El Economista - 70 años
Versión digital

vie 22 Oct

BUE 25°C

Versión digital

vie 22 Oct

BUE 25°C

Políticas de Estado y funcionarios científicos

No es posible que políticos sin experiencia ni conocimiento temático puedan diseñar y conducir la política en temas que se requiere algo más que entusiasmo y plasticidad burocrática.

21420813003_d7fccd7c62_o
28-09-2021
Compartir

Por César Augusto Lerena (*)

Por el decreto 85 del 28 de diciembre de 2019 se designó al secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur. Se suponía que se pondría al frente de esa secretaría a un hombre idóneo en la materia, suficientemente compenetrado con la Causa Malvinas y, seguramente, en pleno conocimiento de que se ponía en sus manos la responsabilidad de recuperar uno de los territorios más grandes ocupados por la fuerza por una potencia extranjera, ya que el Reino Unido invade más de 1,6 millones de km2 del Mar Argentino junto a los archipiélagos de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur; le disputa a la Argentina más de 1,4 millones de km2 de la plataforma continental argentina y otro casi millón de km2 de la Antártida y los mares correspondientes.

Seguramente, evaluando semejante responsabilidad, se eligió el secretario.

Luego, con el objeto de “constituir un espacio plural en el máximo nivel institucional, que diseñe y proyecte estrategias a mediano y largo plazo, conformado de manera multipartidaria y con la participación de distintos sectores sociales involucrados en la temática y, procurando fortalecer los consensos políticos y sociales que garanticen la continuidad de las políticas que sustenten la legítima e imprescriptible soberanía argentina” respecto a Malvinas, el 4 de agosto de 2020, por ley 27.558 se creó el Consejo Nacional de Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur para consolidar una política de Estado que trascienda los gobiernos y las perspectivas partidarias o sectoriales, garantizando una continuidad en las estrategias para alcanzar los objetivos de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.

El secretario Daniel Filmus integró finalmente en el citado consejo a los miembros seleccionados y, un año después, sin que este ni el consejo diseñaran estrategia alguna, este secretario fue ascendido a ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, vaya uno a saber por qué. De sociólogo especializado en educación conduciendo las políticas internacionales relativas a la ocupación territorial argentina, con rango de embajador, a mandamás en la política de ciencia, tecnología e innovación.

Ahora, este sociólogo habrá de reemplazar en esta también estratégica cartera a Roberto Salvarezza, un científico, investigador superior del área de nanociencia y nanotecnología del Conicet y expresidente del citado Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, entre el 2012 y 2015. Si bien Filmus, se manifestó “el más sorprendido” por la designación, le pareció “una oportunidad enorme para pelear por un tema que dice que le apasiona, que es la ciencia y la tecnología” (Infobae, 19/9/21), aunque hasta ayer todos pensásemos que su pasión se centraba en la Cuestión Malvinas.

Domingo Cavallo mandó a “lavar los platos” a los científicos y este “Gobierno de científicos” cambia un científico de excelencia por un sociólogo educador. El rigor científico, el conocimiento y la imaginación son centrales para conducir un área vital que nos colocará en el centro o en la marginalidad de los países del mundo. Los gobiernos -nuestros administradores- deberían terminar con esta troupe de saltimbanquis. En el Estado deben acceder los más capaces. No hay forma de encaminarnos hacia un futuro mejor, en medio de tanta improvisación e incompetencia.

Argentina está terminando el 2021 con 150 veces más territorio ocupado por el Reino Unido que en 1982 y, si bien hay un plan de aumento progresivo del presupuesto para la Investigación y Desarrollo, en 2021 es del 0,28% del PIB, por debajo de 2015 con 0,35% y de todos los países desarrollados, e incluso Brasil, Chile, Uruguay, entre otros.

La técnica tiene que estar al servicio de la política, pero no es posible que políticos sin experiencia ni conocimiento temático, puedan diseñar y conducir la política en temas que se requiere algo más que entusiasmo y plasticidad burocrática. En la actividad empresarial el ascenso se corresponde con el resultado de la gestión y el Estado debería seguir este mismo camino que se ha perdido hace muchos años, en especial, cuando se trata de establecer y conducir dos de las tres políticas centrales de un país: la soberanía política y la independencia económica, donde esta última, cada día, será más dependiente de los avances en materia ciencia y tecnología.

(*) ExSecretario de Estado y experto en Atlántico Sur y pesca

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés