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Cómo aliviar las facturas de energía de modo sustentable

Hay preocupación social por el costo de las facturas de gas y electricidad.

25-07-2016
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por Salvador Gil (*)

En estos días hay una genuina preocupación social por el costo de las facturas de gas y electricidad. El impacto económico en muchas familias es sin duda muy importante y debemos esforzarnos para mitigarlo. Sin embargo, deberíamos aprovechar este desafío para buscar un sendero de crecimiento y desarrollo más sustentable para el país, que, a su vez, permita incluir a sectores de menores recursos.

La experiencia histórica demuestra que esto es posible. Después del primer embargo de petróleo del año 1973, los costos de la energía en el mundo se dispararon vertiginosamente. Muchos países reaccionaron implementado programas muy activos de eficiencia energética y lograron estabilizar sus consumos totales de energía mientras que sus economías lograron retomar tasas de crecimiento que se han sostenido hasta el presente. Alemania y Dinamarca son sólo dos de los muchos ejemplos que existen en el mundo. El aprendizaje logrado en eficiencia energética, les permite a estos países exportar estas tecnologías a todo el mundo.

El uso racional y eficiente de la energía es una conducta que no sólo nos beneficia económicamente, ya que nos permite disminuir el costo de nuestras facturas y al mismo tiempo contribuye a preservar valiosos recursos naturales para las próximas generaciones y disminuir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Estos son en buena medida los responsables del calentamiento global, cuyas consecuencias son cada vez más notables. En un contexto de tarifas más reales, con estímulos y señales claras por parte del Estado, la demanda de artefactos más eficientes crecerá, haciendo más masiva la producción y la competencia en este sector del mercado, volviéndolos así más baratos. De este modo, la disponibilidad de equipos más económicos y que consumen menos, nos permite llevar los beneficios de la energía a más personas, aumentando la inclusión y contribuyendo a construir una sociedad más sostenible.

Los hechos históricos avalan estas aseveraciones. Por ejemplo, actualmente una heladera consume sólo un tercio de la energía que en 1973. En promedio tienen 20% más de capacidad de almacenamiento y cuestan la mitad de los antiguos equipos, cuando se corrige por inflación. Lo mismo ocurre con varios productos, los nuevos lavarropas usan 70% menos energía que hace tres décadas y los nuevos acondicionadores de aire gastan 50% menos de energía de los de una década atrás. Sin embargo, su costo es menor cuando corregimos por efecto de la inflación.

Otro ejemplo paradigmático es la iluminación, que, en general, constituye alrededor del 15% al 25% del consumo eléctrico de nuestros hogares. Esta se usa en general por varias horas a la noche y a veces también durante el día. En toda vivienda hay por lo general un conjunto de lámparas que usamos por varias horas todos los días y éstas son las más influyentes en el consumo. Luego hay por lo general otras que solo se usan ocasionalmente. A la hora de elegir la lámpara que usamos, tenemos varias alternativas: lámparas LED, las fluorescentes compactas (LFC) conocidas comúnmente como lámparas de bajo consumo y las incandescentes halógenas. Las más eficientes son las LED, le siguen las LFC que consumen casi el doble de electricidad para producir la misma iluminación y por último la incandescentes halógenas que tienen un consumo unas ocho veces mayor que las LED.

Para dar una iluminación equivalente a una lámpara de 60 Watts, podemos usar una incandescente halógena, que cuesta unos $ 25 y tiene una duración aproximada de mil quinientas horas. También podríamos usar una de bajo consumo (LFC) que para producir la misma iluminación cuesta alrededor de $ 75 pero con una duración seis veces mayor. La aparentemente más cara sería la lámpara LED, que para producir la misma iluminación cuesta en el orden de $ 145 , pero con una duración que es entre 15 a 20 veces mayor que las incandescentes.

La pregunta es entonces, ¿por qué, aún ahora, las lámparas incandescentes halógenas todavía tienen gran demanda en el mercado? Quizás sea consecuencia de fallas del mercado, ya que los usuarios no tienen suficiente información para tomar la mejor decisión (asimetría de la información) y el costo inicial es una barrera. Aquí es cuando la acción del Estado es importante, generando información apropiada y auspiciando programas de financiación de lámparas LED a través de las facturas.

Como vemos, la iluminación más eficiente no sólo es mejor para el medio ambiente sino también para nuestro presupuesto. Esta es una de las características generales de la eficiencia y la sostenibilidad. Beneficia tanto al usuario individual como a la sociedad en su conjunto.

Este análisis ilustra el modo general de proceder a la hora de adquirir un nuevo producto. En ese sentido, cuando las empresas, y en especial el Estado, adquieren un nuevo equipo, la decisión de compra no debe realizarse sólo en términos de su menor precio, sino por su menor costo de operación a lo largo de su vida útil, lo cual incluye su consumo de energía. De modificarse esta simple pauta de compra, no solo las empresas y el Estado ahorrarían importantes recursos, sino que al mismo tiempo contribuirían a promover el desarrollo de productos más eficientes y económicos. Dado que el Estado es un gran comprador y consumidor de equipos y energía, este cambio de comportamiento tendría gran impacto en el mercado y en aliviar los consumos.

Un Estado así, sería un excelente ejemplo de austeridad y racionalidad, que serviría de modelo a toda la sociedad. Otra acción que el Estado podría realizar, es auspiciar mecanismos de financiación a los usuarios para facilitar la adquisición de equipos más eficientes, e incluso subsidiar a aquellos usuarios con tarifas sociales. Además de beneficiar a los consumidores para que puedan reducir sus facturas, el Estado se ahorraría cuantiosas inversiones en infraestructura y subsidios a la energía que, como todos sabemos, a la larga no son sustentables, a la par de reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. La energía más barata y limpia, es la que no se usa.

(*) UNSAM

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