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Corsi e ricorsi de la macro

La política de Cambiemos no arregló el problema de flujos y fabricó un gran problema de stocks. Ahora caminamos en una línea delicada para tratar de recomponer flujos sin que el problema de stocks nos mate en el intento. Hemos regresado a un estadio que pensábamos superado.

19-12-2018
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Por Fernando Navajas Economista jefe de FIEL

Hace casi 300 años, el primer y gran filósofo de la Historia, un napolitano llamado Giambattista Vico, escribió una obra llamada “Principios de ciencia nueva” en donde proponía la hipótesis de que la historia no era lineal sino más bien cíclica, con avances y retrocesos. La representación más difundida y simplista de Vico se conoce hoy a través de los términos “corsi” ?que significa curso o evolución temporal? y “ricorsi” ?que significa el retorno a un estadio previo, si bien en condiciones cualitativamente diferentes?. Esta idea fue estudiada por pensadores de posiciones muy dispares como Karl Marx y como Isaiah Berlin, profesor de Oxford y gran pensador liberal del siglo pasado. Este último publicaba en 1978, hace 40 años, un ensayo introductorio a un número especial del Journal of Modern History con el título de la idea fuerza de Vico, para elaborar sobre la gran influencia de la misma en el pensamiento posterior.

La tentación de evocar la simplificación del corsi e ricorsi cuando miramos el estado actual de la política macroeconómica argentina es muy grande. Este mes también se cumplen 40 años del inicio del programa de estabilización conocido como la tablita cambiaria. Esta era una estrategia basada en la moda macroeconómica del momento, el enfoque monetario del balance de pagos, que postulaba que en un esquema de tipo de cambio fijo ?en donde la cantidad de dinero es endógena? el nivel de precios en una economía pequeña y abierta, dados los precios de los bienes no transables, iba a seguir la secuencia dictada por el movimiento del tipo de cambio.

Si uno fijaba un sendero del tipo de cambio entonces la inflación debía converger a esa secuencia. Las cosas no funcionaron para nada de esa manera, o bien porque los supuestos del modelo no se aplicaban al caso argentino, o bien por la pre existencia de otras distorsiones como el exceso de gasto público, o bien por la existencia de múltiples shocks, de origen interno o externo, que se propagaban en un ambiente de fuerte inercia inflacionaria. Cabe aclarar que ni por lejos estoy comparando la tablita con el esquema monetario actualmente vigente. Hoy tenemos tipo de cambio flotante y entonces el poder de la política monetaria es otro, siendo esta una razón por la cual el FMI quiere que Argentina flote sin grandes esterilizaciones fuera de las bandas. Además la consolidación fiscal o presupuestaria en curso es consistente ahora con la estrategia de estabilización, cuando en aquella época no lo era.

El problema de la inercia inflacionaria, en cambio, es un tema que cruza a ambos regímenes, como también lo hizo al comienzo del segundo gran régimen monetario de estabilización ?otra moda macroeconómica del momento? que fue el esquema de convertibilidad del peso adoptado en abril de 1991. Pero lo relevante es preguntarse si la inercia inflacionaria es un problema en este momento. Y los datos dicen que sí lo es. Estimaciones usando datos de la primera semana de diciembre, que exploran la dinámica de la inflación núcleo, el porcentaje o frecuencia de precios núcleo a 6 dígitos que suben cada semana y, sobretodo, la magnitud de aquellos precios que suben (es decir, la escala de las remarcaciones), indican que hoy estamos frente a un problema serio de inercia inflacionaria. El antídoto, históricamente conocido, para aplacar la inercia inflacionaria, que ?cabe aclarar? funciona sólo en contextos donde los fundamentales lucen bien pero todavía no cuajaron en las expectativas, es ensayar en el corto plazo una política de precios e ingresos más coordinada que lo que hemos visto estos años, que además estuvo jaqueada por una política tarifaria descontrolada, una verdadera fábrica de shocks de corto plazo.

La inercia y los shocks le pegaron mal a todos los esquemas de estabilización. A pesar de la mala prensa que se ha sabido ganar, el tercer gran esquema de política monetaria de la historia reciente ?nuevamente, otra moda del momento? fue el de las metas de inflación, que duró sólo dos años, hasta que en Diciembre de 2017 el gobierno decidió hacerse el haraquiri y romper el esquema en una conferencia de prensa que pasó a la historia como un ejemplo de lo que no hay que hacer en política económica.

En un momento en que el sismógrafo externo no se movía y Cambiemos venía de ganar una elección de medio término, esta pantomima del 28-D envió una señal equívoca a los mercados financieros poco tiempo antes de una turbulencia global. Se hizo exactamente al revés de lo que la literatura reciente sugiere (ver https://pdfs.semanticscholar.org/df50/5221af11230cf82490497375040e70ed3d83.pdf). La evidencia indica que en medio de mucho ruido global, los países con mejores fundamentales macro (lo que incluye instituciones de política monetaria creíbles) la van a pasar “menos peor”.

El tema de los shocks externos es un ingrediente del corsi e ricorsi de la macro argentina. Ellos siempre han estado a la vuelta de la esquina en los desenlaces o funerales de los esquemas de política económica, lo cual genera un problema de identificación, porque siempre puede argumentarse que el esquema no funcionó porque los shocks externos no se lo permitieron. Así, Paul Volcker y la política monetaria de EE.UU. de comienzos de los '80 podrían usarse para decir que la tablita cambiaria igual se hundía en ese contexto. Las crisis del sudeste asiático, Rusia y la devaluación de Brasil de fines de los '90 también podrían usarse para decir que la convertibilidad se averió mal a partir de ahí. Y, finalmente, el ruido global y la intolerancia a la deuda emergente podrían usarse para decir que el inflation targeting no sobrevivía a semejante ruido. Los shocks actúan como una suerte de ayuda exculpatoria, pero no logran tapar los errores propios o el daño auto infligido. Muchos de estos errores se cometieron muy al comienzo, en la etapa de diseño, de las políticas que fracasaron. Es como el “pecado original” de los programas de estabilización. El actual viene de diciembre de 2015. Se asienta, a mi juicio, en la falta de discernimiento crítico ?en ese momento? de que Argentina heredaba un fenomenal problema de flujos (que requería una corrección fuerte del tipo de cambio real) pero no un problema de stocks, porque el nivel de endeudamiento externo (aún computado al tipo de cambio real sombra) no era elevado. Pero había que recomponer los flujos sin agravar el problema de stocks. En vez de ello, la política económica de Cambiemos no arregló el problema de flujos y se fabricó un gran problema de stocks. Ahora sí que caminamos en una línea delicada para tratar de recomponer flujos sin que el problema de stocks nos mate en el intento. Hemos regresado a un estadio previo que pensamos que estaba superado y al que se suponía que no debíamos volver, si se hubiera tenido mejor conciencia histórica de la macro argentina.

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