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¿Cómo evitar nuevos blanqueos a futuro?

Hay que estabilizar, propiciar una mayor equidad distributiva, sostener políticas y actuar sobre la “psicología social” dolarizada de los argentinos

18 abril de 2017

Hace algunos días se dieron a conocer las cifras definitivas del blanqueo de capitales, con resultados asombrosos. Uso el adjetivo asombroso como sinónimo de “sorpresa”, y no de “maravilla”. Si bien es una buena noticia que se hayan sincerado activos por casi US$ 120.000 millones, eso también significa que en el pasado muchos argentinos han tomado decisiones ilegales (o como mínimo elusivas), fugando esos capitales en primera instancia. Viendo la cuestión en su conjunto, entonces, estos resultados reflejan vicio y virtud al mismo tiempo. A esta revancha con gusto amargo hay que sumarle el hecho de que, pese a los esfuerzos del Gobierno por mostrarse respetuoso del capital, el 80% de lo declarado permanecerá fuera del país.

Argentina es, posiblemente, uno de los países del mundo con mayor fuga de capitales en relación al tamaño de su economía. La explicación usual es que estos comportamientos provienen de la desconfianza en la política macroeconómica de las últimas décadas. Esta visión, sin embargo, exige una aclaración importante: durante esta etapa Argentina tuvo tanto gobiernos populistas, que hacían todo lo posible para perseguir a los fugadores, como gobierno liberales, que respetaron a rajatabla los derechos de propiedad y la libre movilidad de capitales. ¿Qué es lo que ha sucedido?

Varios ingredientes han sido necesarios para haber acabado donde estamos. Primero, para poder fugar capitales se necesita?bueno? tener capitales. Quiero decir, para poder crear las bases de una acumulación es necesario ser un país con ingresos medios donde algunos tengan la posibilidad de hacerlo. Una distribución inequitativa del ingreso logra el truco. Las estrategias macroeconómicas que indujeron una concentración de la riqueza establecieron las bases para que el decil de ingresos más altos pueda atesorar riqueza suficiente para luego fugar una porción de ella.

Un segundo ingrediente es la alternancia política. Tras el colapso de los sistemas de crecimiento basados en la especulación, que son la base de la inequidad, suele sobrevenir un gobierno que elige un camino opuesto al anterior. Por supuesto, el capital no desea ser redistribuido por un Estado “populista” que no respeta los derechos de propiedad, y se producen entonces las condiciones para que los que acumularon recurran a todas las vías posibles para resguardar sus ahorros. En algunas circunstancias extremas, la actitud especulativa se extiende incluso a familias de ingresos medios y a las pequeñas empresas.

El tercer componente es una economía inestable que incentive la demanda de divisas extranjeras. En Argentina el problema de la fuga no es exclusivamente el miedo a la “expropiación” sino, además, el temor a la devaluación repentina e inesperada de la moneda nacional. Las apuestas a los activos locales, como los plazos fijos, han perdido históricamente frente a la alternativa más simple de mantener el capital en dólares.

Finalmente, podemos incluir también la “memoria social” y el acostumbramiento al uso del dólar como refugio predominante para los ahorros de los argentinos. Aun cuando sea cierto para el mediano plazo que el que apostó al dólar siempre ganó (o perdió menos), también es cierto que desde hace treinta años cuesta mucho lograr que la gente “deje de pensar en dólares” aun cuando tuvimos la oportunidad de hacerlo. En efecto, en los años '90, cuando no había inflación y el peso se consideraba una moneda fuerte, los argentinos ahorraron de todos modos de forma sistemática en la divisa estadounidense.

Corregir nuestra tendencia natural a fugar capitales requiere actuar sobre todos y cada uno de estos problemas. Estabilizar, propiciar una mayor equidad distributiva, sostener políticas de mediano plazo con un mínimo de consistencia, y actuar sobre la “psicología social” dolarizada de los argentinos. Solo de esta manera evitaremos tener que volver a realizar nuevos blanqueos en el futuro.

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