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El atraso cambiario atenta contra la creación de empleo

Con la inflación bajando (pero aún elevada) y las perspectivas para la devaluación del peso están acotadas, la tendencia a la apreciación de la moneda se agudizará en los próximos trimestres y será un escollo para la reactivación del mercado laboral. Las opciones y los costos.

21-06-2016
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La aceleración de la inflación, combinada con la baja en el precio del dólar, atrasó el tipo de cambiario. Más allá del ilusorio “efecto riqueza” que eso genera pues sube el poder de compra en dólares y, por ejemplo, abarata los viajes al exterior o acerca la compra de bienes importados, los economistas, los exportadores y el Gobierno está preocupados, y hacen bien en estarlo.

Los números

Los cálculos que hacen los economistas son elocuentes. “El retroceso del precio del dólar y la persistencia de la inflación ya recortaron más de la mitad de la competitividad ganada en el verano con la devaluación. La preocupación por el retraso cambiario llevó al BCRA en la última semana a intervenir en el mercado intentando poner piso a la cotización del dólar. Sin embargo, la expansión monetaria asociada a la compra de divisas compromete el objetivo de estabilización de los precios”, sostiene Federico Muñoz en un informe difundido el fin de semana.

Un informe de FyE Consult, capitaneada por Hernán Hirsch, le poner algo de perspectiva histórica. “El Tipo de Cambio Real Multilateral contra las principales monedas de los países con los cuales comercia Argentina (TCRM) se está ubicando en niveles de 1,11 puntos en junio (base 1 =diciembre de 2001), mostrando una disminución del 3,9% con relación a mayo, registrando su tercera caída consecutiva y una pérdida de aproximadamente 60% de la ganancia cambiaria máxima alcanzada desde la devaluación de diciembre de 2015 (1,34 puntos)”.

Agrega Hirsch: “Con relación al dólar, la pérdida fue del 73%, haciendo que el tipo de cambio real bilateral contra la moneda norteamericana se ubique en niveles del 1 a 1, similar a los de fin de la convertibilidad”. La mayor pérdida en la competitividad bilateral se originó con China (-83%) mientras que con Brasil, nuestro principal socio comercial, la pérdida fue de 40% y, con Europa, 65%.

A nivel sectorial, el gran ganador fue el agro pues, además de “la deva”, recibió la quita de retenciones en el caso del maíz y el trigo. Un poco más atrás figura la soja, que además recibió un impulso en los mercados de Chicago y, por último, aparece la industria. “La ganancia de competitividad del sector industrial desde la salida del cepo se haya reducido del 44% al 20% entre marzo y junio de 2016, mostrando una tendencia de deterioro a futuro clara”.

Con la inflación bajando (pero aún elevada) y las perspectivas para la devaluación del peso están acotadas, la tendencia a la apreciación de la moneda se agudizará en los próximos trimestres. Proyectando una tendencia de mediana plazo, “creemos que la oferta de dólares proveniente del campo tenderá a aumentar”, dice Hirsch, y agrega que “esta mayor oferta de dólares profundizará la dinámica de apreciación real cambiaria que se viene observando”. La oferta de dólares seguirá siendo abundante en la plaza y la demanda podría mantenerse acotada: ambos factores se conjugan para ejercer una presión bajista sobre “el billete”.

Los desafíos

Pero todo esto no es sólo un problema cambiario o financiero sino que redunda en la economía real. “Un crecimiento económico más intensivo en el campo que en la industria y los servicios implicará una menor generación de empleo a futuro”, explica Hirsch. El Gobierno deberá hacer algo para evitar que el atraso cambiario obstruya el crecimiento de las exportaciones (en rigor, no están creciendo y los exportadores reclaman que el dólar de $14 “no alcanza”) y la llegada de inversiones (que tampoco están llegando en la cuantía necesaria) que prefieran países en los cuales sus dólares “rindan” más en la moneda local mientras vela por un descenso de la inflación. No será fácil.

Algunos ya ven para dónde perfila la cosa y no les gusta. “Hoy por hoy, hay un riesgo de repetir la ilusión del menemismo de combinar tasas de interés altísimas, pérdida de competitividad, ingresos de capitales de corto plazo y nuevo endeudamiento”, le dijo Roberto Lavagna a Clarín hace unos días desde París.

Por eso, el Gobierno empieza a preocuparse con que la economía real arranque. “El sector del campo, donde hubo decisiones correctas, y la obra pública son, hoy por hoy, instrumentos para empezar a dar una respuesta al tema y poner la economía en marcha (?) Quiero que quede bien en claro que, cuando digo campo y obra pública, estoy diciendo el empujón inicial”, agregó Lavagna. “Un esquema integral requiere de una presencia activa de la industria”, concluyó.

El Gobierno tiene el tema en agenda y el “paquete Pyme” así lo demuestra, pero la cuestión cambiaria (más allá de que, como reza la cantinela, no es todo) debe ser tenida en cuenta. El objetivo, si quiere ir por la erradicación de la pobreza y evitar tragos amargos a lo largo del camino, es hacer más y no dormirse en los laureles de la abundancia de dólares ni creer que con la frazada del agro basta para cubrir a más de 40 millones. Tener dólares y un agro pujante es clave, y allí acertó el Gobierno, pero deberá ser creativo para con todos los demás.

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