El Economista - 73 años
Versión digital

mie 17 Jul

BUE 14°C

Capitalismo, socialismo y miseria global

Existe una visión relativamente generalizada de que la humanidad logró mejorar su bienestar en los últimos 50 años gracias al capitalismo

19 diciembre de 2017

Por Pablo Mira Economista

Existe una visión relativamente generalizada de que la humanidad logró mejorar su bienestar en los últimos 50 años gracias al capitalismo y al funcionamiento del libre mercado. Si bien estos dos conceptos no son idénticos, bastan para muchos para identificar a los supuestos perdedores de este juego, que son el socialismo y su versión moderna en los países en desarrollo, que algunos designan como “populismo”. Mirando esta cuestión algo más de cerca, sin embargo, persisten algunas dudas sobre si fue el neoliberalismo o su suavización lo que permitió el florecimiento de la economía mundial.

Para empezar, en el último medio siglo las ganancias en términos de comodidad y seguridad económica que experimentó una porción de la humanidad se han concentrado en los países desarrollados. Solo un puñado de países lograron converger al nivel de vida de los países más ricos, mientras la enorme mayoría de las economías de ingreso mediano han quedado atrapadas en un dilema de crecimiento que parece alejarlas cada vez más de las economías líderes. Esta “trampa del ingreso medio” es en parte responsable de las persistentes quejas sobre la desaparición de la clase media y la tendencia al empeoramiento de la distribución del ingreso.

Pero quizás la dimensión más importante a analizar sea la evolución de la pobreza extrema, ya que allí sí se observaron beneficios sociales indudables. Los datos son contundentes: la cantidad de personas que vive con menos de U$S 2 diarios pasó de 2.200 millones 50 años atrás a 700 millones en la actualidad. En el mismo período la población mundial pasó de 3.700 millones a 7.350 millones de personas, por lo que la incidencia de la pobreza extrema ha declinado de manera exponencial. La pregunta que surge entonces es hasta dónde estos desarrollos se deben a la expansión mundial del capitalismo liberal.

Si bien la correlación entre la globalización del capitalismo y la caída en la indigencia es evidente, su causalidad es algo más discutible. En primer lugar, en muchos países los Estados asumieron una creciente responsabilidad en la redistribución. El presupuesto público tiene hoy un alto impacto sobre la equidad gracias a una recaudación progresiva y un gasto que se concentra crecientemente en la ayuda social. Otro rol fundamental fue la educación pública y universal, que permitió aumentar la movilidad social. Los resultados han sido positivos, y hoy varios de los países más ricos del mundo son también de los más equitativos. Lejos de confirmar las ventajas del libre mercado, la intervención pública demuestra lo importante que es compensar sus daños colaterales.

En segundo término, el mayor responsable de la reducción de la pobreza de 1980 en adelante en el mundo fue China, difícilmente un exponente del liberalismo puro. China tenía en aquella época una tasa de indigencia del 88%, y gracias a su sistema económico mixto y su crecimiento imparable logró reducirla a ¡menos del 2%! La pobreza extrema bajó también fuertemente en India, donde el efecto más importante para comenzar a derrotar a este flagelo fue independizarse del Imperio Británico.

En tercer lugar, un aporte no menor a la caída de la pobreza fue el desarrollo de varios países del sudeste asiático y su proceso de “catching-up”. Pero estas experiencias en realidad fueron impulsadas por una fuerte intervención planificadora estatal, no por una aplicación automática de los principios neoliberales.

Finalmente, la correspondencia histórica entre capitalismo liberal y desarrollo tecnológico está lejos de representar una causalidad incuestionable. Los Estados han contribuido enormemente al desarrollo tecnológico, al tiempo que los incentivos de las firmas que innovan es a proteger estos desarrollos con patentes, en lugar de diseminarlos para el bienestar de la sociedad en su conjunto.

En suma, las ganancias de bienestar y la reducción en la pobreza y la indigencia parecen deberse a una saludable combinación de un capitalismo que direcciona los incentivos, más algunas ideas de origen socialista que contribuyen al “derrame” de estas ganancias de productividad. No es necesario emplear en la distinción capitalismo/socialismo una lógica binaria. El primero contribuye a incentivar los disparadores del crecimiento mientras que el segundo es fundamental para asegurar que estos frutos lleguen a la mayor cantidad de gente posible.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés