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Detrás del reformismo permanente (y necesario), aparece un plan integral

Ningún plan es perfecto y se puede discutir la velocidad de la implementación de las reformas, siempre sujetas a las restricciones políticas y presupuestarias, pero la dirección oficial es la acertada

23-11-2017
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Por Guido Lorenzo Economista de ACM

Desde el 23 de octubre, apenas unas horas después de conocidos los resultados electorales que consolidaron al oficialismo en el poder, el Presidente anunció que la política entró en una etapa de reformismo permanente. A partir de ese momento han surgido numerosos proyectos de ley que fueron presentados por cada cartera. Cuando uno observa esto, parece que son reformas desarticuladas. De hecho, alguien podría tentarse a decir que es propio de un Gobierno descentralizado con más de veinte ministerios. No obstante, cuando uno mira las interrelaciones de cada reforma, se da cuenta de que existe un plan integral con dos objetivos: mejorar la competitividad de la economía y cerrar la brecha fiscal.

Si bien no están aprobados los proyectos de ley, algunos ya están consensuados como el Pacto Fiscal, la reforma tributaria y la reforma previsional, y quizás la reforma laboral es la más intrincada, pero es la que termina de cerrar la unidad de un proyecto. Estos cuatro bloques quizás se presentan en forma aislada como herramienta de negociación con los actores que están involucrados en cada uno de los proyectos.

El consenso fiscal no sólo simplifica la relación entre la Nación y las provincias al dar de baja el artículo 104 de la Ley de Ganancias y coparticipar el 100% de los recursos, sino que quita presión al resolver los reclamos por los juicios de provincias al Estado, lo que da espacio político para discutir la Ley de Responsabilidad Fiscal, por ejemplo y, así, reducir el peso del gasto público no productivo en el PIB.

Si bien no están aprobados los proyectos de ley, algunos ya están consensuados como el Pacto Fiscal, la reforma tributaria y la reforma previsional, y quizás la reforma laboral es la más intrincada, pero es la que termina de cerrar la unidad de un proyecto

De esta manera, se puede encarar un proceso de reducción de la presión tributaria que mejore la competitividad de la economía mientras se cierra la brecha fiscal. Al mismo tiempo, en el pacto fiscal se acordó modificar la fórmula de movilidad jubilatoria impulsando el ajuste de las prestaciones jubilatorias trimestralmente garantizando aumentos por encima de la inflación y asegurando haberes equivalente al 82% del salario mínimo, vital y móvil para los que aportaron treinta años. Así, el Gobierno podría reducir el gasto previsional en aproximadamente $85.000 millones, compensando con creces los costos de los acuerdos sobre el Fondo del Conurbano y el Impuesto al Cheque. Eso implica que la Nación mejora su balance fiscal si consideramos todas las medidas en conjunto, que hacen perder al Gobierno aproximadamente $25.000 millones, para garantizar que ninguna provincia pierda con la simplificación del reparto de Ganancias y el Impuesto al Cheque.

Alguno podría pensar que los jubilados salen perdiendo ya que la nueva fórmula de movilidad sólo mantiene las jubilaciones en términos reales y apenas las incrementa por encima de la inflación (tema que aún está en discusión). No obstante, en un proceso de fuerte desinflación, donde las negociaciones paritarias serán discutidas con la pauta de una inflación interanual del 10% o promedio del 15%, los jubilados van a ver relativamente aumentar su ingreso en términos relativos al salario promedio.

Una de las grandes mejoras del Pacto Fiscal ha sido el acuerdo con las provincias de la reducción gradual de Ingresos Brutos, uno de los impuestos más distorsivos que existen ya que se acumula en cada etapa de transformación de un bien o servicio encareciendo los productos finales. Sin dudas esto es una forma de mejorar la competitividad sin recurrir a una devaluación del peso.

La reforma laboral ingresa aquí como el elemento que permite que esa mayor competitividad se realice sin resignar, sino creando, puestos de empleo. Actualmente el costo laboral es 1,5 veces el salario del empleado y las formas de contratación se vuelcan al monotributo y el empleo no registrado, que no generan aportes al sistema. La reforma laboral no sólo tiene un fin en sí misma que es mejorar la competitividad disminuyendo los costos salariales sin que se vea afectado el salario que recibe el empleado sino, también, reforzar la base de contribuyentes que podría elevar los aportes dando mayor sostenibilidad al sistema previsional.

Una de las grandes mejoras del Pacto Fiscal ha sido el acuerdo con las provincias de la reducción gradual de Ingresos Brutos, uno de los impuestos más distorsivos que existen ya que se acumula en cada etapa de transformación de un bien o servicio encareciendo los productos finales

El atraso cambiario existe y se ve reflejado en un déficit de cuenta corriente que apunta a marcar un récord de casi 6 puntos del PIB y reducir impuestos al tiempo que se quiere cerrar la brecha fiscal es algo que debe transitarse necesariamente en forma gradual una vez se toma en cuenta la complejidad de actores políticos involucrados en cada reforma.

Riesgos asociados

Las reformas vistas en forma de bloque se abordan todas de una manera gradual dada la dificultad de transitar las negociaciones correspondientes, ya sea en la relación Nación-provincias o bien en la relación con gremios o bien con situaciones particulares de economías regionales de las cuales no se puede prescindir en forma de shock sin un elevado costo social.

Transitar el camino del gradualismo supone que puede ser financiado sin problemas, lo que deja vulnerable al país a la liquidez mundial, que por ahora está jugando a favor (pero que puede cambiar en cualquier momento).

El atraso cambiario existe y se ve reflejado en un déficit de cuenta corriente que apunta a marcar un récord de casi 6 puntos del PIB

Por otro lado, la política monetaria se la nota desacoplada de este plan. Los órdenes de magnitud importan. Cuando se encaran reformas micro para mejorar la competitividad de la economía con mucho esfuerzo se gana algún punto en competitividad, pero si el BCRA deja apreciar el peso en términos reales alrededor del 10%, como está sucediendo, esto perjudica los esfuerzos que se logran con el resto del plan. No obstante, en el Presupuesto del 2018 está previsto que el tipo de cambio compense la inflación. Si así fuera, al menos no estará la presión de la competitividad-precio.

En suma, ningún plan es perfecto y se puede discutir la velocidad de la implementación de las reformas, siempre sujetas a las restricciones políticas y presupuestarias, pero la dirección es la acertada. El plan integral de las cuatro grandes reformas: Pacto Fiscal, movilidad jubilatoria, reforma tributaria y reforma laboral apuntan a resolver el problema que viene sufriendo el país desde el 2011 cuando entró en una nueva etapa de déficits gemelos crecientes.

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