Actividad industrial, ¿arranca o no arranca?

02-01-2017
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Sin dudas, el sector industrial fue uno de los más golpeados por la recesión. Y no es una sensación. Según los datos oficiales del Indec, la actividad industrial retrocedió en noviembre 4,1% en términos interanuales, cumpliendo la décima caída en fila y acumulando una merma de casi 5% desde enero pasado. En el desagregado, se observan caídas en todos los sectores y lideran el sector automotriz (-13%) y el de metales básicos (-14,8%).

Sobran los motivos. La débil demanda interna producto del desplome del salario real, la leve retracción del empleo, el encarecimiento del crédito y la incertidumbre general. Además, para aquellos (pocos) que miran hacia afuera, el contexto internacional fue desfavorable y la crisis en Brasil sigue allí, vivita y coleando. “Además, persisten los problemas de competitividad irresueltos, que configuraron un escenario claramente adverso para las manufacturas locales”, explican desde Management & Fit.

El dato positivo es que habría un piso en la caída. No son brotes verdes, pero la sangría, dicen las estimaciones privadas, se habría detenido. Queda por delante la titánica tarea de volver a subir la cuesta, sin prisa pero sin pausa.

Las perspectivas

“El paulatino fortalecimiento de la demanda, interna y externa, insinúa una recuperación de la industria de cara al próximo año. Según la evidencia, la producción industrial está íntimamente correlacionada al crecimiento económico debido a que el principal destino de nuestras manufacturas es el propio mercado interno. De allí la importancia de apuntalar el consumo privado para impulsar la producción industrial. En este sentido, la reactivación de la economía, proyectada en torno a 3% del PIB en 2017, permitiría garantizar una recuperación de los sectores manufactureros”, agregan desde Management & Fit en su último informe.

“Por otro lado, según estimaciones de mercado, Brasil (nuestro principal socio comercial, que recibe casi el 40% de los despachos industriales) pasaría de caer 3,5% este año a crecer 0,5% el próximo, sugiriendo un fortalecimiento de la demanda externa. Si bien el sector automotriz sería el principal beneficiado bajo este escenario, su derrame sobre bloques conexos (metalmecánica, metales básicos y otros) se cumpliría más temprano que tarde”, agregan.

Por supuesto, son datos positivos, pero nunca hay que confiarse. El consumo debería crecer y Brasil también, pero la política oficial no debería dar eso por sentado y ser más activo en sus estímulos. “Existen algunas cuestiones que el Gobierno debería monitorear. La posibilidad de un atraso cambiario, especialmente considerando que se trata de un año electoral, genera incertidumbre entre los sectores industriales. A diferencia de lo que ocurría hasta el año pasado cuando las posibilidades de una avalancha importadora estaban limitadas por el cepo y las barreras comerciales (DJAIs), el nuevo contexto macroeconómico supone ciertos riesgos”, agrega el informe.

“En concreto, la apertura comercial con apreciación cambiaria podría limitar los efectos de una recuperación industrial bajo un escenario de expansión local”, dicen desde Management & Fit. Los partidos se juegan en la cancha.

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