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“El atraso cambiario es pan para hoy y hambre para mañana”

Entrevista a Fabio Rodríguez, Economista y socio de M&R Asociados.

07-06-2016
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“El objetivo del Gobierno hoy es que repunte la economía y haya más empleo”, dice Fabio Rodríguez. ¿El costo? “Resignar algo de consistencia en los fundamentales macroeconómicos”. En diálogo con El Economista, analiza los motivos y los posibles impactos de la superley que está tratando la Cámara Baja, y advierte sobre los problemas que acarrea tener un tipo de cambio atrasado. “Vamos a darle pichicata al consumo, pero vamos a estar mal desde el punto de vista productivo”, explica.

En una columna publicada el domingo, en coautoría con Gustavo Marangoni, le dan la bienvenida a una suerte de nuevo enfoque del Gobierno con respecto a la dinámica de la economía. ¿Nos puede contar algo más?

Quizás sea mucho llamarlo un punto de inflexión del abordaje que se estaba teniendo de los problemas económicos, pero hay claramente una apuesta de mayor intensidad y de medidas más audaces para que la reactivación, como la baja de la inflación y algún alivio social, llegue más pronto. Eso vale la pena resaltarlo y en enhorabuena estas medidas. Nos parecía que en los primeros 4-5 meses la percepción que se tenía sobre la inflación récord, el desplome de los indicadores de la economía real y el consumo y el contagio que estaba teniendo el mercado laboral era más light y temporaria, pensando en que en el segundo semestre se revertiría. Las medidas que se tomaban eran de poca magnitud macroeconómico. Había una apuesta de cambiar de un modelo basado en el consumo a uno basado en la inversión pero sin puentes. El Presidente, abriéndose al mundo, estuvo convocando la inversión estratégica y más de largo plazo, y eso es bienvenido porque aumenta el capital en la economía y el crecimiento de largo plazo, pero demora. Pero hay otra inversión que mira el ciclo corto, el PIB y el mercado interno: esa inversión también es muy importante. En este paquete de medidas, con blanqueo y reparación histórica a los jubilados incluida, y le agregaría el ritmo que va a tomar la obra pública, hay una especia de raptos de keynesianismo. Es un sesgo interesante.

Mencionó la cuestión de la inflación, ¿pero el paquete de medidas, que implica más gasto público, no va a generar más inflación o, cuanto menos, no sugiere que el Gobierno tolera algo más de inflación?

Es probable, aunque no el corto plazo. En el mediano, implica que la baja de la inflación, así como la reducción del déficit fiscal, serán más graduales que lo planteado por los números oficiales. En el corto plazo, el tipo de cambio planchado y la mantención de tasas de interés en niveles muy altos le han asegurado al Gobierno cierta tranquilidad en el frente inflacionario en los próximos meses. Y eso va a seguir así porque el ingreso de dólares seguirá apreciando el peso, y eso es un anclaje para la inflación, aunque no puede ser problemático y hay que seguirlo de cerca. No creo que el paquete ponga en riesgo los valores inflacionarios de los próximos meses: en todo caso, hace más extensa la convergencia al dígito, así como posterga el cierre del bache fiscal. Es un trade-off, como siempre los hay. El objetivo es que repunte la economía y haya más empleo, y resignás algo de consistencia en los fundamentales macroeconómicos.

¿Eso no puede generar algunas tensiones, por ejemplo, con los inversores que miren con malos ojos ese relajamiento en el compromiso con la recuperación de los equilibrios macroeconómicos?

No lo veo pues las señales en el otro sentido se siguen dando. Hay trabas que se siguen removiendo y en el paquete enviado al Congreso está la intención de cambiar algunos impuestos y se está hablando que en la Ley de Presupuesto del 2017 va a haber una reforma integral del sistema impositivo y laboral. También sigue habiendo señales hacia la Inversión Extranjera Directa (IED), que debemos recuperar: pasamos de recibir 17% de esos flujos a apenas 5%. Eso sigue estando, aunque seguramente van a mirar que no se deteriore el sendero hacia la baja de la inflación y hacia la normalización de los equilibrios económicos.

 ¿Qué pasa si el blanqueo no es tan exitoso como supone el Gobierno?

Seguirán siendo más importantes las necesidades de financiamiento y el país deberá seguir saliendo a los mercados. Un blanqueo exitoso, en cambio, te puede dar, vía suscripción de bonos, un gran respiro en las necesidades de financiamiento y poder acelerar muchas partidas de gasto para sectores específicos como obra pública, que tiene muchos derrames, arranque más rápido. Hay que ver dónde se pone la vara: se empezó hablando de US$ 60.000 millones y ahora se habla de US$ 20.000 M, que sigue siendo una vara alta si uno mira nuestro historial en la materia.

La AUH fue muy efectiva a la hora de reactivar la economía inyectando dinero “por abajo”. ¿Pasará lo mismo con los jubilados?

Sí, es un sector postergado y que se ha quedado fuera del consumo de ciertos bienes y servicios en los últimos meses por lo que pasó con la inflación. Tienen una propensión alta a consumir y van a volcar ese dinero rápidamente al circuito.

Mencionó la cuestión de la apreciación del peso. ¿Puede y quiere el BCRA hacer algo al respecto?

Es preocupante que para asegurarnos excesivamente de que abatimos la inflación tenemos que resignarnos a convivir con apreciación. Hay que romper ese dilema. Todavía falta un equilibrio. La promesa del BCRA era empezar a convivir con cierta volatilidad del tipo de cambio, es decir, que vaya para arriba o para abajo, pero no siempre hacia abajo como está ocurriendo. Si la inflación empieza a bajar escalonadamente, el desafío es mover para abajo con más intensidad la tasa de interés, y dejar que el tipo de cambio vaya más para arriba y se acomoden los flujos.

Muchos temen que el tipo de cambio atrasado haya llegado para quedarse?

Sí, y el Gobierno debe estar atento a eso porque es pan para hoy y hambre para mañana. Vamos a darle pichicata al consumo, pero vamos a estar mal desde el punto de vista productivo y creando una dualidad: por un lado, un sector agroindustrial con un tipo de cambio que le sirve (además le sacaron trabas y retenciones) y, por el otro, economías regionales y la industria en general que tienen otros niveles de competitividad. Hay que tener muy presente eso porque, además, el tipo de cambio va a estar castigando más a los sectores que emplean más mano de obra.

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