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Primarización

El desafío de América del Sur.

14-03-2012
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(Artículo de opinión de Lucio Castro, director del Programa de Integración Global y Desarrollo Productivo de CIPPEC -Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento-)

En la última década, la República Popular China (RPC) se ha convertido en un socio fundamental para Sudamérica. China es el primer o segundo socio comercial para la mayor parte de los países sudamericanos. Además, Sudamérica ha sido beneficiada por los “derrames de demanda” china sobre los precios primarios. A pesar de estas ganancias, el comercio sudamericano con China está basado sobre la exportación de un número reducido de productos primarios y la importación de manufacturas de contenido tecnológico medio. Además, la canasta exportadora a ese mercado está muy concentrada en pocos productos. Adicionalmente, existe una creciente preocupación por los riesgos potenciales del “mal holandés”, vinculado con la mayor demanda china por productos primarios. Aun los productos intensivos en recursos naturales que Sudamérica mayormente exporta a China se caracterizan por su reducido grado de diferenciación.

En contraste, países con dotaciones de factores similares, es decir, abundantes en recursos naturales, como Nueva Zelanda, Tailandia y Canadá, entre otros, han sido capaces tanto de diversificar como de aumentar el grado de diferenciación de su canasta exportadora con China. Más allá del panorama general del comercio sino-sudamericano, una rápida revisión a las estadísticas detalladas de comercio exterior revela la presencia de algunos sectores intensivos en recursos naturales pero más diferenciados. Si bien la existencia de estos casos es un fenómeno interesante, todavía representan una baja proporción de las ventas sudamericanas a China.

En el caso de la Argentina, productos como frutas finas, vinos, jugos frutales y chocolates solamente representan el 0,31% de las exportaciones a China. Por su parte, productos forestales y del papel, jugos de naranja, alimentos para animales y maquinaria para alimentos representan el 6,52% de las exportaciones brasileñas a China. En contraste, Nueva Zelanda ha sido capaz de aumentar sus exportaciones de productos diferenciados pero intensivos en recursos naturales desde niveles ínfimos a comienzos de la década del noventa hasta alcanzar el 20% de las exportaciones al mercado chino en 2009. Los casos de Canadá y Malasia presentan incluso un mayor peso en sus exportaciones a China.

¿Por qué Sudamérica no ha sido capaz de diversificar la cantidad de productos y diferenciar sus exportaciones a la República Popular China? ¿Qué lecciones de política es posible extraer de las experiencias de otros países fuera de la región pero también abundantes en recursos naturales? ¿Cuáles han sido los determinantes de las escasas experiencias exitosas sudamericanas de exportar productos diferenciados a China desde los recursos naturales? Una primera respuesta está en que Sudamérica invierte menos en capital reproductivo e Investigación y Desarrollo (I+D), tiene una infraestructura de calidad inferior y carece de acceso preferencial al mercado chino en comparación con otras economías abundantes en recursos naturales. Por ejemplo, mientras que la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) de Australia y Nueva Zelanda fluctúa entre el 1,25% y el 2% del Producto Interno Bruto (PIB), en ninguno de los países sudamericanos, con la excepción de Brasil, alcanza siquiera a un punto del PIB, a pesar de importantes mejoras en la última década.

La calidad de la infraestructura de transporte es otra área donde aparecen grandes diferencias. Mientras que Australia y Nueva Zelanda registran indicadores similares a los de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el Indice de Percepciones de Logística (LPI) del Banco Mundial, la mayoría de las economías abundantes en recursos naturales de América Latina alcanzan puntajes significativamente más bajos. Otra importante diferencia se encuentra en las condiciones de acceso al mercado chino para los productos sudamericanos. China tiene una estructura arancelaria escalonada que penaliza a los productos con mayor nivel de diferenciación. Frente a esta situación, Nueva Zelanda firmó un tratado de libre comercio con China en 2008 y Australia ha conseguido mejores condiciones de acceso para sus productos alimentarios. En contraste, salvo Chile, ninguno de los países sudamericanos tiene acceso preferencial al mercado chino.

Estos datos revelan que los países sudamericanos tienen en China una enorme oportunidad para expandir el comercio exterior, pero también un gran desafío. Por un lado, los países ricos en recursos naturales que, como la Argentina, poseen un sector agroalimentario competitivo, pueden exportar cada vez más productos alimenticios, más allá de las commodities. Entre otros, China demanda cada vez más productos como vino, carnes, alimentos procesados y lácteos, que no solo incorporan más valor sino que son grandes creadores de empleo. Por otro lado, China obliga a la industria a dar un salto de calidad que implique mayor valor agregado y contenido tecnológico

Pero el contexto supone, además, un desafío regional. El Mercosur tiene cada vez más dificultades para actuar como un sujeto homogéneo en la negociación exitosa de acuerdos con terceros países. Asia es cada vez más central para los destinos económicos de Sudamérica, y en particular de la Argentina. China ya es el segundo destino de las exportaciones de la Argentina y el primero de las de Brasil. Sin embargo, este cambio en la estructura exportadora no se corresponde con un cambio en la estrategia de acuerdos internacionales del país. Asia es el gran ausente de la política económica internacional de la Argentina. El auge chino es hoy una realidad que llegó para quedarse y representa una reconfiguración histórica de la economía mundial. Es tiempo, ahora, de que los países de Sudamérica vean esta realidad y diseñen, en conjunto, una estrategia regional para aprovecharla.

(De la edición impresa)

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