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La respuesta deberá darse (una vez más) desde la política

28-06-2016
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por Jorge Augusto Cuello (*) y Gustavo Fernández (**)

El pasado jueves se realizó en Inglaterra el plebiscito en el que votaron casi 45 millones de ciudadanos ?algo así como el 70% del padrón electoral? en el que la mayoría del pueblo británico se manifestó, con 52% de los votos, en favor de la salida de ese país de la Unión Europea.

El Brexit, tal como se llamó al referéndum convocado por el primer ministro David Cameron, ha generado un gran cimbronazo en las relaciones políticas y económicas internacionales y, en particular, consecuencias inesperadas que impactarán de manera directa entre los países europeos que integran la organización supraestatal regional más antigua y moderna de los últimos tiempos.

Todo comenzó?

La Unión Europea es el resultado de una ingeniería política y económica que fue sentando sus primeras bases en la decisión conjunta de Alemania y Francia para dejar atrás los enfrentamientos que separaban a ambos países tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial y procurar conseguir una comunión de intereses basada en la explotación del carbón y del acero en la cuenca del río Rhin.

Desde entonces, aquella vieja unión entre dos países se amplió hasta reunir en su seno en la actualidad a 28 estados que conforman la Unión Europea y en cuyas estructuras políticas ?Parlamento, Tribunal y Comisión?, los gobiernos fueron cediendo cada vez más porciones de poder y soberanía. A tal punto que a través de una moneda única, aunque Inglaterra mantuvo la libra esterlina y no adoptó el euro, y de algunas políticas macroeconómicas y metas fiscales comunes impuestas por la burocracia europea, le fueron marcando las reglas de juego en las políticas económicas, comerciales y financieras que debían adoptar cada uno de los países miembros de la comunidad.

¿Por qué?

Los ingleses, en definitiva, se plantaron frente a esta situación de sometimiento de los estados a las reglas dictadas por la Unión Europea muchas veces en favor de las multinacionales y el poder económico, y en detrimento de las clases medias y bajas, pero también fue la respuesta dada por el resurgimiento de las críticas nacionalistas y xenófobas a un sistema de integración que debe abrirle sus puertas a todos los ciudadanos de la comunidad para que puedan trabajar, estudiar y hacer uso de los sistemas públicos de salud.

Y lo cierto es que la decisión rupturista no solo provocará el aislamiento de los británicos de la Unión Europea sino además la salida anticipada de Cameron. También es consecuencia de dicha decisión el derrumbe de las Bolsas de casi todas las capitales financieras del mundo y el auge y consolidación de las corrientes nacionalistas, antiinmigratorias y anticomunitarias en los países europeos.

Por su parte, se volvió a reabrir el debate acerca de la independencia de Escocia de Gran Bretaña ante su negativa de retirarse del bloque regional junto al pueblo inglés. El aislamiento de la Unión Europea puede traducirse en consecuencias geopolíticas inesperadas que pueden llegar incluso a mejorar la posición de la Argentina frente al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas.

Es que, tras su retirada, las islas del sur no serán parte del territorio comunitario y países como España que hoy reclaman la soberanía sobre el estrecho de Gibraltar bajo el control de los ingleses, podrían acompañar un proceso de descolonización en las Naciones Unidas que derive en beneficios para la posición de nuestro país en ese organismo internacional.

El nuevo viejo mundo

El mapa político se está reconfigurando en el Viejo Mundo a tal punto que los ex compañeros de la universidad y líderes del viejo partido conservador (Cameron y el ex alcalde de Londres, Boris Johnson) resolvieron la interna política del partido de los tories, a través del enfrentamiento directo en este referéndum, que dejó al primero como el gran derrotado frente al referente que jugó en favor del separatismo inglés y que, según parece, se hará cargo del Gobierno para iniciar el proceso de transición hacia la independencia de Inglaterra de la comunidad europea.

El impacto de lo que pasó en Inglaterra se hará sentir en toda Europa con consecuencias aún inesperadas y más temprano que tarde la ola nacionalista ira expandiéndose rápidamente por todo el continente dejando en el camino los esfuerzos para que este territorio llegó a ser la cuna de grandes conflictos en gran parte del Siglo XX se convierta en una zona de paz integrada política y económicamente pero también educativa, social y culturalmente.

La respuesta a la crisis desatada en Europa deberá darse una vez más desde la política porque, en definitiva lo que está en juego es el destino común de una ciudadanía que ha logrado tener importantes avances y beneficios por integrarse comunitariamente en este bloque regional pero que al mismo tiempo ha generado múltiples desafíos que exigen respuestas urgentes para la construcción de la Europa del Siglo XXI.

(*) Abogado y docente de la UBA / UNSAM

(**) analista político

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