Las desigualdades persistentes

Desafíos estructurales

24-01-2014
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(Columna de Jorge Paz, economista, investigador del CONICET y del IELDE)

Habiendo tocado fondo en 2002 y tras la devaluación, la economía argentina entró en una de las fases expansivas más larga de su historia. Fueron diez años de aumentos del PIB per capita, con una clara ralentización a partir de la segunda mitad de la década. En ese segundo período se profundizaron las políticas redistributivas y sociales que habían comenzado a gestarse en la primera parte de la década. Los aumentos del salario mínimo, las acciones desplegadas en la educación y la Asignación Universal por Hijo (AUH) son los ejemplos más destacables. Pero a pesar de todo lo anterior, lo que queda en el tintero es mucho y muy importante. A continuación se repasan algunos de los temas que seguramente formarán parte de la agenda de la política pública y que tocan de cerca el futuro del país.

Desigualdad de ingresos monetarios La evolución de la desigualdad de los ingresos familiares fue en la Argentina (al igual que en otros países de la región) muy satisfactoria. El coeficiente de Gini pasó del 0,506 en 2004 al 0,421 en 2013, es decir, una caída de 8,5 puntos Gini. Si bien este es un valor históricamente bajo y ubica a la Argentina por debajo de países como Bolivia y Brasil (que miden más de 0,5 puntos Gini), es todavía muy elevado si se lo compara con los estándares registrados en los países más igualitarios del mundo en ingresos monetarios: Dinamarca (0,25), Bélgica (0,25) o Austria (0,27). En suma, la desigualdad de los ingresos monetarios se redujo, pero todas las macroacciones (la AUH, por ejemplo) están aparentemente agotadas y el nivel de desigualdad es aún elevado. Ade - más, la inflación pone en jaque los éxitos en la reducción de la pobreza, la que afecta todavía a más del 17% de la población del país.

Provincias El ingreso familiar per capita de la provincia más rica de la Argentina es tres veces más elevado que el de la provincia más pobre. Visto desde otra perspectiva, Tierra del Fuego (la más rica) tiene un ingreso per capita familiar 1,9 veces más alto que el promedio nacional, mientras que Formosa (la más pobre según este criterio) se ubica a 0,6 veces el ingreso promedio nacional. Esta comparación incluye un ajuste por las conocidas diferencias de costo de vida entre las regiones del país. Es decir, las brechas provinciales persisten y la coparticipación sigue sin responder a algún criterio de inclusión o cohesión nacional. No parece haber demasiado interés en discutir el problema. ¿A qué se deben estas disparidades? ¿El Estado debe hacer algo para reducirlas?

Mercado laboral informalizado y segmentado El empleo asalariado no registrado, el indicador más usado para medir informalidad laboral, cayó del 44% en 2004 al 34% en 2013. Claramente este logro es un avance en el proceso de recuperación de los derechos laborales que se vieron fuertemente vulnerados durante los '90 e inicios de los 2000. Pero debe quedar claro que la historia de la informalidad laboral y del trabajo no registrado concluye cuando la tasa de no registro sea igual a cero y se está muy lejos de ello todavía. Esto más que un tema legal que pueda ser abordado desde el Ministerio de Trabajo es un emergente de una estructura productiva que se ha quedado rezagada en términos de inversiones y acumulación de capital físico. Hay evidencias suficientes para sostener que la informalidad laboral en la Argentina responde más a una segmentación laboral sostenida por una acumulación insuficiente de capital físico y escasez de creación de empleos decentes que a cuestiones de comportamiento ligadas a la propensión a registrar (o no hacerlo) la fuerza de trabajo.

Jóvenes desempleados y triple-ni Se avanzó en la inclusión educativa y en la obligatoriedad de la enseñanza secundaria. Se aumentó el presupuesto educativo, pero la calidad no avanza. El mercado de trabajo juvenil es aún más segmentado que el adulto y la persistencia de los ni-nis es un tema acuciante. El desempleo juvenil bajó del 30,5% al 20% entre 2004 y 2013, pero la tendencia no es nada halagüeña. El progreso en reducción del desempleo juvenil se verificó entre 2004 y 2008, año para el cual el valor del indicador fue del 19,4%. Si se mide la evolución del desempleo desde 2008 a la fecha el porcentaje de jóvenes que busca y no encuentra un empleo se mantuvo sin cambios. Podría sostenerse que no hubo progresos para los triple-ni (no estudian, no trabajan ni buscan trabajo): pasaron del 17% (sobre la población entre 13 y 24 años) en 2004 al 16% en 2013. Si se acepta la caída del punto porcentual, puede verificarse que esta se dio, como los otros indicadores, en la primera mitad del período, y a partir de ese momento y hasta la fecha no se verifican avances.

Crecimiento de largo plazo La falta de dinamismo económico amenaza con frenar los logros en términos de crecimiento. Sin crecimiento, la sustentabilidad de la vida económica está en peligro. Los cuellos de botella no dejan de incomodar y la puja distributiva mina la cohesión social. Entre 2003 y 2013, el PIB per capita de la Argentina creció al 5,5% anual. La diferencia en el ritmo de crecimiento entre la primera mitad del período y la segunda fue muy marcada: entre 2003 y 2008 lo hizo a razón del 7,2% y entre 2008 y 2013 al 3,8%. Esto muestra a las claras que, admítaselo o no, la economía nacional mostró ser vulnerable a la macroeconomía global. Durante la segunda mitad de la década hubo años de crecimiento nulo: por ejemplo, 2009 (- 0,3%) y 2012 (0,7%). A juzgar por la performance de los 112 países que incluyen Barro y Sala-i-Martin en sus datos de crecimiento económico de largo plazo, un 5,5% de crecimiento, e incluso el 3,8%, es más que satisfactorio, pero claro que siempre y cuando la economía sea capaz de mantener ese ritmo por 40 años o más, como lo hicieron Corea del Sur y Singapur, o China y la India entre los menos desarrollados económicamente.

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