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¿Arranca o seguirá estancado?

13-03-2013
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(Columna de Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina)

Afines del año pasado esperábamos para 2013 una recuperación de la economía argentina basada, principalmente, en la mejora de factores exógenos (cosecha agrícola, recuperación de Brasil y menores vencimientos de deuda).

Sin embargo, alertábamos que el repunte iba a ser acotado, especialmente en cuanto a la creación de empleo. Este escenario sigue siendo el más probable, pero en los últimos meses el riesgo de repetir una performance similar a la de 2012 ?estancamiento? ha crecido.

Si bien los factores exógenos mencionados siguen jugando favorablemente, no lucen tan brillantes como se esperaba. La cosecha de soja estaría cerrando por debajo de las 50 millones de toneladas y su precio es inferior al previsto. Además, las perspectivas de crecimiento de Brasil son algo más acotadas (en torno del 3%). Asimismo, los vencimientos de deuda pública son bajos pero el acceso al financiamiento externo luce cada vez más condicionado: la moción de censura del FMI sobre las estadísticas públicas y el acercamiento con Irán nos aleja de los mercados financieros. A esto se suma la incertidumbre sobre el resultado en el juicio que mantiene nuestro país con los holdouts.

En el frente interno, el año comenzó con turbulencias: un importante salto de la brecha cambiaria (del 35% al 55%) y de los precios de los servicios públicos, que potenciaron las presiones inflacionarias y la incertidumbre sobre la performance económica. Para moderar o evitar una nueva aceleración de la inflación, el Ejecutivo está tratando de acotar la suba nominal de salarios congelando transitoriamente algunos precios. El problema es que no se sabe si esta estrategia será efectiva. Las dudas sobre qué pasará el día que venzan los acuerdos o con la política fiscal/monetaria en un año electoral reducen las probabilidades de coordinar a la baja las expectativas nominales de los agentes.

Sin certezas en materia inflacionaria, la única forma de que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo es conseguir aumentos salariales sustanciosos, pero como estos superan la pauta oficial y las posibilidades de varias empresas, se espera una elevada conflictividad laboral, lo que atenta contra la productividad de la economía. La puja distributiva también está afectando al sector público en un año de elecciones.

En 2012, el Ejecutivo cerró -por primera vez en más de una década- con déficit primario, y las provincias aumentaron fuertemente la presión impositiva para no profundizar su rojo. Sin financiamiento externo, el Gobierno deberá aumentar la presión impositiva o emitir ?descuidando el frente inflacionario?para solventar un mayor gasto. Asimismo, las provincias deberán conseguir una mayor asistencia del Tesoro o subir nuevamente los impuestos. En cualquier de los casos se espera una mayor disputa intrasector público y/o presión impositiva (incluido el financiamiento con emisión).

En este marco, ni las expectativas ni la inversión repuntan, las exportaciones siguen sin reaccionar (sumado a que el aumento de la brecha cambiaria profundiza los incentivos de subfacturación) y continúa la sangría de reservas del Banco Central. Los primeros datos de actividad del año no muestran signos de repunte, excepto la mejora de los despachos de cemento y la venta de materiales de construcción.

En el corto plazo, las expectativas de reactivación están puestas en los dólares de la agroindustria que no sólo van a apuntalar los ingresos de los productores y las actividades conexas sino también las arcas del Tesoro y las provincias y, más importante aún, las reservas. Sin embargo, la significativa mejora de la actividad esperada para el segundo trimestre ?liderado por el agro? no alcanza para cerrar el año con un crecimiento superior a 3%. Apostar a una aceleración del gasto público de cara a las elecciones es muy arriesgado ya que implica forzar las elevadas presiones inflacionarias y cambiarias existentes.

En síntesis, en los últimos meses la mejora de los factores exógenos perdió algo de fuerza y se achicó el margen de maniobra interno. Todavía es probable que la actividad trepe 3%, pero aumentaron las chances ?ya sea por mayor conflictividad laboral, puja distributiva, aceleración de la inflación o presiones cambiarias- de que el PIB apenas crezca en línea con el incremento de la población (1%).

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