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¿Tiene fundamento el pesimismo sobre China?

Los 3 motivos.

12-12-2011
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(Artículo de Yu Yongnding, ex miembro del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de

China y director del Instituto de Economía y Política Mundiales de la Academia de Ciencias de China)

En los últimos meses, han surgido muchas opiniones pesimistas sobre la economía china, estructuradas en base a tres grandes conjeturas. En primer lugar, que el mercado de la vivienda de China está a punto de desplomarse. En segundo lugar, que su situación fiscal empeorará rápidamente a consecuencia de la abultada deuda de las administraciones locales. En tercer lugar, que el hundimiento de las redes clandestinas de crédito en ciudades muy dinámicas, como, por ejemplo, Wenzhou, provocará una amplia crisis financiera en todo el país. En realidad, pese a sus problemas, la economía de China ha seguido en buenas condiciones: al menos hasta ahora. De hecho, aún está lejos de tocar fondo.

Primera conjetura

Desde el comienzo del Siglo XXI, unos precios de la vivienda por las nubes, exceptuado un breve

período de tregua durante la crisis financiera mundial, han causado un grave descontento social en China. Después de años de adoptar medidas desganadas, el Gobierno ha actuado por fin contundentemente contra la especulación inmobiliaria. A consecuencia de ello, en octubre de este año los precios bajaron por primera vez, al tiempo que se redujo también el aumento de la inversión inmobiliaria. Pero no es probable que la caída de los precios de la vivienda provoque un desplome porque, después de que se expulse del mercado la demanda especulativa, seguirá habiendo una fuerte demanda real de viviendas. Tan pronto como sus precios de la vivienda

bajen hasta un nivel accesible, los compradores entrarán en el mercado y fijarán un piso que contenga su cotización.

Además, como en China no hay hipotecas de gran riesgo (como la subprime) y los desembolsos iniciales para la compra de viviendas a plazo ascienden a nada menos que entre el 50 y el 60%, ni siquiera una caída importante de los precios de la vivienda ocasionará daños graves a los megabancos de China. A lo largo del pasado decenio, la inversión en propiedad inmobiliaria ha sido el factor que más ha contribuido por sí solo al aumento de la inversión en activos fijos en China y, por tanto, a su economía. De hecho, desde finales del decenio de 1990, la proporción entre la inversión y el PIB en el sector inmobiliario ha sido mucho mayor que la de países como Japón y Corea durante sus períodos de mayor crecimiento.

En el caso de un país en desarrollo con una renta por habitante de U$S 5.000, la concentración de

sus recursos en la producción de cemento y hormigón constituye, sencillamente, un error.  Aunque una importante reducción de la inversión en el sector inmobiliario tendrá repercusiones muy negativas en el crecimiento de China, que se puede y se deben prevenir, el descenso, mientras no sea demasiado drástico, constituye una evolución positiva.

Segunda conjetura

Entretanto, las deudas de las administraciones locales son un fenómeno relativamente nuevo. En 2009, se alentó a las administraciones locales a que crearan mecanismos de estabilización financiera, en particular plataformas locales de financiación (PLF), para complementar el plan de estímulo de cuatro billones de renminbis (U$S 628.700 millones). Las PLF recibirían préstamos

de los bancos utilizando los futuros ingresos estatales como garantía para financiar proyectos de inversión en localidades chinas. En 2010, se habían creado unas 6.576 PLF. No se puede negar que la deuda de las administraciones locales es una bomba de relojería ya activada para la economía china.

Según la Oficina Nacional de Auditoría de China (ONA), el endeudamiento total de dichas PLF

asciende a 10,7 billones de renminbis, el 79,1% de los cuales son préstamos bancarios, pero  igualmente cierto es que la deuda de las administraciones locales de China ha sido hasta ahora controlable y no hay razones para pensar que todo eso sea negativo. De hecho, en el caso de la mayoría de las PLF el flujo de caja obtenido hasta ahora por la inversión ha sido suficiente para

pagar el crédito y de los intereses. Según el Banco Industrial y Comercial de China (BICC), el mayor de los “cuatro grandes” bancos de China, el 93% de sus préstamos a las PLF quedan amortizados con regularidad.

De hecho, la proporción de créditos morosos (non-performing loans, en inglés) del BICC asciende

a tan sólo el 0,3%, mientras que el coeficiente de cobertura, es decir, la capacidad de absorción por el banco de pérdidas debidas a las PLF, asciende al 1,066%. Según la ONA, la proporción de créditos morosos correspondiente a los 10,7 billones de renminbis de deuda de las administraciones locales asciende al 2,3%, aproximadamente. Una proporción importante de la

deuda total de las administraciones locales no tiene relación directa con las administraciones o

no puede ser garantizada por ellas. Así, pues, desde el punto de vista legal no es deuda estatal.

Además, en vista de que la deuda de las administraciones locales correspondió al 27% del PIB de

China en 2010, mientras que la deuda y otros préstamos del Gobierno central ascienden al 20% y al 6% del PIB, respectivamente, la proporción entre la deuda pública total y el PIB asciende al 53% aproximadamente ?es decir, es inferior a la de Alemania?. Entonces, si bien China no puede dejar

de vigilar la deuda de sus administraciones locales, el pánico carece de justificación.

Tercera conjetura

Por último, hay una larga historia de préstamo y endeudamiento clandestinos en algunas zonas de la región costera oriental de China, en particular en Wenzhou. Siempre que una restricción monetaria provoca una reducción del crédito bancario, las empresas pequeñas o medianas están dispuestas a endeudarse con parientes o usureros y con tipos de interés suicidas. En los últimos años, la especulación inmobiliaria ha pasado a ser otra importante fuente de demanda de préstamos clandestinos. Cuando los precios reales de los activos bajan y provocan el desplome de las redes locales de crédito, no sólo quedan financieramente destrozadas centenares de familias y quiebran centenares de empresas, sino que, además, los bancos sufren daños colaterales, como ocurrió recientemente en la región de Wenzhou.

Pero se ha exagerado la gravedad de la crisis del crédito clandestino de Wenzhou. En realidad, representa menos del 20% del crédito total de la región, mientras que la región representa menos

de 1% del PIB de China. El volumen total de créditos bancarios afectados en la crisis ascendió a

algo más de tres billones de renminbis, es decir, el 0,5%, aproximadamente, de los préstamos

bancarios de la región de Wenzhou. Así, pues, el daño que el desplome de las redes de crédito

clandestino de Wenzhou ha infligido al sistema bancario regional es limitado y ha tenido escasas

repercusiones en el nivel nacional.

De modo que, pese a que muy probablemente el crecimiento económico de China se aminorará en

gran medida en 2012, una caída brusca no es probable. Aun así, y si bien no hay por qué mostrarse excesivamente pesimista sobre las perspectivas económicas de China a corto plazo producto del lento avance de los ajustes y de la aplicación de nuevas reformas, incluso el primer ministro, Wen Jiabao, ha observado que el crecimiento de su país es insostenible a largo plazo. La prueba real aún no ha llegado.

(De la edición impresa. Copyright Project Syndicate, 2011)

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