tasa de fecundidad y, por ende, menor proporción de niños y mayor de ancianos. “Esto es un pasivo para el futuro ya que esos niños tendrán menor productividad en el futuro, cuando les toque hacerse cargo de una mayor proporción de retirados”, explica Fanelli. “Una baja productividad laboral es sinónimo de una baja capacidad para pagar impuestos”.

(De la edición impresa)

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