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Las razones de nuestro “pobre” Banco Central

Una luz de alarma.

06-12-2011
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(Artículo del economista Jorge Ingaramo)

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo en la conferencia de la Unión Industrial Argentina: “Discutamos, pero con números en la mano”. Se me ocurrió analizar entonces el

balance del Banco Central de la República Argentina y compararlo respecto a dos años atrás, antes del inicio de la gestión de Mercedes Marcó del Pont. Advertimos al lector que esta columna está llena de números. Para empezar sepamos que la variación de los activos del BCRA fue en dos años de 32%, en pesos, mientras que la de pasivos 42,7%. El patrimonio neto cayó 23,2% en ese término. Entonces acá hacemos el primer llamado de atención: la caída del patrimonio neto en pesos. Profundizaremos, presentando las variaciones más trascendentes, en pesos y en dólares ya que los balances semanales del BCRA tienen un tipo de cambio de referencia.

Por ejemplo:

-Las reservas internacionales subieron en pesos 10,7% pero en dólares cayeron 1,2%.

-Los títulos públicos en el activo del banco subieron en pesos 137,2% y en dólares 111,7%.

-Los adelantos transitorios al Gobierno Nacional subieron 57,7% y 40,8%, respectivamente. Se nota la “invasión” del Gobierno Nacional en los activos.

Ahora veamos los pasivos:

-La base montería creció 76,2% en pesos y 57,3% en dólares.

-Los títulos emitidos por el BCRA: 46,3% y 30,7%, respectivamente. El patrimonio neto cayó 23,2% en pesos y 31,4% en dólares.

¿Qué pasó con el tipo de cambio durante ese período? Se devaluó 12%. Los números permiten una cierta alarma. Basta ver la variación del tipo de cambio y compararla con la caída de reservas y con los aumentos de la base monetaria y en la deuda del Banco Central, que fueron necesarios para financiar al Gobierno Nacional. La autoridad monetaria no cuidó el valor del peso ni la cantidad de reservas. Tampoco mantuvo un tipo de cambio compatible con los requerimientos de competitividad de la economía. Ante la fuga de capitales, se alentó la inundación,por parte del Gobierno, de letras que se traducen en un balance muy difícil “de digerir”, tanto para los expertos argentinos como para quienes lo ven desde el exterior.

La “invasión”

-En el balance de hace dos años había títulos públicos por U$S 14.218 millones, de los cuales U$S 9.554 millones eran de una Letra colocada cuando se decidió pagarle al Fondo Monterio Internacional. Uno puede presumir que los U$S 4.564 restantes los tenía el Banco Central “por

conveniencia”.

-Si al patrimonio neto de entonces le sumáramos la Letra intransferible para pagarle al Fondo, la cifra alcanzaría los U$S 22.715 millones; 2,52 veces el patrimonio neto actual, en dólares.

-En el balance actual las Letras colocadas por el Estado Nacional, en dólares, suman U$S 25.724 millones. Con sus ajustes y previsiones llegan a U$S 30.103 millones.

-Si a uno se le ocurriera deducir del patrimonio neto actual los citados U$S 30.103 millones, prácticamente indisponibles para el Central (básicamente, promesas de pago con capital recuperable al vencimiento y rendimiento muy bajo), el patrimonio neto es negativo en U$S 21.078 millones. Es decir que el Banco Central perdió en dos años la capacidad de reaccionar ante el mercado. ¿Por qué? Porque casi el 32% de sus activos son indisponibles antes de 2016. Su cobrabilidad depende de la buena voluntad del gobierno que suceda al “nuevo” de Cristina

Fernández.

-La “invasión” es significativa y ha mermado el poder de fuego de manera alarmante: en dos años se pasó de una cobertura de reservas a base monetaria de 1,624 veces a 1,02 veces (al 15 de noviembre de 2011).

-Si se pretendiera restituir la cobertura de dos años atrás, manteniendo los stocks en pesos, la devaluación implícita sería del 59,2%; es decir que habría que llevar el tipo de cambio a $ 6,07 ($3,8142 pesos al 15/11/09 por 1,5922 de ajuste, que surge del cociente entre 1,624 y 1,02). La

devaluación con respecto al oficial actual sería del 42%.

Devolverle facultades

Hay que “desinvadir” urgentemente a la autoridad monetaria. Ni hablar de pretender pagar deuda pública, en 2012, usando reservas. Buena parte del desendeudamiento que aduce el Gobierno Nacional (por lo menos los U$S 25.724 millones ya citados) son a costa de crecimiento de la base monetaria (inflación) y aumento de la deuda del Banco Central, en Letras y Notas, con el sistema

financiero. ¿Por qué planteamos la “desinvasión”? Porque el BCRA“pobre” únicamente puede perder reservas de oro y divisas, principalmente dólares, cuando en realidad podría perder Títulos del Gobierno en cartera.

No existen las “operaciones de mercado abierto” que normalmente se emplean para proveer divisas o sustitutos próximos de ellas o Títulos Públicos (en dólares) al mercado, en los momentos en que el público demanda dólares. La única manera de intervenir en el mercado de cambios es la represión de la demanda o, en todo caso, aguantar la “parada” ofreciendo reservas y consolidando la suba de tasas. Nada que ver con la sintonía fina.

Sintonía fina

Pero vayamos con las propuestas y sigamos con los números:

1. Habría que recalcular (al momento de anuncio de la política que se propone), el valor presente neto de las Letras Intransferibles del Tesoro que suman U$S 9.530 millones (vencimiento 2016); U$S 6.569 millones (vencimiento 2020) y U$S 9.625 millones (vencimiento 2021) y emitir

títulos del Tesoro Nacional, en dólares, con el mismo vencimiento por montos equivalentes al valor presente neto. Esos títulos deberían tener un spread razonable (digamos 150 puntos básicos) por sobre la Tasa (flotante) que paga el Tesoro norteamericano para plazos equivalentes e inducir al Banco Central a que emplee esos Títulos para proveer liquidez en dólares a la economía.

2. El marco en el cual debería llevarse a cabo la política es el de un “shock de confianza”, para que el mercado acepte como genuinos los Títulos de que dispondrá el Banco Central, para operar, líquido, en el mercado abierto. La fuga de capitales que vivimos por más de cincuenta meses tiene su correlato en la no defensa de la moneda, el manotazo a las reservas, el improcedente principio de la “unidad de caja”, aplicado sin la necesaria prudencia y el atraso cambiario (12% de devaluación, en dos años, mientras la base monetaria creció 76,2%).

Hay que restituir la capacidad patrimonial del Banco Central, junto con su potestad para intervenir en los mercados monetario y cambiario. Con este balance, el Banco Central no puede sino ser un mero apéndice de un Tesoro dispendioso y carente del mínimo criterio de cuidado, tanto de la moneda local como de las reservas en oro y divisas.

(De la edición impresa)

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