Balance cambiario, un reflejo de la realidad

La dinámica del balance cambiario refleja con claridad los efectos de la estrategia económica?y también sus riesgos

16-06-2017
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Por Matías Carugati Economista jefe de Management & Fit

El balance cambiario muestra un drenaje de divisas comerciales. De acuerdo a los datos del BCRA, el saldo de cuenta corriente acumula un déficit de US$ 21.201 millones desde que Mauricio Macri asumió como Presidente. El superávit sufre por la debilidad de la demanda externa, el atraso cambiario, la apertura comercial y hasta algunos problemas climáticos (agro). Por el lado de los servicios, continúa la tendencia negativa de la gestión anterior. La apreciación cambiaria incentiva a los turistas a viajar al exterior, a la vez que hacen del país un destino caro para visitantes extranjeros. Este deterioro del saldo por cuenta corriente se ve potenciado por el pago de intereses y el envío de utilidades y dividendos por parte de las empresas extranjeras radicadas en el país.

El “agujero” es más que compensado por las divisas que ingresan del lado financiero. Desde la llegada de Cambiemos al poder, el déficit de cuenta corriente fue financiado con un superávit de cuenta capital y financiera que suma US$ 41.907 millones al día de hoy. Tal es la afluencia de divisas financieras que hasta permitieron una recomposición de las reservas internacionales en poder del BCRA, que aumentaron en US$ 20.706 millones. El diseño de la política económica favorece esta dinámica. El sesgo contractivo de la política monetaria ofrece tasas interesantes para el inversor extranjero (siempre que el carry no se eche a perder por subas del dólar), mientras que el déficit fiscal, aún cuando vaya reduciéndose, seguirá siendo financiado por deuda.

El endeudamiento es la principal fuente de capitales. Concretamente, ingresaron US$ 17.234 millones netos por préstamos financieros, títulos de deudas y líneas de crédito, mientras que otros US$ 3.744 millones corresponden a inversiones de portafolio (lo que se conoce como inversión especulativa). Bajo el rubro “otras operaciones del Sector Público” ingresaron casi US$ 34.520 millones que, en gran medida, se explican en la emisión de deuda en el mercado externo y la suscripción en dólares de títulos locales. En contraste, Argentina recibió apenas US$ 3.527 millones en concepto de inversión extranjera directa. Cabe aclarar que parte importante de la IED en el país (casi la mitad en 2015, según el BCRA) tiene origen en la reinversión de utilidades, con lo cual no queda reflejada en el balance cambiario. A futuro, lo ideal sería que la composición de los ingresos se vuelque más hacia el lado de la inversión real, pero ello dependerá no sólo del resultado electoral sino también de las perspectivas de rentabilidad. Es decir, de que los extranjeros vean en el país buenas oportunidades para hundir capital a largo plazo, lo que requiere atender los desbalances macro.

No todos los capitales entran: la compra de divisas del sector privado se mantiene vigente. A pesar de que hay inversores que apuestan al peso, la demanda de dólares es importante. De hecho, la forma ción de activos externos del sector privado no financiero (nombre técnico para el eufemismo “salida de capitales”) acumula un saldo neto (compras-ventas) negativo de US$ 18.602 millones desde diciembre de 2015. Los detalles son interesantes. Mientras que la compra de billetes incluye montos relativamente bajos (67% fueron operaciones de hasta US$ 50 mil mensuales), las ventas se hicieron en grandes volúmenes (más de US$ 50 mil mensuales). Pareciera que quienes compran son los que están buscando dolarizar cualquier margen de ahorro que puedan lograr mes a mes, mientras que los que venden son personas de mayor poder adquisitivo, que apuestan a las inversiones en pesos.

La dinámica del balance cambiario refleja con claridad los efectos de la estrategia económica? y sus riesgos. La cuenta corriente “sufre” por la debilidad de la demanda externa, la apreciación real del tipo de cambio y la normalización de los flujos de divisas tras el fin del cepo. En tanto, tanto el sector público como el privado se están aprovechando de la integración financiera tras el fin del default para financiarse en el exterior a tasas más bajas que en el pasado. Mientras tanto, la compra de divisas con motivo de atesoramiento se mantiene vigente, sobre todo en el ahorrista hormiga, que ve en el dólar un “seguro” frente a las recurrentes crisis locales. Los riesgos de este diseño son claros. La integración al mundo funciona hacia los dos lados y lo que hoy entra, mañana puede salir. Dudas sobre la solvencia fiscal o cambios repentinos en las expectativas de devaluación, por mencionar dos riesgos, pueden interrumpir el influjo de capitales y llevarnos a un episodio de consecuencias visibles (aunque ya hemos vivido varias de estas crisis), pero muy probablemente indeseadas.

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