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Panorama industrial

Preocupa la competitividad.

10-10-2012
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El modelo de industrialización posconvertibilidad lleva cumplidos diez años (2002- 2012), tiempo suficiente para realizar un balance. El entorno de análisis es la implementación de la política de desarrollo industrial y sustitución de importaciones desde 2002, junto a un tipo de cambio inicialmente alto y competitivo, por lo menos hasta 2007. En este artículo se reflexiona acerca de la evolución de la competitividad de la industria, reflejada en su performance en el comercio exterior en los últimos años.

Comercio global y MOA-MOI

El comercio exterior argentino ha progresado de la mano de la globalización de los 2000, impulsado por el crecimiento del comercio mundial y por la demanda creciente de China. Así, las exportaciones de bienes pasaron de US$ 26.251 millones en 2000 a US$ 84.269 millones en 2011. En tanto, las importaciones pasaron de US$ 25.280 millones a US$ 73.937 millones en 2011. Las estimaciones para 2012 arrojan US$ 83.111 millones por exportaciones y una mayor caída de las importaciones, que llegarían a US$ 70.240 millones. El saldo comercial se mantiene, en los últimos años, en un promedio superavitario de US$ 12.000 millones, esperándose un nivel superior para 2012, debido a las restricciones a las importaciones.

Por el lado de las exportaciones industriales, entre 2000 y 2011 se destacaron tanto las exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) como las Manufacturas de Origen Industrial (MOI). Las primeras crecieron 257%, en tanto que las MOI lo hicieron 259%, punta a punta, llegando a 2011 con valores similares de exportaciones, del orden de US$ 29.000 millones.

Exportación industrial

La política de sustitución de importaciones volvió a implementarse en la Argentina con el objetivo de proteger a las industrias para estimular el desarrollo industrial y la generación de empleo. Este último motivo fue válido por la crisis de 2001 y el auge del desempleo, que llegó al 24% en 2002. El resultado buscado era un aumento de la producción industrial nacional, hecho que sin dudas se logró, demostrado por el elevado crecimiento promedio anual del PIB en estos años, acompañado por la producción industrial en todas sus ramas.

Con todo, los resultados en materia de inserción industrial internacional y competitividad de la industria nacional son más complejos de medir. Una primera aproximación considera la diversificación de las exportaciones hacia distintos bloques comerciales. Las exportaciones industriales (MOI) crecieron 259% entre 2000 y 2011. La concentración sigue elevada en Mercosur, Chile y ALADI: en 2000 alcanzaba al 62,8% del total, mientras que en 2011 mantuvo el valor (62,1%). Es decir, las políticas implementadas no variaron sustancialmente el perfil de destino de exportaciones industriales. La gran mejora se dio en las exportaciones hacia la ALADI: ganaron 3 puntos porcentuales. En tanto, la participación al NAFTA perdió 2,4 puntos de participación. Las ventas a la UE ganaron 2,4 puntos. En suma, la especialización exportadora industrial está concentrada hacia Brasil y países de América Latina: no se modificó sustancialmente en los 2000.

Por otra parte, pese al proceso de alto crecimiento de la década, el balance comercial de las manufacturas es deficitario. Si bien en los últimos años el crecimiento industrial fue sostenido, el déficit persiste. Esto se debe a que la Argentina produce bienes industriales de menor valor relativo en el comercio internacional, con escala productiva en general no alta (excepto metales, petroquímica, algunos plásticos y químicos) e importa bienes tecnológicamente de punta. Por ejemplo, industrias como la automotriz o la electrónica dependen de las importaciones, sobre todo de piezas y productos terminados. El desarrollo de pymes industriales sustituidoras de importaciones y exportadoras no se verifica en los números agregados del balance comercial.

Entre 2007 y 2011, algunas ramas perdieron valores exportables, como los minerales, las pieles y cueros, la madera y derivados, y el calzado, que presentan algunos problemas más estructurales. El comercio automotriz, de gran crecimiento, es administrado entre terminales y, por ende, no es un parámetro estricto de competitividad. El sector químico es, sin dudas, uno de los que mayor presencia externa ha venido ganando, con un alza del 95% en sus exportaciones entre 2007 y 2011. Desde otro punto de vista, la estrategia de sustitución de importaciones no ha incluido un deliberado plan de promoción de exportaciones.

Esta política de industrialización sustitutiva de importaciones ha sido dejada a un lado paulatinamente en el mundo desde los '80. En tanto, desde los años '60, los cuatro tigres asiáticos enseñaron un camino exitoso: apertura de importaciones de bienes de capital, de Inversión Extranjera Directa (IED), modernización productiva y tecnológica de la industria nacional, tipo de cambio competitivo de largo plazo sin volatilidad macroeconómica, promoción de exportaciones, y exportación industrial posterior. Esto es lo que vienen haciendo países como Brasil, Chile, Perú o Colombia en los 2000, con una agresivo rol del Estado para promover las exportaciones de sus empresas, y con esfuerzos de orientación exportadora sobre todo hacia el área Pacífico, principalmente los países que miran hacia Asia.

Desafíos y tendencias

En la Argentina el largo plazo es casi siempre incierto. Los déficit gemelos (fiscal consolidado y de balance de pagos), una brecha cambiaria del 35% y una inflación elevada son algunos de los elementos a tener en cuenta al pensar en competitividad. En medio de las actuales restricciones de la política económica al comercio exterior, la mayoría de las producciones agroindustriales regionales se enfrentan a problemas relevantes de competitividad, lo mismo que algunas industrias manufactureras, sobre todo aquellas no asociadas a la transformación de recursos naturales, a diferencia de lo ocurrido a mediados de la década pasada.

Una mejora sustancial del tipo de cambio real, vía un sinceramiento del tipo de cambio nominal ?pero con efectos muy nocivos sobre la inflación y los salarios? o, mejor dicho y apropiado, un plan antiinflacionario parece ser el camino para que la competitividad perdida no afecte la producción y evitar que una caída de ésta termine afectando el nivel de empleo privado.

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