Los incentivos funcionan y las prohibiciones no

Prohibir despidos no es el camino.

02-05-2016
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Por Santiago Hermo (*)

El pasado miércoles 28, la Cámara Alta dio media sanción al proyecto de ley que prohíbe los despidos por seis meses e instaura la doble indemnización. Por supuesto, es razonable que los problemas de empleo preocupen a los políticos y a la sociedad, pero la solución que se propone parece demasiado simple para funcionar. En efecto, si fuera tan fácil, ¿por qué no prohibir todos los males que aquejan a la sociedad, como la pobreza y la inflación? Las soluciones simplistas suelen tener el efecto contrario al que desean. Por ende, ¿cuál sería el efecto de esta medida sobre el empleo y ayudaría a disminuir los despidos o, por el contrario, sería contraproducente?

Los incentivos

Una de las hipótesis centrales de la teoría económica señala que las personas responden a incentivos (un gran exponente de este enfoque es el Premio Nobel en Economía, Gary Becker). Si sube el precio del pasaje de subte, la gente tomará más el colectivo. Si el Gobierno coloca un precio mínimo en un mercado, surgirá un mercado paralelo. Si aumenta el repudio social a los discriminadores, habrá menos discriminación. Etcétera. Aunque los comportamientos individuales muchas veces sean erráticos e previsibles, en el agregado la hipótesis de los incentivos se ve bastante apoyada por los datos. Por ejemplo, si aumentan las multas al mal estacionamiento (y la cantidad de grúas en las calle hace que la ley se haga cumplir) en promedio se observará que la gente estaciona mejor, aunque una persona particular no cambie su comportamiento.

El proyecto

Ahora bien, pensemos en los incentivos de los distintos actores económicos si llegara a sancionarse (y reglamentarse) esta ley. Consideremos, inicialmente, una empresa en dificultades financieras que está haciendo un esfuerzo para no desprenderse de sus trabajadores. Las empresas, al contrario de lo que se suele creer, intentan evitar despedidos pues esto implica una pérdida de inversión y capital en el empleado. Son los incentivos, nuevamente. ¿Qué sucedería si se aprueba la ley? La administración de la empresa, sabiendo que no podrá despedir a nadie por cierto tiempo, apurará aquellos despidos que no estaba segura de hacer (y quizás no hubiera hecho sin la prohibición) antes de la reglamentación de la ley. Es decir, la hipótesis de los incentivos indica que la sanción de la ley aumentará los despidos en el corto plazo.

Analicemos ahora la situación de un empresario que quiere comenzar un negocio. El no sabe si el producto que piensa ofrecer al público se venderá fácilmente o si será poco exitoso, aunque confía en que le irá bien, pues de lo contrario, no emprendería. Toda empresa necesita empleados, pero el empresario sabe que, de fallar, tendrá grandes dificultades para desvincularse de sus trabajadores. Por lo tanto, probablemente no contrate a todos los trabajadores que hubiera deseado, o contrate una importante porción de ellos “en negro”. Vemos que, si la hipótesis de los incentivos es correcta, la ley provocaría una caída en la creación de trabajos en blanco y una expansión del (tristemente) pujante mercado laboral informal.

Ahora coloquémonos en los zapatos de un trabajador, rol que la mayoría de los argentinos ocupa. Para gran parte de ellos, la ley es irrelevante. Seguirán despertando todas las mañanas y cumpliendo con su jornada laboral de ocho horas o más. No obstante, una vez que esté implementada la ley, se ha creado un incentivo para trabajar menos. “¿Para qué esforzarse demasiado en el trabajo, si de todas formas es imposible ser despedido?”, pensará el “vivo” argentino. En el agregado, según se desprende de la hipótesis de los incentivos, podría observarse una caída de la productividad laboral.

Finalmente, consideremos la situación de los grupos más desfavorecidos por la ley: los desempleados y los trabajadores dentro del sector informal. El desaliento del mercado formal y el impulso al informal daña a ambos grupos. A los desempleados les será más difícil encontrar trabajo en blanco y probablemente pasen a engrosar las filas del empleo en el mercado informal. Los que ya están en ese mercado verán más dificultoso el acceso a puestos de trabajo de mejor calidad.

Entonces, ¿quiénes son los beneficiados con esta ley? Los primeros a mencionar son los políticos y los gremialistas, que son los que obtendrán el rédito político, argumentarán que están luchando contra el desempleo ?cuando en realidad lo están incentivando? y que aumentaron la estabilidad de los puestos de trabajos ?aunque sólo sea de aquellos que sobrevivieron a la aplicación de la ley, y que de todas formas hubieran mantenido su empleo?. Vale mencionar que los políticos también siguen incentivos: salir en los medios a hablar en contra del desempleo y ganar más votos.

Como vemos, la ley no mejoraría significativamente la condición de los empleados formales, mientras que olvida a las franjas más desfavorecidas de la sociedad, los desempleados y los trabajadores informales. Por otro lado, la ley dificulta el crecimiento de la economía poniendo mayores trabas a la inversión sin ninguna mejora en la condición laboral. Crecimiento que, por otra parte, crea puestos de trabajo y es el modo más duradero de luchar contra el desempleo. Evidentemente el desempleo es una preocupación de todos, pero prohibir los despidos no es el camino correcto. Como dice el dicho, “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

(*) Economista

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