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Cumbre Obama-Dilma

Distintos enfoques.

17-04-2012
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Está claro que en términos de poder económico Estados Unidos y Brasil no juegan en la misma liga. EE.UU. tiene una economía de U$S 15 billones y de casi U$S 50.000 en la medición per capita, mientras la de Brasil no llega los U$S 3 billones y, en la medición per cápita, ronda los U$S 13.000. A pesar de que la desigualdad es amplia, también es cierto que la correlación de fuerzas es la más pareja de la Historia. Brasil, coinciden los analistas, llegó para quedarse en el ranking de las principales economías del mundo: actualmente ocupa el sexto lugar. Por eso, muchos analistas sostienen que la reunión entre ambos líderes fue de “igual a igual”.

Quienes sostienen esta visión ponen como ejemplo la crítica que Rousseff hizo, con Obama a su lado, a la política monetaria de los países centrales, a la que responsabilizó por la apreciación de las monedas de los países emergentes y, por supuesto, a los efectos negativos que trae aparejados. Sin embargo, su postura recibió críticas: sin esa política monetaria expansiva, la crisis hubiera sido mucho más profunda en todo el mundo y, es obvio, en Brasil también.

Si bien se firmaron acuerdos en distintas áreas, la sensación subyacente es que la reunión dejó sabor a poco. Luis Augusto Neves, presidente del Centro Brasileño para las Relaciones Internacionales, la catalogó como “una relación sin entusiasmo”. No hubo negocios en el plano militar ni un apoyo de EE.UU. a la pretensión brasileña de tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El analista venezolano Moisés Naim, por ejemplo, sostiene que EE.UU. le da a Brasil menos importancia de la que debería. “¿Por qué a David Cameron, el primer ministro británico, Obama le ofreció una pomposa cena de gala en la Casa Blanca y a Dilma Rousseff, sólo un 'almuerzo de trabajo'? ¿Por qué a Cameron lo llevó en su helicóptero a ver un muy público partido de baloncesto y a Dilma la lleva a una 'reunión privada con empresarios'?”, se preguntó en una columna publicada esta semana en varios medios.

¿Pero tiene interés Brasil en hacer una alianza estratégica con EE.UU. o busca, simplemente, una relación cordial? “Las relaciones de Brasil con EE.UU. están cambiando, porque nosotros hemos cambiado y el mundo también”, escribió el intelectual brasileño Emir Sader en su blog y no ahorró críticas a la potencia del Norte y destacó que a Brasil no le interesa una “alianza estratégica” con EE.UU. “Nosotros somos una potencia emergente y ellos, una decadente”, señaló. Más que acercarse a EE.UU., la prioridad brasileña es profundizar el vínculo con América del Sur.

“Nunca antes Brasil ha sido tan importante para EE.UU. y nunca antes EE.UU. ha sido tan poco importante para Brasil”, sostiene The Economist. Veamos: en 2002, 25% de las exportaciones brasileñas iban a EE.UU. Ahora, sólo 10%. China desplazó a EE.UU. como el principal mercado de exportación. EE.UU., en cambio, le vende cada vez más a Brasil: sus exportaciones hacia allí crecieron 200% entre 2004 y 2011. Además de ser su octavo mercado de exportación y de tener con ellos un superávit creciente (en 2011 llegó al récord de U$S 8.158 M), Brasil forma parte del grupo de cinco países (junto a China, Corea, México y Canadá) que explican 58% del incremento exportador de EE.UU. después de la crisis de 2009.

Asimismo, en 2011, 1,1 millón de brasileños fueron a vacacionar a EE.UU. y cada uno gastó, en promedio, U$S 5.000, convirtiéndose en los turistas más gastadores que recibió EE.UU. Eso, pensaban algunos, hubiera sido motivo suficiente para relajar los trámites para acceder a la visa: pero nada de eso pasó. Es un síntoma, interpretan algunos analistas, del atraso del pensamiento americano. Además, muchas firmas brasileñas han comprado empresas estadounidenses en el último tiempo.

Para Brasil, cada vez más fuerte y menos dependiente de EE.UU., su objetivo es tener una relación cordial. Estados Unidos, para el que Brasil es cada vez más importante, aún no parece acomodarse a la realidad de que el ascenso del Gigante Sudamericano es un síntoma, entre muchos otros, de que su influencia en el mundo, y en su otrora “patio trasero”, está menguando. Más que socios, EE.UU. y Brasil se ven a sí mismos como competidores.

(De la edición impresa)

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