Dividiendo los tiempos

01-04-2016
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(Por Manuel Adorni, analista económico)

La luna de miel con la que hasta hoy gozaba el Gobierno de Mauricio Macri comienza poco a poco a desvanecerse. Tal vez por el mero paso del tiempo, o tal vez porque las medidas de ajuste de los últimos días han puesto en alerta el bolsillo del ciudadano común. Lo cierto es que parece que el Gobierno ha decidido, desde su comienzo, exprimir ese verano del que goza cada nuevo Presidente y llenarlo de malas noticias con el objetivo de amortiguar el impacto en el malestar social, prometiendo un futuro cercano mucho más próspero y feliz, al menos en términos de inflación: nuestro ansiado segundo semestre.

El énfasis que ha puesto durante estos más de cien días de Gobierno en el segundo semestre tiene varias explicaciones. A pesar de las aseveraciones, nadie cree que la inflación para todo el 2016 esté por debajo del 25% prometido. Sin embargo, poco le importa eso al Gobierno debido a que con los niveles actuales de inflación no hay mejor opción que intentar desviar la mirada hacia el futuro intentando evitar detenerse en la realidad del presente. Este primer semestre transita con ajustes en las tarifas de luz, gas y electricidad, aumentos en la nafta y el transporte público, ajustes en alquileres y telefonía, aumentos en alimentos de la canasta básica, medicina prepaga y peajes, y seguramente muchos golpes adicionales al bolsillo por ese fatídico 4% de inflación mensual desde hace ya algunos meses.

Es razonable que el Gobierno nos exija mirar al futuro. Nadie pretendería observar con buenos ojos la situación por la que atraviesa hoy la economía argentina. Y esto es independiente de quien sea el responsable del desbarajuste económico: si la administración anterior o el actual Gobierno. Lo cierto es que ante los evidentes hechos, poner de lleno el total de las expectativas en el segundo semestre es, a priori, atinado.

Seguramente la mitad de año nos encontrará con la mayor parte de las malas noticias ya consumadas. Si el Gobierno no corrige la consecuencia de los ajustes que está realizado y logra enderezar el nivel de consumo, la inflación efectivamente quedará reducida a los niveles que el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, pretende. Esto no es, definitivamente, una buena noticia cuando uno mira la situación en su conjunto: merma de la inflación a cambio de retracción en el consumo y estancamiento del nivel de empleo. Este será el escenario que viviremos en el segundo semestre del año no de modificarse nada sustancial en el camino que transita el equipo económico.

De vital importancia es el pago a los holdouts y la salida definitiva del default por el que atravesamos desde hace más de catorce años. Las inversiones y el flujo de dólares que Argentina seguramente conseguirá en el futuro serán una condición necesaria para afrontar con crecimiento los años que vienen. De igual forma esta situación poco impacto tendrá en el próximo semestre y tal vez el comienzo de un proceso de crecimiento se logre realmente a partir del 2017 y no antes.

Para lo que resta del año el escenario nos ubica en una situación de retracción en el consumo y estancamiento general de la economía, y se deberá buscar que el crecimiento económico esté apuntalado por el sector exportador, las inversiones y crédito externo, apuntando al desarrollo sostenible en el tiempo que permitan, mientras se terminan de eliminar las distorsiones en la economía, pisar nuevamente la senda del crecimiento.

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