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Libra, la criptomoneda que preocupa a varios gobiernos

Es un proyecto con demanda potencial y no pocas oportunidades de éxito, pero cuya suerte dependerá de las restricciones que impongan los bancos centrales y otras agencias de gobierno de los países desarrollados, que no están muy contentos.

Héctor Rubini Héctor Rubini 27-06-2019
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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

En el primer semestre del 2020 estará circulando “Libra”, la criptomoneda de Facebook. En principio apunta a un público de 1.700 millones de personas no bancarizadas, aunque el universo potencial en realidad, solo tiene como límite el de la competencia. Como lo precisara una semana atrás Ariel Bazán, el potencial de esta nueva criptomoneda viene dado por su facilidad para ser utilizada en compraventas vía cualquier aplicación y su convertibilidad contra monedas fiduciarias convencionales.

Las transacciones en la nueva criptomoneda ser realizarán mediante la billetera virtual Calibra. Al menos, según lo anunciado, no compartiría información de cuentas ni datos financieros con Facebook, ni otros terceros sin consentimiento del usuario.

La oferta no estaría limitada por un programa que establece un máximo, como en el caso de Bitcoin. Su emisión sería de acuerdo a su demanda (o “necesidades del ecosistema”) y la empresa emisora, Asociación Libra, tendrá sus oficinas centrales en Ginebra, Suiza. Su valor “de cambio” estaría asegurado desde el inicio por su convertibilidad plena a la llamada “Reserva de Libra”. Esta será una canasta de activos de baja volatilidad: depósitos bancarios y títulos de deuda pública de corto plazo en monedas de bancos centrales estables y de buena reputación. El tipo de cambio sería el de mercado, de modo que la cotización de la Libra en cualquier moneda convencional fluctuará diariamente según varíe la cotización de la criptomoneda respecto de dicha canasta o “Reserva”.

Ahora bien, el proyecto Libra es el de una criptomoneda junto a un sistema de pagos nuevo, transnacional, y fuera del control directo de los bancos centrales. Potencialmente puede servir para el lanzamiento de tarjetas de débito o crédito en Libra, y permitir (salvo prohibición de los gobiernos) que se exhiban precios en libra, y abonarse con la billetera Calibra u otras. De hecho, Mercado Pago es una de las aportantes a la Asociación Libra, de modo que no habría inconvenientes en abonar saldos en comercios con lectoras de códigos QR.

Ciertamente, asoma como una moneda mundial que podría superar las barreras han enfrentado Blockchain, Ethereum y otras para expandirse de manera masiva. Para los bancos centrales se torna inevitable focalizarse sobre las cuestiones de seguridad y las cuestiones de lavado de dinero que no son triviales. Pero también es cierto que, en caso de tener éxito, Libra puede ser una seria amenaza al predominio del dólar estadounidense como principal moneda de uso internacional. Y la billetera Calibra asoma como un poderoso desintermediador de la banca tradicional. Su crecimiento puede reducir la operatoria de bancos corresponsales y de empresas de remesas de fondos.

Como era de esperar, el anuncio dio lugar a no pocas advertencias funcionarios de varios gobiernos. Los recientes problemas de Mark Zuckerberg relacionados con cuestiones sobre la privacidad de la información en Facebook han motivado el inevitable recelo ante la incursión que ahora hace dicha empresa hacia el mundo financiero. El ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, ha pedido al G-7 que en la reunión del mes próximo prepare un informe sobre esta nueva criptomoneda. Sus preocupaciones son: la privacidad, el lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo, además del aumento del volumen de datos sobre personas que por esta nueva vía recolectará Facebook.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, se ha mostrado a favor de las tecnologías que faciliten las transacciones, pero ha observado que “cualquier cosa que funcione deberá estar sujeta a los más altos estándares de regulación”. Similar postura ha manifestado el parlamentario alemán Markus Ferber, para quien esto puede dar impulso a una nueva forma de “banca en la sombra” (“shadow banking”), recomendando que las autoridades regulatorias estén en alerta máxima. El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, sostuvo que la nueva moneda deberá cumplir todas las condiciones regulatorias, tanto de confidencialidad como de blanqueo de capitales. Similares advertencias han formulado también los titulares de los bancos centrales de Francia, Alemania y Australia.

Otros han ido un poco más a fondo. El presidente del Comité de Mercados Financieros de la Duma de Rusia, Anatoly Aksakov declaró que el gobierno ruso debería prohibir o limitar fuertemente el uso de esta criptomoneda. Hacia fin de este mes se reanudaría, además, el debate de un proyecto de Ley Sobre Activos Financieros Digitales, ya aprobado en mayo. A su vez, la presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Maxine Waters pidió explícitamente a Facebook que detenga el desarrollo de Libra.

Podría sostenerse que es una reacción algo exagerada: si la nueva moneda desde su inicio es más atractiva que las de otras competidoras, naturalmente operará la Ley de Gresham: tenderá a ser atesorada, más bien que a circular como medio de cambio. Pero también es cierto que el “whitepaper” no establece mecanismos explícitos de control de la oferta, salvo la mención de que se emitirá Libras contra demanda.

La suerte de la nueva moneda dependerá, al menos inicialmente, de las restricciones que impongan los bancos centrales y otras agencias de gobierno de los países desarrollados. Las mismas, con más o menos demora, terminarán siendo adoptadas por gran parte del resto del mundo, y definirán el alcance final esta nueva moneda. Un proyecto con demanda potencial y no pocas chances de éxito, pero que por los motivos observados no ha sido recibido “con los brazos abiertos” por varios gobiernos y bancos centrales del mundo.

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