La minería puede crecer diez veces

10-05-2016
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por Damián Altgelt

El sector minero internacional se encuentra atravesando una muy compleja situación desde fines de 2012. La pronunciada caída en el precio de muchos de las commodities mineras, sumado al aumento de los costos de producción, y a la incertidumbre derivada, entre otros motivos, por el enfriamiento de la economía de China resultaron en una baja muy importante en los presupuestos destinados a la inversión minera.

La minería local no podía estar ajena a estas circunstancias, a las cuales se añadían, además, el atraso cambiario, la altísima presión tributaria, las restricciones para el giro de divisas y las dificultades asociadas al comercio exterior.

Sin embargo, como venían sosteniendo los especialistas, el potencial minero seguía, y sigue siendo, altísimo. De una rápida, y seguramente incompleta, comparación con la minería chilena, se podría concluir que la Argentina estaría en condiciones de crecer, en el largo plazo, unas diez veces. Esto es, exportaciones mineras por encima de los US$ 40.000 M, inversiones en nuevos proyectos por US$ 20.000 M, 250.000 empleos directos y fuerte crecimiento de la red de proveedores locales, por citar tan solo algunos de los principales indicadores.

Las primeras medidas tomadas por el Gobierno apuntan a transformar ese potencial en realidad: la eliminación de las retenciones, la devaluación del mes de diciembre, la simplificación de la operatoria del comercio exterior y la posibilidad de girar dividendos dan cuenta de ello. La incipiente mejora en los precios de algunos de los metales contribuyen a generar aún más expectativas.

Pero se deberá hacer mucho más que ello para que el sector minero se transforme, de una vez y para siempre, en uno de los motores del crecimiento económico y del desarrollo social de la Argentina. Y no tenemos ninguna duda de que las autoridades del sector son conscientes de ello.

¿Qué más hace falta a nuestro criterio? En primer lugar, la elaboración de un plan estratégico minero a través del cual se fijen objetivos de desarrollo para el mediano y largo plazos. Imaginando horizontes de crecimiento de acá a veinte años. Lo cual llevará a plantearnos cuestiones tan básicas como qué mundo tendremos dentro de veinte años. ¿Hacia dónde van la ciencia y la tecnología a nivel mundial? ¿Qué minerales va a necesitar ese mundo? ¿Seguirán siendo el oro, la plata y el cobre o tendremos que empezar a hablar del grafito, el grafeno, el germanio y el grupo del platino? ¿Tenemos esos minerales? ¿Cuánto valor tendrá sentido que se les agregue localmente? ¿Qué profesionales vamos a necesitar para buscarlos, extraerlos y procesarlos? ¿Y qué infraestructura?

En segundo lugar (no en orden de importancia, claro está): continuar fortaleciendo el diálogo y mejorando el relacionamiento a todos los niveles. Empezando con las comunidades locales. Con información precisa y oportuna. Con apertura. Con empatía. Con sinceridad. Con participación constructiva. Lógicamente, mucho de todo esto será exigible a ambas partes, para que no termine convirtiéndose en una suerte de camino sin salida. Como ha ocurrido tantas veces.

Además de este trabajo con las comunidades locales, se deberá insistir en el posicionamiento del sector minero en el resto de la sociedad: en la comunidad educativa y académica, en la empresaria, entre las organizaciones de la sociedad civil, en el sector público y en el de los medios. Lo cual no es simple, ni sus resultados inmediatos.

Por último, en un mundo cada vez más globalizado, en el que se verifica de manera clara el movimiento del eje transatlántico hacia el eje transpacífico, la región latinoamericana está llamada a jugar un rol central. En dicho contexto, los países que la integran enfrentan un gran desafío, pero a la vez, una gran oportunidad, como lo es el de coordinar los términos de una mayor integración.

En lo que respecta al sector minero, se deberá empezar a analizar y discutir cuál será el alcance de tal coordinación, y cuáles las cuestiones involucradas. Existen múltiples aspectos sobre los que el trabajo conjunto sin dudas fortalecerá el desarrollo del sector minero en cada uno de los países: la integración de las cadenas de valor; el desarrollo de las capacidades técnico?científicas; la relación con las comunidades y responsabilidad social; las buenas prácticas en minería, y la gobernanza de los recursos minerales.

Seguramente, existirán muchos otros temas que exceden estas líneas. Pero si se trabaja seriamente en la planificación estratégica, en la comunicación y posicionamiento del sector, y en la máxima coordinación posible con los países de la región, las perspectivas para el desarrollo de la industria son inmejorables. Más allá del ciclo económico o político que se pueda estar verificando en un momento determinado.

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"¿Hacia dónde va el sector minero?" (10/05/2016)

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