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La oportunidad de 2013

Corregir el modelo para 2014.

05-10-2012
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En 2010 y 2011 el Gobierno tomó la decisión política de no recuperar el superávit fiscal que se perdió en la crisis del 2009. Prefirió reemplazarlo por el impuesto inflacionario para evitar realizar un ajuste en las tarifas de la energía, pero al costo de perder el modelo que imperó desde la salida de la convertibilidad. La bandera de tipo de cambio competitivo que forzaba mantener un superávit externo dejó de flamear cuando la Argentina perdió el superávit fiscal y el BCRA tuvo que acudir en rescate del Gobierno Nacional.

En el nuevo contexto el BCRA dejó de sostener la moneda, para poder sostener al Tesoro. Dado que la magnitud del déficit fiscal y los compromisos de deuda externa superan los US$ 12.000 millones anuales, resulta una tarea de tiempo completo donde el cuidado de los agregados monetarios quedó supeditado sobre otros objetivos. En números, hasta el 2008 el Gobierno observó un robusto superávit primario de US$ 8.600 millones de dólares (2,8% del PBI).

Al margen del 2009, que fue un año de crisis y 2010 de recuperación, en 2011 el Gobierno cerró con un déficit primario de US$ 5.900 millones y este año se elevaría más de US$ 7.500 millones. Sobre ello se suma la necesidad de financiamiento para el pago de la deuda pública por un monto similar. En total, desde la pérdida del superávit fiscal en 2009, el BCRA asiste al Gobierno por 3,5% del PBI por año. Vale recordar que hasta el 2008 era el Tesoro quién ayudaba al BCRA en la tarea de sostener el dólar, comprando con su superávit fiscal parte de los dólares comerciales.

La pérdida del superávit fiscal en manos de los subsidios energéticos, modificó la macroeconomía y, en consecuencia, los objetivos del BCRA: de sostener al dólar, pasó a sostener al Tesoro y ver pasivamente como el colchón cambiario se agotaba ante el avance de la inflación. Sin colchón cambiario no hay superávit externo y, finalmente, la economía frenó su crecimiento ante la falta de dólares. En suma, entre 2008 y 2012 el Gobierno reemplazó el superávit fiscal por el impuesto inflacionario, y al tipo de cambio competitivo, por las restricciones en el mercado de cambios.

El resultado de la elección no tardó en reflejarse en la tasa de crecimiento. En efecto, en 2012 el atraso cambiario y el déficit energético, por un lado y la sequía y Brasil, por el otro, se combinaron para cerrar el grifo de dólares comerciales y la economía chocó con la restricción externa, luego de esquivarla por una década. Efectivamente, este año la Argentina literalmente chocó con la restricción externa.

El crecimiento económico pasó de “tasas chinas” a “casi cero” en cuestión de trimestres ante la desaparición del superávit externo de la economía. Esto es, la falta de dólares le puso una barrera al crecimiento económico.

Ahora bien, en 2013 el clima y Brasil jugarán a favor y posibilitarán un aumento en las exportaciones de US$ 10.000 millones. Sobre ello se suman US$ 2.200 millones por el menor pago de la deuda pública en moneda extranjera. Los US$ 12.200 millones de shock externo positivo permitirán alejar la restricción externa, dejando margen para un crecimiento que estimamos cercano al 3,5%.

El crecimiento no sería mayor dado que la apreciación cambiaria y el déficit energético agotan rápidamente los US$ 12.200 millones adicionales, principalmente ante el avance de las importaciones. Es que la importación de energía se incrementó en US$ 1.600 millones este año, pese al freno económico, la recesión en la industria y la menor cosecha.

En un escenario de 3,5% de crecimiento en 2013, la importación de energía se incrementaría en US$ 3.900 millones, llevando el déficit energético a un total de US$ 9.000 millones, desde los US$ 4.800 millones este año. Por su parte, el atraso cambiario quita competitividad y el sector industrial comienza a reemplazar insumos locales por importados (en una primera etapa), incrementando la necesidad de dólares aún con restricciones.

La combinación de déficit energético y atraso cambiario hace que la elasticidad de las importaciones por cada punto de crecimiento económico aumente en US$ 700 millones a un total de US$ 3.400 millones en 2013, donde la elasticidad de las importaciones energéticas crece un 46% y las no energéticas al 20%, ambas respecto al 2011.

Un incremento del 3,5% del PBI agota los nuevos dólares que ingresan a la economía ante el incremento de la elasticidad, poniendo a la economía nuevamente frente a la restricción externa hacia fin de 2013. Para 2014 uno no debería suponer que EE.UU. tenga nuevamente una sequía que eleve nuevamente los precios de los commodities, más bien todo lo contrario.

Por ello, 2013 es una oportunidad para recomponer la macroeconomía y prepararla para el 2014, con posibilidad de un menor precio de la soja. El año entrante la soja generará al fisco ingresos adicionales por US$ 2.800 millones. Si se suman a los US$ 2.200 millones por menores pagos de deuda, de ahorrarlos se reduciría la necesidad de apoyarse en el balance del BCRA en US$ 5.000 millones el año entrante. Esto es, el financiamiento del BCRA al Tesoro bajaría de 3,5% del PBI este año a 2,5% del PBI el año entrante. Si sobre ello se sincera la situación energética con un plan donde el gas que usan privados lo deja de pagar el Estado, el ahorro fiscal y menor uso del impuesto inflacionario podría ser aún mayor. Sólo en dicho contexto el Gobierno reduciría la inflación como mecanismo de financiamiento y el BCRA recuperaría margen para desempolvar carpetas y volver a tener política cambiaria pro-crecimiento.

En suma, el 2013 es una oportunidad para implementar un plan que nos evite nuevamente chocar con la restricción externa en 2014.

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