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Los problemas seguirán en 2019

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Por Alejandro Radonjic

El 2018 se despide y nadie lo va a extrañar, por cierto. Fue un annus horribilis, hasta para los más poderosos y los más informados. Además, se perfilaba como un año positivo, con crecimiento, desinflación y a Mauricio Macri consolidando su liderazgo y avanzando con las reformas estructurales pendientes. Se llegó a especular, allá por finales de 2017, con el fin del peronismo. Pero pasaron cosas. Hoy, Cristina Kirchner pulsea cabeza a cabeza con el Presidente en todas las encuestas que circulan.

El facilismo triunfalista de fines de 2017 vuelve a replicarse hoy, aunque en dosis más moderadas. Estamos todos golpeados. El Gobierno, como siempre, lleva la voz cantante. Ya no da pronósticos (y eso es una buena decisión), pero asegura que se están sentando las bases para un crecimiento más sólido a futuro. Sin desequilibrios.

Por el momento, son palabras y proyecciones optimistas de ratios descendentes que, por cierto, casi nadie cree. El Gobierno se quedó sin crédito, literalmente. Los números muestran una economía cayendo a 3,5% interanual, un desempleo en 9% (y en ascenso) y una pobreza en la zona de 33%. Y es todo un dato que se “festeje” una inflación de 2-3% mensual.

Pero, más allá de la foto, lógicamente mala tras una fuerte devaluación, preocupa la película. El mercado de renta fija, aunque no sea la fuente de la sabiduría suprema, atestigua eso con un riesgo país en la zona de 750-800 puntos. Lejísimos de los vecinos, a los que supuestamente nos queríamos parecer.

Hacia adelante, las preocupaciones son múltiples y no son menores. En el cortísimo plazo del 2019 asoma la estanflanción, que está vivita y coleando. Aun aquellos optimistas, es decir, quienes creen que la economía pegará la vuelta en algún momento del verano, anticipan que después vendrá un proceso lento y que será, técnicamente, hablando de recuperación. Hoy, el PIB está 4% debajo del nivel de 2015. Por otro lado, la desinflación está por verse y sería, si ocurre, un regreso a la inercia previa de 25-30% anual.

Cóctel difícil para ver progresos en el frente social. Cuyo dato más alarmante no es la pobreza total sino la que hay entre los jóvenes: uno de cada dos jóvenes menores de 17 años hoy es pobre. Es un default social.

Hacia adelante, y si “la macro” no patina nuevamente en 2019, aparecen otras incógnitas en el horizonte de la tercera década de los 2000. Y no sólo la capacidad de repago de la deuda, una vez acabado el ibuprofeno de Washington.

A nivel más general, Argentina aparenta estar en clinch, aquella famosa figura del boxeo. Parece estar haciendo algo, pero sigue sin avanzar y con conflictos que no se saben administrar. No casualmente, como dijo ayer SBS, estamos atravesando la quinta recesión en 10 años: una cada 24 meses. Aún no hemos logrado ponernos de acuerdo sobre los precios relativos necesarios para ponernos a producir de modo sustentable. “Nos hemos convertido en una economía de reparto”, definió, hace no mucho, el exUCEMA Carlos Rodríguez.

El Gobierno tiene un rol allí, precisamente, por ser quien gobierna y debe administrar los conflictos y procurar que las soluciones nos ubiquen secuencialmente en un futuro mejor. Pero no alcanza con tener la visión y hay que saber instrumentarla.

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