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MMT y “el ajuste”: ni Guzmán, ni López Murphy, sólo Cristina tiene razón

La pregunta que tenemos que plantearnos es cómo hacemos para mantener, o incluso aumentar el déficit, sin que el Gobierno se vea presionado a subir los precios que paga cuando gasta. La respuesta viene por el lado de la productividad.

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En los últimos días se dio un debate macroeconómico entre la vicepresidente Cristina Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán. La primera se quejaba de que el Gobierno se encuentra en un proceso de ajuste fiscal por la reducción del déficit mientras que quién está a cargo de la cartera económica argumentó qué no existe tal ajuste  dado que el gasto público está aumentando a pesar de que se reduzca el déficit.

Si analizamos el caso desde el punto de vista de la Teoría Monetaria Moderna (MMT) veremos qué es Cristina quien tiene razón y que el Gobierno no solo está realizando un ajuste en la economía cuándo reduce el déficit sino que también lo hace cuando aumenta su gasto.

Vamos por partes.

¿Por qué digo que aumentar el gasto implica ajustar la economía desde la óptica de aquella teoría que mencioné?

Pues bien: cada vez qué el Gobierno gasta está demandando recursos que, de lo contrario, podrían ser comprados por todo el resto de la economía, al que podríamos denominar “sector privado” (a pesar de que incluya a las provincias y los municipios).

Por ejemplo, si el Gobierno no le pagará un sueldo a Alberto Fernández este se vería obligado a vender sus servicios de abogado en el sector privado y, por lo tanto, los actores de este tienen que competir para contratar servicios legales pagando un precio más caro que el qué tendrían que abonar se aquel no hubiese sido contratado por el Estado para presidir la Nación.

La sociedad prioriza que el sector privado pierda ese recurso con el fin de contar con alguien sentado en el sillón de Rivadavia porque supone que el resultado global es mejor que si no tuviese alguien tomando decisiones en la Casa Rosada (sí, a mí también se me ocurrió el chiste). Ni que hablar qué el sector privado también vive un ajuste cada vez qué el gobierno contrata un recurso para fines ociosos y en ese caso el daño es mucho mayor dado que no recibe ninguna retribución compensatoria por aquel esfuerzo.

Podría tal vez argumentarse que si el Gobierno contratara recursos que estaban desocupados entonces no estaría haciendo realmente un ajuste dado que, de todos modos, el sector privado no los estaba demandando. Pero si entendemos que ese aumento del gasto se hiciera para “impulsar” la economía y no para perseguir el bien común, entonces es mejor pensar en esa compra de recursos desempleados como un ajuste “por omisión” dado que aquella situación de desempleo implicaría espacio fiscal para una baja de los impuestos que no se estaría realizando.

No es correcto entonces lo que dice Guzmán: en realidad, el aumento del gasto sí implica un ajuste. Pero también dije qué achicar el déficit es otra forma de ajuste, como decía Cristina.

El candidato a diputado por Juntos y exministro de Economía Ricardo López Murphy no se cansa de repetir qué el déficit fiscal implica “chupar” ahorros de la economía, que estarían disponibles para el sector privado (bancos, empresas, familias, etcétera) si no existiera el mismo. Es un argumento correcto en esquemas como el Patrón Oro o la Convertibilidad de Argentina de los '90, pero no lo es en la situación actual donde el Gobierno no se compromete a respaldar su base monetaria con otro activo, sea aquel metal o la moneda estadounidense.

En aquellos esquemas la cantidad de dinero está fija por el stock de respaldo y los actores compiten por el mismo. Por eso, cuando el Gobierno tiene déficit y se endeuda, está sustrayendo ahorros disponibles de la sociedad.

Pero en el esquema actual sucede exactamente lo contrario. Cada vez que el Gobierno tiene un déficit, el sector privado gana activos financieros netos en pesos, sea como “deuda” o sea como emisión monetaria. La contabilidad es simple y quien la haga notara que luego de un déficit el sector privado termina con nuevos depósitos bancarios o nueva deuda del Gobierno sin perder aquellos activos que tenía antes.

Sí, obviamente estoy hablando en términos nominales, después vendrá la discusión de si ello es o no inflacionario. Pero lo que debe quedar claro es que ni los bancos, ni las empresas, ni las familias pierden ahorros disponibles por el hecho de que el Gobierno gaste más de lo que recauda y, por lo tanto, no se puede hablar de que “pierdan” algo.

Solamente en el caso de pleno empleo podría pensarse en una suerte de “crowding out” y ahí sí el Gobierno se vería obligado a competir con el sector privado por los recursos disponibles y si pagara precios más altos para quedarse con los mismos (causa de la inflación, según la MMT) podría pensarse que está ajustando por las razones que mencioné anteriormente.

Pero en los términos que plantea López Murphy, claramente no hay un ajuste derivado del déficit, y es que este es el origen de los activos financieros netos en moneda nacional, que es el instrumento que usa la economía para organizarse y por tanto es fundamental que su cantidad sea la necesaria para que el sector privado pueda pagar sus impuestos y transaccionar. Si la cantidad de los mismos fuera deficiente ello se evidenciaría con la presencia del desempleo.

Suele decir el expresidente Mauricio Macri, usando una analogía futbolística, que la función de un Gobierno es preparar la cancha para que sea el sector privado el que juegue el partido. Pues bien, cuando su Gobierno eliminó el déficit fiscal ello fue equivalente a sacarle la pelota a los jugadores y esa fue, en mi opinión, la causa principal de su derrota electoral.

Es entonces correcto lo que dice Cristina: reducir el déficit fiscal cuándo existe desempleo es de hecho un ajuste en la economía. Más bien debería ocurrir lo contrario. Dado que existe una situación de desempleo de recursos, eso es evidencia de que la diferencia entre gasto y recaudación debería ampliarse bajando los impuestos preferentemente.

Se lo que están pensando. ¿No implicaría eso que pudieran subir algunos precios por la mayor demanda, incluyendo al dólar y que por lo tanto se redujera el salario real de los trabajadores?

La respuesta es un rotundo sí, y es muy probable que ello ocurra. Pero esa situación (la ausencia de desempleo) es el caso base de análisis para la Teoría Monetaria Moderna y es a partir del mismo que deberíamos preguntarnos: ¿qué preferimos, tener desempleo o tener un mayor nivel de precios y, por tanto, menores salarios reales?

Desde mi punto de vista esa reducción del déficit no ayudaría a frenar el proceso inflacionario actual sino que más bien aumentaría el desempleo dado que, desde la óptica de la MMT, aquella suba continúa en el nivel de precios es causada no por la cantidad de pesos en circulación, sino más bien por un Gobierno que aumenta los precios que paga cuando gasta, reduciendo así el valor de su moneda.

La pregunta, en realidad, que tenemos que plantearnos es cómo hacemos para mantener, o incluso aumentar el déficit, sin que el Gobierno se vea presionado a subir los precios que paga cuando gasta y la respuesta a esa pregunta viene por el lado de la productividad.

Es esa productividad que se conseguiría con desregulaciones, apertura comercial con el mundo, privatizaciones y simplificación impositiva, entre otras medidas. Son todas medidas deflacionarias que compensarían el efecto inflacionario de aumentar el déficit para eliminar el desempleo.

Agrego, además, otra medida de productividad que es la reducción del gasto público para aclarar que la clave es que dicha reducción debe ser hecha sin reducir el déficit fiscal, para que de ese modo aquellos recursos que dejarán de ser demandados por el Estado pudieran ser comprados por el sector privado. Es así como debe pensarse la política fiscal, desde la óptica de los recursos desocupados (a la venta a los precios vigentes) y no desde la óptica de una familia o una empresa.

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