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Una industria posible

Políticas para una industria moderna

27-08-2013
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(Columna de Silvana Melitsko, economista de la Fundación Pensar)

El agro argentino se encuentra a la vanguardia mundial en materia de productividad e incorporación de tecnología. La industria manufacturera local, en cambio, nunca logró dar el salto, y a excepción de algunas ramas competitivas y dinámicas, su desempeño depende en mayor o menor grado de la implementación de medidasde carácter proteccionista o de promoción sectorial. Esto es reconocido hasta por quienes enfatizan los logros del actual modelo económico en materia de industrialización. Basta recordar las palabras del viceministro de Economía, Axel Kicillof, cuando a finales del año pasado en la televisión pública señalaba que un referente ineludible para la industria en materia de competitividad e innovación, como es el grupo Techint, subsiste gracias a la decisión del funcionario de turno de impedir el ingreso de chapa importada a precio más bajo.

En el actual contexto internacional, la industria enfrenta un panorama complejo por factores diversos. A los efectos coyunturales de la crisis internacional se agrega el desplazamiento de larga data de la producción de manufacturas hacia países con mano de obra abundante y salarios relativamente bajos del continente asiático. No es posible ni deseable para nuestraindustria competir por salarios a nivel internacional, pero al no contar con factores de competitividad sistémicos que a los ojos de potenciales inversores justifiquen el pago de salarios en dólares relativamente altos como los que prevalecen hoy en día en el país, la producción local enfrenta desafíos importantes.

Cabe señalar que al hablar de competitividad sistémica nos referimos tanto a la infraestructura física como a la calidad educativa, al clima de negocios, y a la estabilidad de las reglas de juego. En este contexto, los desafíos se magnifican por el crecimiento del costo laboral en dólares, que para la industria como un todo se duplicó a lo largo de los últimos cinco años, y por la incertidumbre acerca de la evolución futura del tipo de cambio de nuestro principal socio comercial en el Mercosur.

Una industria posible

Para enfrentar estos desafíos, la política industrial debería articularse alrededor de una serie de lineamientos que apunten a consolidar una industria moderna, de altos salarios y productividad, que sea el soporte de un proceso de desarrollo sostenible y no un obstáculo para el mismo.

Uno de los principales lineamientos debería ser la adopción de medidas de carácter horizontal tendentes a aumentar la competitividad sistémica de la industria nacional. Para ello se requieren inversiones significativas en infraestructura energética, de transporte y telecomunicaciones con el objetivo de asegurar la disponibilidad de energía para el sector industrial, que en los últimos años se ha visto seriamente comprometida, y reducir los altos costos de transporte y logística.

Un segundo lineamiento debe apuntar a la sostenibilidad en el tiempo de la balanza comercial de manufacturas. Hoy el déficit sectorial ronda los US$ 20.000 millones, y ha crecido de manera sostenida a lo largo de la última década. La elasticidad de las importaciones de manufacturas respecto al PIBse ha mantenido prácticamente constante a lo largo de la última década, indicando que no se avanzado en el grado de integración local. Esto puede implicar una restricción efectiva al crecimiento futuro, potenciada por el déficit creciente del sector energético.

En tercer lugar, debe incentivarse la innovación en el sector industrial. La inversión en investigación y desarrollo (que equivale al 0,65% del PIB en nuestro país) es baja para los estándares internacionales, y alrededor de las tres cuartas partes es ejecutada por el sector público. Para mejorar la competitividad de la industria hay que aumentar significativamente esta inversión, y fortalecer la participación del sector privado en la misma. En este sentido se propone avanzar en la promulgación de una ley de incentivos fiscales a la innovación privada, y la creación de una Secretaría de Innovación que articule planes de incorporación de tecnología a nivel sectorial.

Un cuarto eje debería apuntar a mejorar la efectividad de los instrumentos de promoción industrial vigentes, eliminando aquellos que se han probado deficitarios en términos de costo-beneficio. Hoy en día existe una gran dispersión de programas e instrumentos heredados de etapas con visiones contrapuestas sobre el desarrollo industrial. Es necesario proceder a la consolidación de los mismos bajo una visión estratégica y coordinada con otras áreas de la política económica acerca de cuáles son los objetivos y potencialidades de la industria local en el actual contexto internacional. Para ello es fundamental establecer mecanismos de evaluación y monitoreo efectivos de los instrumentos, teniendo en cuenta que hoy en día la política industrial se concibe como un proceso de aprendizaje y descubrimiento de sectores, empresas y actividades con altas potencialidades antes que como una estrategia de selección de ganadores y perdedores bajo criterios discrecionales y de dudoso impacto sobre el bienestar social.

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