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Diálogos after office

02-03-2017
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El periodista dialogó con economista (E) de la city porteña

Periodista: ¿Se fue febrero? ¿Cómo arranca marzo?

Economista: Sin grandes noticias. Los dólares de la soja nuevamente salvarán el año para el sector externo y el mercado cambiario y van a sostener algo el consumo hasta junio, digamos.

P: ¿Nada más?

E: Sin inversión pública que despegue, ni lluvia de inversores externos, los brotes verdes no van a producir más que algunos bonsai, o plantines de vivero?

P: Lo veo escéptico.

E: Yo pensaba en reformas estructurales, y en un ajuste de única vez en el mercado interno. Se optó por gradualismo tarifario pero que en los asalariados son una sucesión de shocks, y sin ajuste fiscal. Mientras en el exterior compren deuda del Tesoro y los bancos locales sigan atesorando Lebac, se evita una crisis, pero con eso no se crece, ni se estabiliza la inflación.

P: ¿No ve ajuste fiscal alguno?

E: A ver, la comparación se complica por la forma de presentación de los números fiscales del Ministerio de Hacienda. Según el método “antiguo” y restando transferencias del BCRA y del FGS ANSES de los ingresos corrientes en 2015, el déficit financiero fue de $ 364.900 millones y un poco más de $ 365.100 millones en 2016. En la forma nueva, ahora publican que 2016 cerró con un rojo financiero de casi $ 475.000 millones. Es demasiada la diferencia por las llamadas “Rentas de la propiedad”.

P: ¿Entonces ¿es ajuste o no?

E: Eso lo vemos en los números “sobre la línea” y sin esas rentas. En 2016 la suma de ingresos tributarios, no tributarios y de la seguridad social crecieron 35%, pero si le resta los casi $ 120.000 millones del blanqueo, crecieron sólo 25%. Los gastos en seguridad social crecieron 37% y remuneraciones subió 34% en un año. Es el mismo sendero del gobierno anterior.

P: ¿Hubo otros rubros con mayor suba de gasto?

E: Le muestro la planilla oficial: transferencias corrientes a las provincias crecieron 166%, al sector privado (léase empresas de servicios públicos), 57%, a las universidades públicas 32%, y el déficit operativo de las empresas públicas saltó 79%.

P: Se entiende entonces la necesidad de metas fiscales como las que propone Dujovne.

E: Coincido, pero con reservas

P: ¿Cuáles?

E: A ver, fijarse metas, OK, pero no sabemos cómo alcanzarlas realmente. Si se está insinuando un blanqueo previsional, ¿la diferencia se financia achicando el FGS-ANSES, o con más deuda pública o emisión monetaria? Dujovne no explica el cómo. Observe además que ahora muestra los números fiscales base caja sobre la línea. La nueva presentación de los datos de 2016 ahora no muestra las fuentes de financiamiento. De mantenerse eso sin cambios, sería un gran salto hacia atrás.

P: La idea es sostener la recaudación vía reactivación. Según Hacienda y no pocos consultores la recesión terminó en el 4° trimestre de 2016.

E: Cuidado con eso. Todavía no sabemos si la aceleración del EMAE del INDEC se truncó o en enero y febrero. El comercio interno no anda nada bien, y la industria manufacturera tampoco.

P: A ver, la producción industrial según FIEL creció 0,9% desestacionalizado en enero.

E: Sí, pero es la menor velocidad de suba de los últimos cuatro meses. Los datos del INDEC sugieren que el nivel de actividad de enero no sólo cayó 1,1% en 1 año. Habría sido el más bajo desde febrero de 2015. El uso de la capacidad instalada de la industria muestra algo bastante preocupante: el promedio del año pasado fue de 64,5%, el nivel más bajo desde 2002. Imposible pensar en una reactivación con un repunte de 3 o 4 meses que no se sabe si es permanente o transitorio.

P: ¿Para usted entonces la recesión no quedó atrás?

E: Necesito no menos de 6-8 meses más para creer que eso sea verdad.

P: ¿Y la construcción?

E: No la veo con el impulso que esperábamos en marzo del año pasado. Tampoco a las exportaciones. La soja es la que saca las papas del fuego, pero con exportar soja y un mercado interno frágil, los ajustes de tarifas destrozan el ingreso disponible y el consumo.

P: ¿La salida sería el consumo?

E: Bueno, el “cambio” que deseábamos algunos era más crecimiento, y por el lado de la demanda menos consumo público con más inversión y exportaciones. Con gasto público volando, e inversores reticentes, el combo de subas de tarifas, inflación de bienes no transables y costo interno, más atraso del tipo de cambio torna imposible una mejora de la balanza comercial y del saldo de cuenta corriente. Algo nada alentador para el empleo y para las empresas con caídas de ventas.

P: ¿Es crítico el escenario, entonces?

E: No para la macro, pero la micro no mejora. El costo del crédito sigue siendo alto, y cuando venía recuperándose el salario real, vemos nuevas rondas de suspensiones y despidos, y algunos errores como esto de los precios transparentes. La intención fue buena, pero la comunicación fue confusa. El frenazo en el consumo tal vez sea transitorio, pero difícilmente se sostengan algunas bajas iniciales de precios de contado en electrodomésticos.

P: ¿Lo dice por la demanda?

E: Y por el impacto para los comercios en su capital de trabajo. Si venden en un pago con tarjeta de crédito dos de las operadoras de tarjetas les transfieren los fondos en 18 días hábiles, y otra en 28 días hábiles Si venden en cuotas, obtienen algo de cash en 48 o 72 horas. Al caerse las ventas en cuotas por la confusión generada, el impacto sobre los comercios se asimila subiendo precios y achicando personal y locales alquilados. El efecto recién se empezó a ver en febrero, pero es gradual y de difícil reversión en el corto plazo. Así que, si ya no hay recesión, lo sabremos recién entre junio y agosto.

P: ¿Y la inflación?

E: Depende de las paritarias. Creo que hay que esperar, y desear también que se estabilicen los reclamos en niveles pagables. Si se acelera la suba de costos, a olvidarse de las metas de inflación del BCRA.

P: ¿No las ve sostenibles?

E: El BCRA está sobre el filo de una navaja: reducir tasas y expandir la oferta monetaria para evitar la recesión, u optar por el camino contrario para domar la inflación, a costa de enfriar el mercado interno. Ahora, el mercado demanda mensajes claros. Eso de anunciar la semana pasada una baja de encajes y asociarla a futuras subas de tasas de interés sonó cuanto menos, confuso.

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