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Un nuevo esquema económico

Los cambios en el "modelo".

08-10-2012
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(Columna de Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina)

Mucho hemos escrito acerca del desmantelamiento del modelo productivo. Hoy ya estamos frente a un nuevo esquema económico, con sus propias reglas y particularidades. Un punto importante a precisar es cuándo ocurrió el cambio de modelo. Si bien todos los procesos mutan con el correr del tiempo, hay hitos o límites que al cruzarse nos permiten detectar alteraciones estructurales de la política económica.

Entendemos que esto ocurrió a fines del año pasado, cuando efectivamente desaparecieron los pilares del modelo productivo. En 2011, los superávit gemelos ?cuenta corriente y resultado fiscal? cerraron en déficit y el tipo de cambio real se acercó a niveles de fines de la convertibilidad. Además, por primera vez desde 2002, las reservas internacionales cayeron (casi US$ 6.000 millones) en un contexto de fuerte dolarización de activos. A partir de ese punto, el Ejecutivo implementó diversas medidas que configuran un nuevo esquema económico, incompatible con el anterior.

El primer paso fue la introducción, tras las elecciones presidenciales, de controles de cambio para frenar la creciente fuga de capitales. Luego, las restricciones se extendieron al giro de utilidades, a las importaciones y al turismo, afectando toda la demanda de divisas. Además, en marzo de 2012 se reformó la Carta Orgánica del BCRA para seguir cancelando deuda pública con reservas ?las de libre disponibilidad se habían agotado a fines de noviembre de 2011? y expandir el límite de adelantos transitorios para apuntalar la caja en pesos. Es decir, en vez de moderar el gasto haciendo “sintonía fina” sobre los subsidios a los sectores de mayores ingresos, se apeló al Banco Central para financiar las mayores erogaciones. Es verdad que se evitó el endeudamiento externo, pero se eligió la peligrosa monetización del déficit.

Asimismo, con la estatización de YPF y la creación de la Comisión de Hidrocarburos, el Gobierno pasó a controlar al sector energético. Este cambio de reglas afectó el clima de negocios y elevó el costo del financiamiento externo. La incógnita es si el Ejecutivo podrá resolver la situación de un sector que demanda cada vez más pesos (subsidios) y dólares (déficit energético). Por último, los intentos de pesificación forzosa de la economía han profundizado la brecha existente entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, paralizando por ejemplo el mercado inmobiliario.

En síntesis, ante la desaparición del margen de maniobra económico el Gobierno reaccionó con mayores trabas ?compra de divisas, importaciones y utilidades? e intervención en la economía. Ahora bien, ¿cuáles son las principales implicancias de este nuevo set de política económica? El primer punto a destacar es que este esquema no incentiva la inversión privada. El cambio de reglas, la imprevisibilidad sobre la provisión de insumos importados o el giro de dividendos y la mayor intervención estatal, generan incertidumbre a la hora de hundir capital en la Argentina.

Además, sin un tipo de cambio competitivo, la inversión en sectores transables deja de ser atractiva. El cierre de importaciones puede generar oportunidades de negocios en el mercado interno pero de corto plazo, ya que no se sabe por cuánto tiempo será efectiva esta protección. Vale destacar que la política oficial sigue priorizando el consumo, pero en un contexto de baja inversión es poco probable que aumente el empleo y la producción. Por lo que la estrategia de inyectar pesos para reactivar la economía vía gasto público tendrá un impacto acotado. Por la baja propensión a hundir capital y la persistente monetización del déficit fiscal las presiones inflacionarias y cambiarias se mantendrán elevadas.

Además, la escasez de dólares se volverá crónica y su intensidad dependerá principalmente de las exportaciones agroindustriales. Esto no significa que la Argentina caerá inexorablemente en una crisis pero el “nuevo esquema económico” implica un crecimiento menor, más volátil y frágil. De hecho, la actividad dependerá crecientemente de los factores exógenos (clima, precios de las commodities, performance de Brasil y China). Por suerte, los planetas se alinearían para la economía argentina en 2013 pero la vulnerabilidad es alta si el viento de cola pasa a soplar de frente.

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