Buenas perspectivas, después de un año de reacomodamiento

12-01-2017
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Por Ricardo Proganó (*)

Durante el 2016, nuestro país experimentó el pasaje de un modelo económico de elevado intervencionismo estatal y aislamiento internacional a otro de menor intervencionismo y reinserción en el mundo. Algunos ejemplos de este cambio han sido el levantamiento del cepo cambiario, la eliminación/reducción de los derechos de exportación que afectaban a diversos productos y la salida del default de la deuda externa. Esta dramática transición se verificó en un contexto regional y mundial por demás complejo caracterizado, entre otros eventos, por la crisis política de Brasil, el Brexit y la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. De un modo nada sorprendente, este conjunto de factores determinó que la economía argentina sufriera en el último año un notorio proceso recesivo.

¿Cómo nos fue?

Si bien aún no se conocen datos oficiales definitivos, la estimación gubernamental para 2016 prevé una caída real del PIB del 1,5% en tanto que distintas fuentes privadas ubican esa disminución en torno al 2%. La información provisoria suministrada por el Indec correspondiente a la evolución del PIB en el tercer trimestre del 2016 indica una contracción del 3,8% en relación con el mismo trimestre del año inmediato anterior (con una reducción acumulada del 2,4% en los primeros nueve meses del año). Desde un punto de vista sectorial, el referido tercer trimestre muestra caídas interanuales aún más severas en construcción (-12,9%) e industria manufacturera (-8%), así como expansiones modestas en electricidad, gas y agua (+1,7%) y transporte y comunicaciones (+1,1%).

Completando este panorama, y más allá del deterioro del consumo, la performance de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) en el tercer trimestre del 2016 fue particularmente negativa: la misma cayó 8,3% interanual, con una disminución aún más marcada en construcciones (-13,2%). De tal modo, la FBCF se ubicó en dicho trimestre en apenas el 14,8% del PIB (una proporción muy alejada de la requerida para impulsar un crecimiento vigoroso a mediano plazo).

A su vez, la información correspondiente a octubre del año pasado del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE del Indec), una aproximación a la evolución del PIB, señaló una reducción de la actividad del 4,7% interanual con respecto a igual mes del 2015, así como una caída del 2,6% en el agregado de los diez primeros meses del año vis a vis igual período del 2015.

Pese a todo?

A pesar de este contexto general desfavorable, el 2016 exhibió una clara recuperación del sector agropecuario de la mano del cambio de sus precios relativos en virtud de la devaluación del tipo de cambio oficial, de la reducción de la carga impositiva asociada (retenciones) y de cierta suba de los precios internacionales de las materias primas (soja). La reacción positiva del campo, por ejemplo, puede apreciarse en el volumen de la cosecha de trigo que está concluyendo: la misma se ubicaría 30% por encima de la correspondiente a la campaña inmediata anterior (llegando a casi 15 millones de toneladas, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires). Las exportaciones de carne vacuna fresca y congelada, por su parte, se incrementaron casi 10% en el período enero?octubre de 2016 con respecto a igual período del 2015. Asimismo, tanto la producción y la exportación de biodiésel (base soja) como de bioetanol (bases maíz y caña de azúcar) han crecido sustancialmente durante el 2016, y se espera que continúen expandiéndose en función de la suba interna del porcentaje del corte en los combustibles tradicionales y de la superación de algunas trabas surgidas en su comercio internacional (cabe consignar además que, mediante el Decreto 1.325/2016, el Poder Ejecutivo Nacional extendió hasta el 31/12/2017 el tratamiento impositivo diferencial que recibe la producción de biodiesel).

La mejor situación del campo ha posibilitado que en el curso del 2016 crecieran de modo significativo los consumos interanuales de agroquímicos y fertilizantes (30/50%), optimizando así la composición de los paquetes tecnológicos utilizados en diversos cultivos. Las ventas de maquinaria agrícola, por último, experimentaron un visible aumento en los nueve primeros meses del 2016: las unidades vendidas de sembradoras se incrementaron 84,9%, 32,2% las de tractores y 25,2% las de cosechadoras con respecto a igual período del 2015 (Indec).

Para la campaña 2016/17, se estima que la cosecha de cereales y oleaginosas (trigo, cebada, maíz, sorgo, soja y girasol, más otros cultivos menores) alcanzará los 129,7 millones de toneladas, superando en 3,7% a la de la campaña previa con una superficie sembrada similar (de acuerdo con datos del Ministerio de Agroindustria de la Nación).

Entre 3% y 3,5%

Se espera que la favorable evolución proyectada de la actividad agropecuaria, junto con la recuperación de la obra pública y de la exitosa finalización del proceso de sinceramiento fiscal establecido por la Ley 27.260 (que probablemente supere los US$ 100.000 millones en materia de declaración de bienes), permitirán que durante el año 2017 el PIB crezca en el orden del 3/3,5% con incrementos tanto en el consumo como en la inversión (en este último caso, con un repunte sustancial) en un contexto de baja progresiva de la inflación.

(*) Director de Finanzas Corporativas de SMS (San Martín, Suárez y Asociados).

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