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Brodersohn advierte por los desequilibrios

El economista dice que atrasar el dólar puede generar fuga de capitales y que estimular el consumo es cortoplacista.

07-09-2016
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Mario Brodersohn sabe mucho y habla poco. Por eso, cuando habla (o escribe), hay que prestar atención. Ayer, en un extenso informe, advirtió sobre los riesgos asociados a la estrategia económica que tiene pensada la Casa Rosada. “La estrategia del Gobierno para mejorar sus perspectivas electorales en el 2017 descansa en dos objetivos: bajar la inflación y reactivar la economía”, dice Brodersohn. El norte del plan es lógico: y, desde ya, bien venido: la economía está inmersa en un insólito régimen de alta inflación y está estancada desde 2011.

En el frente nominal, dice Brodersohn, el alivio ya está llegando. “En el último trimestre del 2016, la inflación disminuirá al 1,5% mensual”, dice. El problema, sugiere, son los costos: la recesión y la estabilidad del “billete” en torno a $15. A fines del 2016, calcula, el tipo de cambio real multilateral será superior al promedio del 2015, pero inferior al pico posterior a la salida de la convertibilidad.

Ese atraso, como sabemos y estamos viendo, complica Mientras crecen los rumores sobre un comienzo muy frío para el blanqueo de capitales, Sergio Rufail, subdirector general de Servicios al Contribuyente de la AFIP, dio ayer una buena noticia, quizás apurado por esa circunstancia y para potenciar la “inducción” de los más de US$ 200.000 millones no declarados por los residentes y que el Gobierno está buscando tentar para financiar la Reparación Histórica. Ayer, en un encuentro organizado por la UIA, Rufail dijo que el lunes pasado “entró un pago desde el exterior”. Agregó: “Fue una transferencia desde una entidad internacional al Banco Nación y se identificó sin ningún problema”. Además, dijo que “días atrás se suscribieron bonos”, según consignó a la economía real y, sugiere Brodersohn, podría reactivar los apetitos dolarizadores. “El riesgo del atraso cambiario es que se anticipen las decisiones cambiarias con la expectativa de que lo que no se hizo antes de las elecciones será difícil sostenerlo después”, dice. En un contexto de tipo de cambio flotante y sin cepo, puede ser un problema para el BCRA. Aunque el Gobierno tiene algo a su favor para evitar tener que ajustar el precio del dólar (y estimular la inflación): el financiamiento externo.

“El otro objetivo del Gobierno es pasar de una recesión del 2% en el 2016 a un crecimiento cercano al 6% anual en los meses previos a las elecciones del 2017 sin acelerar la inflación. La estrategia de reactivación no se va a centrar en estimular la inversión sino el consumo”, dice y proyecta un alza de 5% del salario real en 2017. Pero, aquí también, hay críticas: “Es cierto que es una visión cortoplacista y que posterga para 2018 inevitables ajustes en el área fiscal y cambiaria”. Por supuesto, si esos ajustes son inevitables, mejor hacerlos con respaldo político. “La tesis del Gobierno es que si los resultados electorales son favorables, estos ajustes contarán desde ese entonces con mayores respaldos políticos que con los que cuenta en la actualidad”, dice Brodersohn.

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