Después de lo urgente, resta atacar lo importante

03-01-2017
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Luego de haber resuelto en su primer año de mandato algunos de los principales nudos que tenía que dejar atrás de manera “urgente” la economía argentina, el Gobierno deberá enfrentar ahora ciertos puntos no menos importantes, entre los que se encuentran aumentar la productividad del país, resolver la cuestión fiscal acotando el gasto y reducir la informalidad laboral, según Jorge Vasconcelos, del Ieral de la Fundación Mediterránea.

De acuerdo al economista, el primer año de mandato de Mauricio Macri arroja altibajos en lo económico. “En su primer año de gestión, el Gobierno Nacional resolvió varias cuestiones urgentes, pero también sufrió problemas de coordinación y timing político, que no deberían repetirse para encarar con éxito la serie de temas importantes que han quedado pendientes”, sostiene y advierte que forman parte de aquellos contratiempos las idas y venidas en el tema tarifas, las zozobras con la reforma del Impuesto a las Ganancias y la “pérdida de efectividad” en políticas en las que intervenían distintas carteras o diferentes dependencias dentro de un Ministerio. En ese sentido, “o se avanzaba hacia un 'superministro' de Economía, o se fortalecía el rol de la Jefatura de Gabinete”. Se eligió la segunda y el desenlace fue la salida del ministro Alfonso Prat-Gay.

“El momento para los cambios es propicio, con una inflación que converge a 1,5 % mensual, un nivel de actividad que comienza a repuntar y un blanqueo tan exitoso como para neutralizar la incertidumbre que se había abierto respecto del acceso al financiamiento externo, clave para cerrar los números fiscales del año que se inicia”, plantea.

Una nueva agenda

Ahora, en cambio, es tiempo de atacar los problemas estructurales que enfrenta la economía nacional. El primero de ellos, la productividad. En los últimos quince años, el país ocupó el último lugar de la región en los rankings de productividad. Entre los años 2000 y 2015, la productividad laboral aumentó a un ritmo de solo 0,3 % anual, comparado con 2,7 % de Uruguay y 3,3 % de Perú, recuerda el economista del Ieral a partir de datos de The Conference Board. “Sin revertir esta pésima performance no habrá sustento genuino a la mejora del ingreso de la población ni se podrá avanzar en la reducción de la pobreza”, plantea.

Otro punto central será la cuestión fiscal. “No será posible eliminar en el corto plazo la vulnerabilidad fiscal del país, dado lo elevado del déficit y de la carga tributaria”, previene, aunque sostiene que existe margen para “eliminar superposición de funciones, unificar programas, reducir burocracia, abaratar las compras de bienes y servicios e interactuar con las provincias para que éstas se sumen a la movida, dado lo negativo que resulta para las cadenas de valor la incidencia de Ingresos Brutos”. “La parte del gasto público sobre la que se puede operar es acotada, ya que el segmento llamado “flexible” (incluye subsidios) no representa más de 17% del total de erogaciones de Nación y provincias. El resto es salarios, jubilaciones, transferencias automáticas, planes sociales y obra pública. Por ende, se requiere de 'ingeniería de precisión'”, asegura y celebra, en ese sentido, la centralización en el Poder Ejecutivo de la toma de decisiones económicas.

Sin embargo, para el economista del Ieral, no basta con el gasto público. “Se requiere un segundo gran paso en términos de blanqueo de la economía ?avisa?. Luego del éxito de la exteriorización de capitales ahora le toca al funcionamiento cotidiano de la economía. La tasa de informalidad laboral es de 45%”. Avanzar en esa dirección implica crear incentivos a la formalidad con una reforma tributaria integral que desincentive la evasión y la informalidad en la economía.

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