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¿Y si se nos cae el mundo encima?

Nuevo escenario global

08-07-2013
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(Columna de Amílcar Collante, economista -UNLP- y miembro de Centro de Estudios Económicos del Sur -CESUR-)

En los últimos años, la incorporación de China y la India al mercado global, y el consecuente aumento de demanda de commodities, sumado a la política aplicada por la Reserva Federal (Fed) ?tras la crisis financiera de 2008? con tasa de interés casi cero y planes de “estímulo cuantitativo”, generaron lo que se denomina el efecto de “viento de cola” en las economías emergentes. Con precios de las commodities altos (dólar débil) y primas de riesgo de emergentes bajas que permitieron endeudamiento a tasas nunca antes vistas, se fue configurando un mundo poscrisis con dos velocidades de crecimiento con las que las economías emergentes (Asia y America Latina) crecieron a una tasa mayor que las economías desarrolladas (EE.UU., Japón y la eurozona, principalmente), debilitadas por la crisis financiera y su alto endeudamiento privado y público.

En este contexto de “mundo feliz” para las economías emergentes los “hacedores de política” de dichos países tuvieron que tomar medidas para poder “gestionar el éxito” y no tener efectos no deseados. A grandes rasgos debieron 1) cuidar que sus monedas no sufran apreciaciones nominales que pongan en riesgo la competitividad de sus exportaciones y el superávit comercial, 2) aplicar una política monetaria para mantener controlada la inflación y 3) tratar de moderar la política fiscal expansiva para mantener el superávit fiscal. Es decir, en palabras de Keynes, debieron aplicar política anticíclica previendo que este ciclo económico no se mantendría eternamente.

En el caso de la Argentina, el efecto de “viento de cola” se sumó al del rebote de la crisis del año 2001, marcando una década de crecimiento astronómico a tasas altísimas (excepto 2009). Vale remarcar que a diferencia de nuestros vecinos Brasil, Chile y Uruguay, la Argentina no tuvo acceso al crédito internacional (pese a haber renegociado la deuda pública en 2005) por lo que este efecto ingresó por el canal comercial, generando superávit comerciales y un crecimiento excepcional.

El viento más débil

El 2013 comenzó con la economía de EE.UU. mostrando signos de recuperación (datos positivos de empleo y del PIB), lo cual impulsó a la Fed a expresar la posibilidad de ir retirando los estímulos monetarios hacia fines de 2013 y a medidos de 2014 comenzar a subir la tasa de interés. La reacción en los mercados no tardó en llegar: los bonos del Tesoro a diez años aumentaron hasta 2,5%, los mercados bursátiles cayeron y el flujo de capitales se revirtió encaminándose nuevamente hacia las economías desarrolladas, reviviendo el fligth to quality (salto a la calidad), con un cambio gradual hacia un dólar Fuerte nuevamente.

A estas noticias de la Fed se le suman otros datos negativos: la economía de China ha ralentizado su crecimiento y ha dejado atrás el 10,4% de crecimiento de 2010, y ha crecido 7,7% en el primer trimestre de 2013. El economista jefe de FIEL, Daniel Artana, afirma que la desaceleración impactará en el precio de las commodities.

Por otro lado, según un informe del Instituto Internacional de Finanzas, la entrada de capitales a América Latina disminuirá 6,2% en 2013 y descenderá US$ 19.000 millones en los mercados emergentes este año. Asimismo, la presión devaluatoria impactó en las monedas de la región que comenzaron a depreciarse (Brasil 10%; Perú 6% y Uruguay 11%, en los últimos dos meses) y también, la huída de capitales se reflejó en las primas de riesgo de dichos países, que aumentaron 1,5% en promedio.

Por lo anteriormente dicho, comienza a configurarse un nuevo escenario mundial (con un débil “viento de cola”).

En mi opinión, la Fed irá retirando los estímulos al ritmo de los datos positivos de la economía de EE.UU. (de empleo y crecimiento), pero no lo hará bruscamente. Por ello, los países que ahorraron en la bonanza tendrán grados de libertad en las decisiones de política económica, podrán subir la tasa de interés para atraer capitales o dejarán que sus tipos de cambio se deprecien para ser más competitivos y utilizaran las reservas acumuladas (y revalorizadas por el dólar Fuerte) para afrontar los shocks externos y la fuga de capitales. Por el contrario, aquellos países que no hicieron política anticíclica y se fascinaron con “el viento de cola”, tendrán menor margen de maniobra.

Ese es el caso de Argentina que, por el momento no tiene riesgo inminente debido a que la soja aún no ha tenido una caída en su precio internacional. Sin embargo, debemos estar atentos al nuevo escenario mundial porque aunque el ajuste monetario sea gradual, la Argentina no es de los mejores países “administradores del éxito”. Una caída de las commodities en el mediano plazo, sumado a las depreciaciones de los países vecinos (partiendo de nuestro atraso cambiario), implicaría una menor oferta de dólares por pérdida de competitividad y menores precios, con su consecuente merma de ingresos fiscales por menor recaudación por retenciones y un aumento del costo del capital, traduciéndose en una problemática macro de difícil corrección.

Bajo ese contexto, no dudaremos en afirmar que “el mundo ha comenzado a caérsenos encima”.

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