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Panorama

La triple exclusión

A la exclusión o fuga del excedente, todas las administraciones han tratado de revertirla aplicando la política del blanqueo o el perdón fiscal. La continuidad del método de "perdón tributario" solo ha logrado la permanencia de la conducta de la fuga o exclusión del excedente.

Una exclusión provoca a la otra y viceversa. Un problema sistémico que nos tiene atrapados.
Una exclusión provoca a la otra y viceversa. Un problema sistémico que nos tiene atrapados.
Carlos Leyba Carlos Leyba 22-12-2022
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El modelo de funcionamiento de la economía, desde hace medio siglo, produce sistemáticamente dos exclusiones y ambas en los extremos sociales de la Nación: los más desfavorecidos y los que podemos llamar los más afortunados. Pero, veremos, hay una tercera.

Una exclusión presente en las ciudades, un testimonio sensible y angustiante del fracaso colectivo. La indigencia, la pobreza y la exclusión del derecho al trabajo.

Las tres mediciones están asociadas y ponen en blanco y negro la incapacidad de la sociedad para incluir a todos los habitantes en el cuerpo social: no trabajan, no estudian, sólo sobreviven en una penuria inexplicable en el país de los ganados y las mieses.

La otra exclusión, menos presente en la vida cotidiana, es la fuga del territorio del excedente económico, de los capitales que no se instalan en el sistema financiero nacional. Que buscan seguridad y amparo fuera de las fronteras económicas de la Nación.

Tenemos acumulado, a pesar de los blanqueos, una cantidad de dinero excedente, es decir, sobra lo que hace falta. Paradojas nacionales.

Las dos exclusiones están asociadas. Cualquiera sea la razón, la fuga del excedente significa que parte del valor agregado que producimos, período tras período, se expatría, se ajena y no se aplica a la reposición del capital ya amortizado (que envejece), a la acumulación de stocks que contribuyen a la solvencia del proceso productivo (que no hay) y ni a la ampliación del stock de capital (por lo que es extremadamente difícil aumentar la productividad y competir).

La obvia consecuencia, de esa fuga, es la incapacidad del sistema para generar los puestos de trabajo que la demografía exige.

En otras palabras: en nuestra práctica lamentable, la fuga del capital se compensa con la exclusión del trabajo, con el sistemático aumento de la exclusión social. Sí.

Pero mirado desde el otro extremo, la exclusión del trabajo, la exclusión social, conforma a su vez un marco social que ahuyenta la apuesta del capital al mismo territorio que lo genera. Es duro decirlo: el panorama de la pobreza ahuyenta al bolsillo, la víscera más miedosa, como decía en criollo el General.

Una exclusión provoca a la otra y viceversa. Un problema sistémico que nos tiene atrapados. Lejos de encontrarles solución o amainarlos, los vemos crecer.

Los sectores medios, es decir los que no son los excluidos sociales ni los que pueden fugar su excedente, están atrapados entre ambas exclusiones.

La vida de esos sectores no sería igual si lo que fugó no hubiera fugado y permaneciera en el sistema; ni tampoco si lo que ha sido socialmente excluido no lo hubiera sido.

Imagine por un instante, más adelante vienen los números, si lo dineros fugados estuvieran acá. ¿Cómo serían los números en Argentina? ¿Se imagina cuál sería el precio del dólar si, por un rapto de confianza patria, lo que está fuera ingresara en el sistema bancario argentino? ¿La capacidad de crédito? ¿O se imagina si todos los que hoy sobreviven en la pobreza, el mal empleo, el desempleo, estuvieran generado valor agregado al promedio de la productividad de los que están hoy ocupados?

Nada de eso está pasando y el fracaso social y la fuga de excedente, ambas se han disparado y -diría- dos generaciones han visto expandirse la exclusión social y lo que llamamos exclusión del capital.

A la exclusión social los gobiernos sean de origen peronista, como los de Carlos Menem, Duhalde y los Néstor Kirchner, Fernández de Kirchner, y Fernández por Kirchner; o los radicales y peronistas de la Alianza; y los neoliberales, neoperonistas y radicales, de Cambiemos, todos por igual, trataron de resolverla "sin trabajo", es decir con planes -no importa el nombre- de ayuda. Meritorio en la medida que han reducido la indigencia y la pobreza, en la misma medida de los recursos de transferencia dispuestos. Pero al mismo tiempo una inevitable apuesta a la continuidad de la exclusión. La continuidad y la inevitabilidad, con esas políticas, es lo que señala la lógica y además la experiencia: indigencia y pobreza, y exclusión no han dejado de crecer desde hace más de cuatro décadas.

A la exclusión o fuga del excedente, todas esas administraciones, de una u otra manera, han tratado de revertirla aplicando la política del blanqueo o el perdón fiscal. La continuidad del método de "perdón tributario" -al igual que la estrategia única de la eterna continuidad de los planes sin "políticas de empleo"- lo que ha logrado es la permanencia de la conducta de la fuga o exclusión del excedente en el sistema económico.

Cualquiera sea el origen o la causa desencadenante de una y otra fuga, las políticas económicas practicadas sólo han logrado, en un caso, una cierta calma social -que no es poco- pero ni por asomo una aproximación a la solución, y eso es dramático; y en el otro caso por los blanqueos lograron algunos pesos adicionales para el Tesoro, pero ni remotamente la reconstitución de la lógica del ciclo económico que hace, del excedente aplicado y no fugado, la fuente del crecimiento económico.

Aunque digan ser distintos, los que integran ambas partes de la grieta, en sus obras, en sus políticas, son iguales y hay una razón: muchos de ellos, los más destacados, no importan dónde están hoy, han sido parte de los oficialismos y de la oposición, es decir, los opositores pasaron por el oficialismo. La política, sin decirlo, se ha convertido en un espacio de los arrepentidos. No hago nombres. Usted los sabe. Volvamos.

La lógica inclusiva de todo sistema económico implica que todos los que se incorporan a la fuerza de trabajo, la PEA -población económicamente activa- deben ser incorporados a la tarea productiva por estar en edad y condiciones de hacerlo. Una vez en edad de trabajar, la lógica del sistema, aplica el bíblico "ganarás el pan con el sudor de tu frente" o el evangélico de San Pablo "que el que no trabaja que no coma".

De la misma manera lo lógica de todo sistema económico aplica la enseñanza del Antiguo Testamento: "Vendrán siete años de gran abundancia en todo Egipto, pero en seguida vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la abundancia anterior, y el país quedará extenuado por el hambre". Fue entonces cuando José aconsejo al Faraón que recaude la quinta parte de la cosecha durante estos siete años de abundancia, que almacene el grano y "habrá reservas en el país para los siete años de escasez que van a afectar Egipto, y el pueblo no morirá de hambre", Génesis 41.

No hay nada nuevo bajo el sol. La necesidad del pleno empleo es el ordenador de la vida social y la necesidad que el excedente retorne en términos de inversión, es el ordenador de la vida económica. Ambas exclusiones son la medida de nuestro desorden. 

Veamos los números. El último informe del Observatorio Social de la UCA, que no difiere de los informes del Indec o los que producen organismos de Naciones Unidas, señala que, en este año 2022, 31,7% de la población económicamente activa (PEA personas mayores de 16 años y menores de 65) experimentan graves problemas de trabajo sea desocupación lisa y llana o un subempleo de carácter inestable. La indagación histórica revela que en la última década, más allá de las oscilaciones del desempleo abierto (de acuerdo a la definición del Indec), ese problema en términos de personas involucradas creció a ritmo continuo en la última década.

El problema, analizado en la década, es -en cierto modo- independiente de la tasa de expansión o retracción de la economía. Lo sufren las personas que integran la PEA y que viven fuertemente asociadas a las personas de la PEA que forman parte de hogares socialmente castigados.

Quienes sufren estos problemas de empleo en 63% pertenecen a hogares del estrato marginal, en el 60,6% a hogares con nivel socio económico muy bajo y 56,1% a hogares pobres. El problema afecta al 35,6% de la PEA femenina, al 39,2% de los jóvenes, al 35,2% de los adultos mayores y el 49,5% no completó los estudios secundarios. Está claro cuál es el combo del desempleo, pobreza, deserción escolar.

Vamos a la otra exclusión. Los números actuales de "la fuga" -según el Indec- señalan que los residentes argentinos atesoran fuera del sistema nacional, US$ 261.490 millones. Esto es lo que se encuentra declarado (en blanco) en cajas de seguridad, cuentas bancarias en el exterior y billetes "en el colchón", en divisas generalmente dólares. En un año, la "fuga del sistema" así medida aumentó 3,7%. Si a esa cifra le agregamos las inversiones en activos financieros y la directa en bienes e inmuebles el total de "activos" de residentes argentinos privados en el exterior suma US$ 377.383 millones. Para el Indec "al 30 de septiembre de 2022, el total de activos externos propiedad de residentes argentinos estimado, era de US$ 415.008 millones. Además está lo no declarado.

La dolarización y la huida del excedente del sistema local es una tendencia que crece -al igual que la exclusión social- hace décadas.

Oportunidades de trabajo y oportunidades de inversión -que nadie duda existen- permanecen en una obscuridad inexplicable si los análisis se limitan al ejercicio de inventario de los desequilibrios macro. Y como ese limitado análisis es el que domina el debate público, es muy difícil encontrar la solución, entre otras cosas, porque no se hace un inventario sensato de todas las causas y no se reflexiona en términos situados, del aquí y ahora, utilizando las herramientas de la disciplina económica.

Decía P. Krugman, hay tres literaturas, letras griegas, sube y baja y textos de aeropuerto. La primera es el análisis académico; la de sube y baja, es habitual en los consultores y los medios; y la de aeropuertos es la vacuidad de los best-sellers.

Y aquí llegamos a la tercera exclusión. En términos de análisis económicos estamos atrapados por la "exclusión del análisis estructural y del pensamiento situado" de las causas de la pobreza y la fuga.

Esta tercera exclusión es responsable de no poder resolver las otras dos: repetir el error, ¿hasta cuándo?

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